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Blogs de autor

El manuscrito de piedra

Eder. Óleo de Irene Gracia

Javier Fernández de Castro

Luís García Jambrina

Alfaguara 
 

Un buen relato de crímenes e intrigas ambientado en la Salamanca de finales del siglo XV cuando, todavía reciente el descubrimiento de América, el mundo se estaba adentrando ya en una nueva era.

/upload/fotos/blogs_entradas/el_manuscrito_de_piedra_med.jpgEl 20 de septiembre de 1497 el catedrático de Prima de teología en el Estudio General de Salamanca, fray Tomás de Santo Domingo, es asesinado a las puertas de la catedral por un embozado que huye al amparo de la oscuridad. Las tensiones de orden político,  económico, religioso y racial que está provocando la política unificadora y expansionista de los Reyes Católicos hacen poco probable que la muerte del ilustre profesor pueda ser considerada sólo como un episodio más dentro de la agitada crónica negra ciudadana. Al menos no lo cree así el obispo de Salamanca, don Diego de Leza, quien toma la arriesgada decisión de ordenar una investigación secreta para desenmascarar al asesino o asesinos del clérigo y hacer que caiga sobre él o ellos todo el peso de la Justicia.

Pero si insólito es para la época realizar ese tipo de investigación al margen de los cauces legales habituales, no menos sorprendente es la elección de la persona encargada de llevar a cabo la investigación, pues el elegido es un brillante pero entonces todavía insignificante estudiante de leyes en el Colegio Mayor de San Bartolomé. No obstante, y aunque su nombre, Fernando de Rojas, en aquél momento no le dijera nada a nadie fuera de los círculos universitarios, el lector bien informado sabe que sólo un año después de los hechos relatados en la presente novela se va a publicar en Amberes (1498) una obra de autor desconocido y titulada Comedia de Calisto y Melibea que muchos años después, y bajo el título impostado de La Celestina, se convertirá en una obra de éxito universal y que hará para siempre famoso a su autor, cuya identidad ha quedado ya suficientemente probada. Mantener hasta el final esa doble condición del investigador, y que para los prohombres y los rufianes que ha de encontrar en el curso de sus pesquisas es un don nadie al que maltratan sin piedad mientras que el lector actual está incondicionalmente de su parte, es uno de los grandes atractivos de El manuscrito de piedra.

Al mismo tiempo, y aunque podría perfectamente no haber sido así, en esta ocasión juega un papel primordial en la forma final de la novela la doble condición del autor, Luís García Jambrina, que es profesor de literatura en la propia Universidad de Salamanca y también es escritor de libros de ficción. Por decirlo de una forma que se entienda, El manuscrito de piedra parece haber sido escrito al alimón entre un erudito, perfecto conocedor de la historia y las interioridades del prestigioso Estudio General de Salamanca, y un narrador, mayormente preocupado por el desarrollo de la historia que está tratando de contar. La labor del erudito es fundamental porque la época en que está ambientada la acción es por completo ajena al lector medio y era indispensable ofrecer un buen aparato crítico en lo relativo al  dibujo de los personajes (muchos de ellos históricos) pero también en lo relativo al lenguaje según sean de condición noble o plebeya,  su forma de ser y sentir, la vestimenta y alimentación, la influencia de las creencias religiosas en la vida cotidiana o incluso el funcionamiento de una mancebía, toda vez que una parte importante de la acción transcurre en una aquellas llamadas casas de placer. También revestían mucha importancia para la acción novelesca los antecedentes históricos de las instituciones o incluso las vicisitudes arquitectónicas de la ciudad, por no hablar de las condiciones de vida de los conversos, el acoso de las autoridades religiosas contra los judíos (Inquisición) y los peligros de practicar determinadas prácticas severamente prohibidas (por ejemplo la sodomía). En ese aspecto, la resolución práctica de tales problemas resulta impecable y a buen seguro que el lector acaba la lectura con una serie de conocimientos de los que carecía al abrir el libro.

Y en lo relativo a la narración de la historia a la aportación del contador de la misma también es notable. La propia documentación acerca de los personajes y los ambientes ayudan mucho al desarrollo de la acción y el lector, que sabe estar en buenas manos, mantiene el interés hasta el final. Resta sin embargo por resaltar una cuestión que  no es de orden estrictamente literario sino personal. Entre los lectores potenciales de El manuscrito de piedra (y que merecería que fuesen numerosos) los habrá más interesados en los aspectos históricos que en los meramente novelescos. Y los habrá que, puestos a leer literatura de género, preferirían centrarse en la acción y ser algo benevolentes en lo respectivo al ambiente. Y esta preferencia adquiere su interés desde el momento en que la aportación del erudito y del narrador no es siempre equilibrada, pues en (muchas) ocasiones vence el primero y el peso de la erudición se impone al de la acción. Pero ya digo que es una mera cuestión de gusto personal.

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Javier Fernández de Castro

Javier Fernández de Castro (Aranda de Duero, Burgos, 1942- Fontrubí, Barcelona, 2020) ejerció entre otros los oficios de corresponsal de prensa (Londres) y profesor universitario (San Sebastián), aunque mayoritariamente su actividad laboral estuvo vinculada al mundo editorial.  En paralelo a sus trabajos para unos y otros, se dedicó asiduamente a la escritura, contando en su haber con una decena de libros, en especial novelas.

Entre sus novelas se podrían destacar Laberinto de fango (1981), La novia del capitán (1986), La guerra de los trofeos (1986), Tiempo de Beleño ( 1995) y La tierra prometida (Premio Ciudad de Barcelona 1999). En el año 2000 publicó El cuento de la mucha muerte, rebautizado como Crónica por el editor, y que es la continuación de La tierra prometida. En 2008 apareció en Editorial  Bruguera,  Tres cuentos de otoño, su primera pero no última incursión en el relato corto. Póstumamente se ha publicado Una casa en el desierto (Alfaguara 2021).

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