Ficha técnica

Título: Teoría de la novela | Autor: György Lukacks | Editorial: Debolsillo | Formato: Bolsillo | Páginas: 192 | Medidas: 126 X 191 mm | Fecha: abril 2016 | ISBN: 9788466332880 | Precio: 9,95 euros | Ebook: 6,99 euros

Teoría de la novela

DEBOLSILLO

Publicada por vez primera en 1916, Teoría de la novela es una obra cumbre de la teoría de la literatura. Mediante un análisis hegeliano de las formas griegas de la poesía épica y la obra trágica, György Lukács da cuenta de la esencia del género de la novela que se conformó siglos más tarde. De este modo, el pensador húngaro establece una relación de la que surgen aquellos atributos y procedimientos característicos de la narrativa contemporánea a través de una metodología de estudio original e inteligente. Lukács hace confluir sus vastos conocimientos de filosofía, sociología y literatura para erigir una obra que marcó un antes y un después en el desarrollo del análisis literario.

«La insistencia durante toda su vida de la importancia crucial de la literatura y la cultura para cualquier política revolucionaria hizo de Lukács una figura crucial del marxismo del siglo XX.» Fredric Jameson

«A mi entender es el primer libro en lengua alemana en el que aparecen emparejadas una ética de izquierdista orientada hacia una renovación radical y una interpretación muy tradicional y convencional de la realidad.» Sara Sefchovich

«Lukács, el más grande filósofo del marxismo.» Manuel Sacristán, El País

«El filósofo de la revolución en una época en la que ningún pensador de izquierdas se atrevía a cuestionar las bases de la democracia.» Slavoj Zizek

«He conocido personalmente a Lukács. En Viena me habló durante una hora de sus teorías. Tenía razón en cada una de sus palabras. Aunque a su marcha dejara el recuerdo de una inmensa abstracción…» Thomas Mann

 

INTRODUCCIÓN

DEL ALMA A LAS FORMAS. LOS AÑOS DE APRENDIZAJE
DE GYÖRGY LUKÁCS

Al cumplirse los cien años del nacimiento del pensador húngaro György Lukács, parece llegado el momento exigido por la costumbre de reconsiderar su legado intelectual. Sin embargo, afrontar en esta ocasión ese ingente testimonio de escritura no tanto al tenor de las determinaciones que acompañaron un desarrollo jamás lineal ni exento de tensiones objetivas, sino desde el aspecto explicativo que entendemos por historia de la modernidad puede resultar, en cierta medida, sorprendente. Una consideración actual, desde este ahora nuestro un punto desconcertante, de la figura enigmática de Lukács, confirma bien a las claras los niveles de ambigüedad que cabía esperar de su peculiar itinerario histórico. Su obra temprana, además, nos servirá aquí para mostrar, otra vez, que el severo crítico de Joyce y Kafka no carecía de gusto ni ignoraba tampoco los riesgos de una apuesta cerrada por un «mundo otro». La atención que la crítica cultural concede hoy a los inéditos depositados en el Archivo de Budapest -correspondencia juvenil, escritos húngaros, proyectos inacabados de promoción académica, diarios, etc.- y la revalorización progresiva de su obra de juventud, obstinada e incluso maliciosamente negada por el autor con una coquetterie de plurales lecturas psicológicas, apuntan unos rasgos quizá insólitos en un personaje que representaba por sí solo, tiempo atrás, toda una época de seguridades forzadas; del voluntarismo radical del período posbélico al probabilismo ético de resistencia de los años de Guerra Fría.

Cada día se perfila con mayor convicción esa fidelidad intencional que permea el proyecto ontológico de Lukács por encima de las conversiones, rectificaciones, correctivos tácticos o simples «astucias de la razón» que pudieran inducirnos al error metodológico de la fragmentación de su pensamiento. La realidad es, en opinión de Lukács, apenas un campo de posibilidad para el hombre, que debe optar resueltamente por la acción o resignarse bien al compromiso, más o menos mediado de nostalgias, bien a la indiferencia gregaria ante el todo administrado. La propuesta lukacsiana resulta, en efecto, sugestiva y abierta a desarrollos de consecuencias enriquecedoras. El hombre histórico como un complejo de potencialidades, a la zaga siempre de esa categoría inaprensible que denomina individuo genérico; a saber, el máximo posible de humanidad arrancado por el trabajo, la autoconciencia y la sensibilidad a la realidad específica. La genealogía ilustrada del proyecto a nadie ha de sorprender. El hombre concreto capaz de transformar su destino histórico, siempre determinado por el tiempo, en una metáfora trascendental de la evolución de todo el género humano. Tampoco sorprenderá, asimismo, la perseverante recurrencia fáustica: «En mi propio mundo interior quiero gozar de aquello que a la humanidad entera le ha sido otorgado […] agrandando mi yo hasta ser uno con ella, y con ella misma terminar por fin en el gran naufragio».

Lukács constata desde fecha bien temprana -no hay que olvidar su juvenil doctorado en derecho con Bódog Somló- que las antinomias del pensamiento no declaradamente reaccionario -ni prusiano, ni nacionalista, en suma-, del pensamiento burgués liberal, producen y reproducen las antinomias del criticismo kantiano. La filosofía ha de mediarse de historia apenas reconoce que las formas de pensamiento adquieren pleno sentido solo a través de su integración en el mundo que aspiran a interpretar, cuando constituyen objetivaciones analíticas del mismo. Frente a los sistemas racionalistas clásicos que pretendían un conocimiento omnicomprensivo del mundo, Kant sugería una prudente renuncia al todo, que tampoco por ello escorase hacia el escepticismo dogmático de corte empirista. Las formas del pensamiento, venía a decir, son conceptos teóricos que han asimilado ideas de totalidad fraguadas en el tiempo, pero sometidas también al juicio y a la razón práctica que discernirá analíticamente los elementos diferenciados que las constituyen.

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