Ficha técnica

Título: Dos Crímenes | Autor: Jorge Ibargüengoitia | EditorialRBA | Colección: Narrativas | Género: Novela | Precio: 18  euros  | Páginas: 208 | ISBN: 9788498676969 |  Formato: rústica 14 x 21,3 cm | Publicación: 14 Enero de 2010

Dos Crímenes

Jorge Ibargüengoitia

RBA

Cuando se entera de que la policía ha estado en su casa buscándolo para detenerlo, Marcos, pese a ser inocente, decide que es mejor huir para evitarse problemas debido a su clandestina militancia política. Se va al campo, a casa de su rico tío, en busca de dinero con el que desaparecer durante un tiempo. Pero una vez allí, la red de mentiras que teje para ocultar su pasado, las pasiones que se desatan a su alrededor y en las que se deja atrapar, y las turbias ambiciones de los parientes y amigos del millonario tío acabarán desembocando en dos crímenes. Entre la narración policial y la tragicomedia de las pasiones y las mezquindades humanas, Dos crímenes es una magnífica muestra de la potencia narrativa de Jorge Ibergüengoitia, un escritor que el tiempo ha acabado situando como un nombre imprescindible de las letras mexicanas y de la literatura en lengua castellana en general.

 

I

La historia que voy a contar empieza una noche en que la policía violó la Constitución. Fue también la noche en que la Chamuca y yo hicimos una fiesta para celebrar nuestro quinto aniversario, no de boda, porque no estamos casados, sino de la tarde de un trece de abril en que ella «se me entregó» en uno de los restiradores del taller de dibujo del Departamento de Planeación. Había una tolvanera cerrada que no dejaba ver ni el Monumento de la Revolución que está a dos cuadras; yo era dibujante, la Chamuca había estudiado sociología, pero tenía plaza de mecanógrafa, los dos trabajábamos horas extras, no había nadie en la oficina. A la fiesta de aniversario habíamos invitado a seis de nuestros mejores amigos, cinco de los cuales llegaron a las ocho cargados de regalos: el Manotas con el libro de Lukács, los Pereira con el jorongo de Santa Marta, Lidia Reynoso con unos platos de Tzinzunzan y Manuel Rodríguez con dos botellas de vodka del mejor que había conseguido a través de un amigo suyo que trabajaba en la Embajada Soviética.

    No he estado en reunión más cordial que el principio de aquella fiesta, hablamos, bebimos, reímos y cantamos como si fuéramos hermanos. El Manotas había regresado de vacaciones a la orilla del mar. Describió un lugar apartado, sin turistas, con playa de arena fina, una ensenada de agua cristalina y almejas recién sacadas del mar. Quise saber las señas y él escribió en mi libreta: «del puerto de Ticomán tomar la lancha que va a la Playa de la Media Luna (hotel Aurora)». No imaginé el significado que iba a tener para mí este apunte.

    A las once la Chamuca sirvió el tamal de cazuela. Estábamos comiéndolo cuando llegó Ifigenia Trejo, la sexta invitada, con un desconocido. Cuando éste cruzó el umbral la fiesta se enfrió como si hubiera caído un aguacero. Ifigenia lo presentó como «Pancho» y a nosotros como «unos amigos».

    Desde el momento en que lo vi Pancho me dio mala espina: tenía un diente de oro, papada, traje, corbata y camisa. Lo primero que hizo después de darnos la mano fue pedir permiso para ir al baño. Apenas salió de la sala le pregunté a Ifigenia que estaba sentándose en una de las sillas de tule:

    -¿Quién es éste?

    -Trabaja en la Procuraduría.

    -¿Por qué lo trajiste?

    -Porque él quería conocerlos a ustedes.

    Como no había suficientes platos, la Chamuca tuvo que usar dos de los de Tzinzunzan para servir el tamal de cazuela a los que acababan de llegar. Cuando Pancho salió del baño, se quitó el saco, se sentó junto a Ifigenia y en vez de comer puso el plato en un librero, en cambio, aceptó la cuba libre que le ofrecí. Se la tomó al hilo, luego otra y la tercera se la sirvió él mismo, sin pedir permiso. Aprovechó el momento en que Lidia Reynoso se levantó para servirse dulce -había cocada-, para levantarse de la silla de tule donde estaba sentado y dejarse caer pesadamente en el cojín lila, que Lidia había ocupado y que era el asiento más cómodo que había en la casa. Una vez allí, con las piernas dobladas, empezó a decir sandeces: que los socialistas tienen dogma, que el marxismo es una doctrina política inválida porque no tiene en cuenta la ambición del poder que es una fuerza innata que se encuentra en todo ser humano, etcétera.

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Jorge Ibargüengoitia

Jorge Ibargüengotia (Guanajuato, 1928-Madrid, 1983). Escritor y periodista mexicano, considerado uno de los mas agudos e irónicos de la literatura hispanoamericana y un critico mordaz de la realidad social y política de su país. Su obra abarca novelas, cuentos, piezas teatrales, artículos periodísticos y relatos infantiles.Ibargüengotia estudió en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México y fue becario del Centro Mexicano de Escritores y de las fundaciones Rockefeller, Fairfield y Guggenheim. Su obra abarca novelas, cuentos, piezas teatrales, artículos periodísticos y relatos infantiles. Su primera novela, Los relámpagos de agosto (1965), una demoledora sátira de la Revolución mexicana, lo hizo merecedor del Premio Casa de las Américas. A ésta seguirían Maten al león (1969), Estas ruinas que ves (1974), Dos crímenes (1974), Las muertas (1977) y Los pasos de López (1982). En el terreno del cuento publicó La ley de Herodes (1976). Entre sus piezas teatrales destacan Susana y los jóvenes (1954), Clotilde en su casa (1955) y El atentado (1963). Murió trágicamente en el  accidente aéreo del Boeing 147 de Avianca en Mejorada del Campo, cuando viajaba de París a Bogotá, vía Madrid.

Obras asociadas