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Monocultivo

Por 2 de agosto de 2020 diciembre 23rd, 2020 Sin comentarios

Francisco Ferrer Lerín

He vuelto al Paraíso pero lo he hallado muerto. Un paraíso, un enclave llamado Puente Ascara que ofreció a ornitólogos y naturalistas, durante las décadas de los sesenta a los ochenta, la posibilidad de alcanzar, si no la gloria, un sustituto muy cercano a ella. Un enclave que en los noventa empezó a peligrar y que en el presente siglo ha alcanzado la degradación absoluta. Puente Ascara, sobre el río Aragón, y su monte contiguo, Paco Mondano ("paco", "pac", "bac", “obac”, “obaga", serie de nombres no latinos que de oeste a este equivalen a “umbría"), feudo indiscutible de las aves rapaces diurnas; una ladera montana densamente arbolada en la que nidificaban milanos reales, milanos negros, águilas culebreras, águilas calzadas, ratoneros, abejeros, azores, gavilanes y, en un pequeño cortado rocoso, una pareja de alimoches. Los necrófagos disponían de comida en los pequeños muladares emplazados en los barrancos de los cercanos cerros testigo, y las aves depredadoras conseguían sus presas en los carrascales de las tierras de pasto. Mas llegó el turismo, ese monocultivo, esa forma de prostitución que vende su cuerpo, que vende el paisaje, aquí no a los bárbaros del norte como en las playas, pero sí a las hordas esquiadoras que destrozan los prados alpinos para practicar esa actividad infantil de deslizarse montaña abajo y que exigen autovías y rotondas para llegar cuanto antes a las pistas y regresar cuanto antes a sus hogares para ver el fútbol del domingo. Y a la par que el turismo, surgió la histeria higienista, la eliminación de la ganadería, molesta para los nuevos habitantes de las rehabilitados y pulcras casas de los pueblos, eliminación que se compensó implantando la agricultura subvencionada e industrial, la que esparce productos químicos y rotura carrascales, setos y sotos para facilitar la labor de tractores y cosechadoras. Sólo faltaba la crisis de las vacas locas, que no fue episódica, que aún mantiene clausurados los grandes muladares para que prospere el negocio montado en torno a la recogida de los cadáveres de las reses que, por ejemplo, en la región aragonesa se centraliza en la ciudad de Zaragoza desde donde parten flotas de camiones que recorren cientos de quilómetros a la búsqueda de los cuerpos que antes desaparecían en minutos gracias a los buitres y otros carroñeros, y que ahora, mientras llegan o no llegan a recogerlos, se depositan en contenedores de plástico, rivales en cuanto a efluvios de los camiones que recogen sus contenidos. Cuentan que incluso una gallina, si por desgracia fallece, requiere de ese servicio puerta a puerta, no gratuito por cierto. Y, cerrando el círculo comercial, esa laxo pero fluido desfile turístico supersticioso del Camino de Santiago, que aunque no mueve millones, sí permite que los viejos senderos y caminos se adornen de basura y heces.

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Francisco Ferrer Lerín

Francisco Ferrer Lerín (Barcelona, 1942) es poeta, narrador, filólogo y ornitólogo. Traductor, al español, de Flaubert (Trois contes), Claudel (L'Annonce faite à Marie), Tzara (L´Homme approximatif), Monod (Le Hasard et la Nécessité), Montale (Ossi di sepia).

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