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Traidores

Por 20 de diciembre de 2023 Sin comentarios

Francisco Ferrer Lerín

Nunca hubo fluidez en mi relación con Carlos Barral Agesta, una relación forzada, breve, casi circunscrita a los bizarros consejos de redacción de su recién creado sello Barral Editores, tras su salida de Seix Barral. Carlos Barral, excelente poeta aún hoy no suficientemente reivindicado, carecía, según algunos, de olfato editorial, conocida es la anécdota de la no publicación de una obra de García Márquez, pero de lo que seguro sí carecía era de olfato mercantil, de conocimientos del manejo de la compleja arquitectura que permite mantener a flote una editorial literaria. Apuntaba yo antes que no hubo fluidez, y ahora añado que quizá la razón principal fuera la actitud de Carlos remedando con éxito al macho de pavo real y mi actitud poco proclive al sometimiento y a la adoración protocolaria. Así las cosas, alguien le contaría que mi familia disponía de recursos económicos, cosa que fue cierta hasta la irrupción del empresario Javier de la Rosa en nuestras vidas y, ni corto ni perezoso, Carlos me pidió ayuda asegurando la devolución a corto plazo del préstamo. Está claro que dije que no, y ni llegué a comentar a mi padre el chusco episodio. Rota pues definitivamente la relación, dejé de participar en los consejos y no efectué el más mínimo seguimiento de las tres traducciones que me había encargado, que le había entregado… y que me había pagado. Supe luego que la primera, El azar y la necesidad, de Jacques Monod, salió en Barral Editores y luego en otras editoriales a las que debió venderla. La segunda, El hombre aproximativo, de Tristan Tzara, no me consta que se publicara. Y, la tercera, Huesos de sepia, de Eugenio Montale, y que es el motivo de este artículo, fue a parar a la colección Visor de poesía.

En aquellos años, finales de los sesenta, comienzos de los setenta, traduje para otros editores, por razones alimenticias pese a lo pobre de la remuneración, varios títulos entre los que destacaría, aparte de los citados, Anunciación a María, de Claudel, y Tres cuentos, de Flaubert, además de multitud de artículos científicos y paracientíficos para revistas y manuales de divulgación; tarea que me resultaba fácil gracias a mi madre, con la que hablaba con normalidad en francés o en italiano lo que me permitió adquirir cierto dominio de ambas expresiones verbales, y a dos principios inapelables, el primero, traducir desde mi posición, desde mi posición de autor, de creador, ajustando el resultado de la versión a mis propias marcas literarias, y el segundo, acogerme a una máxima que pasado el tiempo descubriría que Ezra Pound hizo suya, la de que no es necesario conocer a la perfección la lengua de quien vas a traducir, que basta con captar la música de su escritura leyéndola en voz alta (un método que quizá fuera el empleado por Leopoldo María Panero, según quedó patente tras la publicación, en 2011, de Traducciones / Perversiones, en edición de Túa Blesa).

Me dispuse pues a traducir a Eugenio Montale intentando que Barral financiara el viaje y la estancia en Italia para conocer al poeta genovés, pero ante su negativa, por razones presupuestarias, dijo, eché mano de determinados recursos, entonces no fáciles, lejos todavía del benéfico amparo de internet. Leí, primero, varias veces con mi madre los poemas de Ossi di seppia. Luego, con mi novia (las novias de entonces hablaban italiano), Maricelia, famosa porque su madre, de San Sebastián (no donostiarra, grosero gentilicio), la alimentaba de niña utilizando la fórmula “Maricelia, mi niñita, toma patatillas”, me recluí en el apartamento de Sitges, en la urbanización Rat Penat (“murciélago”, en castellano) y, sobre el lecho de placer, y con una Olivetti de color verde, di a la luz una primera e inexacta versión. Maricelia tenía novio formal, de una familia del textil, y ante la inminencia de la boda decidimos dejar para otro momento la continuidad de la labor traductora. Surgió entonces Carlinga, no puedo precisar ahora su auténtico nombre de pila que quizá se aproximara a Isabel o a Paquita, de la que recuerdo, además de sus exóticas especialidades eróticas, su pasión por el licor Marie Brizard y, también, que era la autora del eslogan “Su seguro aspirador”, que por aquel entonces el fabricante danés de aspiradores industriales Nilfisk, empresa en cuya delegación española trabajaba Carlinga, anunciaba en grandes carteles por las calles de Barcelona. Con ella, en el mismo apartamento, en el mismo lecho de placer, con la misma Olivetti, concluí la tarea de traductor en pareja, modificando, eso sí, la localización que constaba al final del prólogo: cambié Sitges por Valencia. A Carlinga dejé de verla cuando me trasladé a vivir a otra región, pero recibí al cabo de unos meses una fotografía en la que se la veía con un recién nacido en brazos. Pasados los años, durante la presentación de mi novela Níquel, en compañía de Pedro Gimferrer, Félix de Azúa y el editor zaragozano Joaquín Casanova, en la Casa del Libro del barcelonés Paseo de Gracia, se me acercó una mujer… y aquí va el relato de dicho suceso.

