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Del antiguo nombre de Olite

Por 17 de enero de 2011 Sin comentarios

Eduardo Gil Bera

 

 

 

Hacia el final del siglo II se documenta por primera vez en las ciudades italianas un curator rei publicae. No se trataba de un irrelevante magistrado local, sino de un funcionario especial nombrado por el emperador. Antes de Diocleciano ya se conocen al menos diez curatores rei publicae en la Galia Narbonense, que pueden verse como instrumentos de centralización imperial. Entre otras funciones, el curator fijaba los precios del mercado y se ocupaba de los impuestos. En otras palabras, no era un funcionario local, sino que representaba la larga mano del emperador. En la ley del emperador Mayoriano, del año 458 (Nov. 7) se lee este importante apunte sobre el cargo Curiales nervos esse rei publicae ac viscera civitatum nullus ignorat. Y en efecto, Diocleciano pretendió establecer mediante los curiales un estricto control de las ciudades.

En una carta imperial a la ciudad de Efeso datada en la segunda mitad del siglo II y, sobre todo, de la correspondencia de Plinio en Bitinia, se evidencia que el término griego correspondiente al curator civitatis / curial latino es logistes, y el nombre de la función logisteia puede leerse en P. Oxy XXXVI 2780 (530 d. C.).

En el Egipto romano y bizantino, en el período 300-500 d. C., o sea, a partir de la reforma diocleciana, la presencia documental de logistes alcanza su máximo, y su competencia cubre áreas de poder que hasta entonces se atribuían a cargos ya arcaicos como prytanis, exegetes, riparios, agoranomos, pater poleos y otros. En el área bizantina, el cargo de logistes con nombramiento imperial  y con funciones de regulación de conflictos, fijación de precios y política social en general perduró, o al menos está documentado, hasta entrado el siglo VII (P. Lond. I, 217).

Christoph Müller ha constatado en una investigación sobre curiales y obispos que, en las ciudades galas de los siglos IV – VI, se pone de relieve una importancia creciente del papel del obispo en cometidos que antes eran exclusividad del curator civitatis. Del abuso y desprestigio de los curiales trata Salviano en un tratado significativamente titulado De Gubernatione Dei y escrito a mediados del siglo V, donde dice (5, 18): Quae enim sunt non modo urbes sed etiam municipia atque vici, ubi non quot curiales fuerint, tot tyranni sunt? Los curiales aparecen por lo tanto, ya en esa fecha, como parte del aparato de represión imperial, ante la inflexión que supuso el paso del gobierno urbano mediante curiales imperiales al gobierno por notables de la propia ciudad.

En ese contexto se produce también la evolución de la ciudad bizantina, que pasa de cristiana a episcopaliana para mejor gestión del imperio, y se concibe el bizantinismo tardío del theologistes, un logistes que abarcaba cometidos sacros y profanos pero que, en esencia, mantenía la función imperial del curator civitatis y del logistes poleos.

Este nombre de inspiración bizantina tardía aparece en la antigua denominación de Olite, ciudad fundada por Suintila hacia el 621, que en una inscripción conmemorativa recién publicada en la prensa y datable hacia el siglo XII se lee (TH)EOLOGITE NEON. Suintila, por lo tanto, no sólo fundó la ciudad, sino que la hizo sede episcopal y le impuso una administración de impronta imperial bizantina inspirada, a su vez, en la antigua romana. No es el único caso en que la denominación del cargo queda en la toponimia, porque el nombre Curiel presenta un paralelo latino, pero sí es el unico caso atestado de nombre griego fuera del área bizantina que, cuando se fundó Olite, aún incluía el sureste peninsular. El adverbio griego neon, tanto si reproduce una inscripción previa, como si es de la conmemorativa, indica que, pese a la erosión de la forma plena, en el siglo XII en Olite aún se sabía que el nombre de la ciudad era griego.

El nombre antiguo de Olite ha sido motivo de controversia desde tiempo atrás: ahí está el testimonio de Esteban Garibay, quien de paso que identificaba como primer vasco de la historia a Tubal, el arquitecto de Babel que trajo consigo una de las setenta y dos lenguas a España, se inspiró en el pasaje de Isidoro de Sevilla que data la fundación de Olite para confeccionar un “Erri berri”, con el éxito fervoroso que suelen tener esas invenciones en la parroquia. Ahora, dejando la fantasía y volviendo al problema epigráfico que representa Theologite, desde la antigüedad se ha pensado que es un término absurdo y hasta ridículo, de modo que las letras iniciales THE han sufrido un editing que las ha hecho desaparecer en la mayoría de las versiones. Así, la redacción convencional establecida del texto de Isidoro postula Ologitin civitatem que remitiría a un Ologitis como nombre de la ciudad.

Pero ahora la presencia epigráfica de Theologite en la propia Olite obliga a un confrontación con la lectura recta que nos remite al cargo de theologistes, y a su nombramiento o reposición por parte del rey Suintila como hito fundacional de la población.

Es natural preguntarse cómo es que Suintila se preocupa tanto por un nombramiento episcopal y, sobre todo, parece escoger un hiperbizantinismo para definir el cargo. Hay que recordar que los concilios de Toledo eran un instrumento de la monarquía visigoda. De entrada, eran convocados por el rey, y no sólo participaban los eclesiásticos, sino los principales personajes de la corte, la llamada aula regia, que también era nombrada directamente por el rey. Las atribuciones conciliares no eran solo ni principalmente de disciplina eclesiástica, sino que el concilio representaba el cuerpo legislativo más importante de la monarquía y venían a representar a unas verdaderas cortes nacionales. De modo que un obispo visigodo era un secundus a rege en todos los sentidos.

La elección de un término bizantino para el importante cargo plenipotenciario se encuadra en la admiración y aversión que inspiraba entonces el imperio bizantino a un visigodo, una particular relación que incluía la emulación. En aquel momento, el bizantino era un imperio real, mientras el visigótico no pasaba de aspirante. Por ejemplo, el emperador bizantino debía dar su aprobación a la elección papal y cobraba por ello una tasa. Todo sugiere que Suintila hizo en Olite un nombramiento de emulación bizantina.

Una buena pregunta sería cómo pudo formarse un theologistes condenado a ser tan semejante a theologos que no podía ser viable. Y la mejor prueba de su inviabilidad es que el Theologite de Olite ha sido unánimente reputado absurdo y ridículo, aunque constaba su documentación. Al respecto es preciso saber que, en el ámbito bizantino y oriental en general, theologia no tenía entonces el significado actual. Era un término técnico y erudito que se refería exclusivamente a la teoría trinitaria, al tiempo que se distinguía expresamente de oikonomia “economía”, que era la teoría sobre Cristo. Con la “teología” sucedió lo mismo que con esa acepción cristológica de “economía” que ha sido suprimida y reducida a arcaísmo por el uso que vino luego.

La hipótesis de que hubiera una inscripción griega de ínfulas bizantinas que fuera modelo de la inscripción latina del siglo XII está reforzada por la chocante presencia del adverbio griego neon y la llamativa irregularidad per suhintihilanem. El autor de la inscripción sabía poco latín y quizá menos griego, y su testimonio hace pensar que trató de trasladar un theologistes neon pros suinthilan basilea que en griego podría tener este aspecto:

ΘΕΟΛΟΓΙΣΤΗΣ

ΝΕΟΝΠΡΟΣΣΥΙΝ

ΘΙΛΑΝΒΑΣΙΛΕΑ

y que significaría: “Theologistes de nuevo (nombrado) en presencia del rey Suintila”. Se aludiría de ese modo a la reposición de un theologistes, lo que sugiere que algo pasó con el anterior, y también a la presencia efectiva de Suintila que emulaba así una conducta imperial bizantina.

 

 

 

 

 

 

 

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Eduardo Gil Bera

Eduardo Gil Bera (Tudela, 1957), es escritor. Ha publicado las novelas Cuando el mundo era mío (Alianza, 2012), Sobre la marcha, Os quiero a todos, Todo pasa, y Torralba. De sus ensayos, destacan El carro de heno, Paisaje con fisuras, Baroja o el miedo, Historia de las malas ideas y La sentencia de las armas. Su ensayo más reciente es Ninguno es mi nombre. Sumario del caso Homero (Pretextos, 2012).

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