Acababa de presentar mi primera novela, Níquel, y permanecía sentado mientras dedicaba ejemplares, cuando se aproximó una mujer de unos 37/38 años cuya carencia de atractivo era fruto de su pertenencia al tipo sudorosa menstrual. No esperó a que terminara de firmar y, a poca distancia de mi oído, susurró que varias personas del público comentaban el gran parecido existente entre ella y yo, y que incluso le habían llegado a preguntar si era mi hija. Al salir del local, varios amigos y conocidos me advirtieron de que una mujer de unos 37/38 años, poco atractiva, iba proclamando por la sala que era la hija del autor de la novela. Llegué tarde al despacho y aunque cansado conecté el ordenador para ver si tenía correo y entre otros, de escasa relevancia, apareció el de una señora de la que perdí la pista hará unos 37/38 años tras recibir una foto en la que se la veía con un recién nacido en brazos. Ahora dicha señora recordaba aquellos tiempos aportando numerosos detalles entre los que destacaba la confesión del gran amor que sintió por mí y el intento de acercamiento a mi familia acudiendo a la consulta de mi padre, ginecólogo dentista. En una segunda tanda de sinceras declaraciones revelaba la sorpresa que le produjo el conocimiento de mi progenitor cuyas virtudes profesionales consideraba excelentes y cuyo aspecto físico resultaba muy parecido al mío pero superándolo ampliamente en atracción sexual directa. Luego enumeraba lugares de la ciudad de Barcelona que ella y yo habíamos compartido pero incurriendo en el error de incluir una garçonnière de la calle del Camp que nunca frecuenté pese a poder sustraer con facilidad las llaves a mi padre. No contesté al correo. No he sabido nunca nada más de esa señora. Y en cuanto a mi hermanastra espero no volver a encontrarme jamás con un ser tan poco atractivo.

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Francisco Ferrer Lerín

Francisco Ferrer Lerín (Barcelona, 1942) es poeta, narrador, filólogo y ornitólogo. Traductor, al español, de Flaubert (Trois contes), Claudel (L'Annonce faite à Marie), Tzara (L´Homme approximatif), Monod (Le Hasard et la Nécessité), Montale (Ossi di sepia).

Obra literaria:

De las condiciones humanas, Trimer, 1964; La hora oval, Ocnos, 1971; Cónsul, Península, 1987; Níquel, Mira, 2005; Ciudad propia. Poesía autorizada, Artemisa, 2006; El bestiario de Ferrer Lerín, Galaxia, 2007; Papur, Eclipsados, 2008; Fámulo, Tusquets, 2009; Familias como la mía, Tusquets, 2011; Gingival, Menoscuarto, 2012; Hiela sangre, Tusquets, 2013; Mansa chatarra, Jekyll & Jill, 2014; 30 niñas, Leteradura, 2014; Chance Encounters and Waking Dreams, Michel Eyquem, 2016; Edad del insecto, S.D. Edicions, 2016; El primer búfalo, En picado, 2016; Ciudad Corvina, 21veintiúnversos, 2018; Besos humanos, Anagrama, 2018; Razón y combate, Ediciones imperdonables, 2018; Ferrer Lerín. Un experimento, Universidad de Málaga, 2018; Libro de la confusión, Tusquets, 2019; Arte Casual, Athenaica, 2019; Cuaderno de campo, Contrabando, 2020; Grafo Pez, Libros de la resistencia, 2020; Casos completos, Contrabando, 2021 y Papur, Días contados, 2022. Poesía Reunida, Tusquets 2023.

Obras asociadas
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