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Medianoche en el Louvre

Por 30 de julio de 2012 diciembre 23rd, 2020 Sin comentarios

Joana Bonet

Las salas vacías, los mármoles helados, el arte en penumbra obligando a una instintiva torsión de la mirada. La situación es insólita, cosas que ocurren cuando las multinacionales del lujo promocionan el arte con el fin de inmortalizarse. Una firma que lleva el nombre del zapatero que calzó a Marilyn Monroe o a Eva Perón con sus hormas revolucionarias, Salvatore Ferragamo, ha patrocinado la restauración de Santa Ana, la Virgen y el niño de Leonardo Da Vinci. A cambio, un espléndido regalo: desfile bajo las arcadas de la cour Napoleón y cóctel en las pirámides.

El bufé florentino despista a los invitados, demasiado atentos al risotto con trufa blanca, excepto a un reducido grupo que advierte cómo se abren los cordeles rojos que dan paso al ala Denon del museo. «Una visita privada», anuncian con discreción mientras dos vigilantes abren el paso entre esmóquines y espaldas escotadas. Apenas un murmullo. La visión nocturna crea un sentimiento de clandestinidad. Una vaga evocación de aquellos robos cinematográficos. Avanzar entre las sombras de las grandes piezas de la historia del arte crea un sentimiento casi religioso. Al fin, una sala con luz: Veronese y Leonardo. Las bodas de Caná y La Gioconda. Y el frufrú agitado de tanto exclamar «¡oh!». Porque contemplar la Mona Lisa sin una tropa de turistas a tu alrededor es algo parecido a ver por primera vez el mar.
En la creación de una obra de arte el instante de felicidad perfecta no existe, escribió Lucien Freud, porque a medida que va acabando la obra el artista comprende que lo que pinta sólo es una imagen. Sin vida. Todo lo contrario a lo que le sucede a la espectadora nocturna, que exprime ese instante de felicidad y siente que su vida se alarga. E incluso imagina, bajo los efectos de la experiencia estética, que se acerca a dos guardias sonrientes y les pregunta si se puede ver la Venus de Milo, y le dicen que no, que esa sala está cerrada. Pero cuando enfila hacia la salida, a pie de escalera, un vigilante la ha seguido y le dice: «Mademoiselle, usted quería ver la Venus de Milo, ¿no?». Y ambos avanzan a tientas, bajo la advertencia de que, si aparece su jefe, él la acusará de haberse colado. El instante de felicidad perfecta reaparece: allí está la estatua griega bañada por un haz de luz amarilla que atraviesa la ventana. Con su serenidad imponente, sin brazos, la mirada perdida, la claridad en el cuerpo, los pechos oscurecidos, la tela drapeada en la cintura dejando asomar el nacimiento de la espalda. El tiempo deja de correr. La belleza es una pausa en el tiempo que no se desvanece al soplarla, como un diente de león. Porque una Afrodita del siglo II a.C. que hace casi doscientos años un campesino griego desenterró y guardó en su establo hoy sigue de pie, cegándote, una medianoche en el Louvre que aún no sabes si fue un sueño de verano.

(La Vanguardia)

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Joana Bonet

Joana Bonet es periodista y filóloga, escribe en prensa desde los 18 años sobre literatura, moda, tendencias sociales, feminismo, política y paradojas contemporáneas. Especializada en la creación de nuevas cabeceras y formatos editoriales, ha impulsado a lo largo de su carrera diversos proyectos editoriales. En 2016, crea el suplemento mensual Fashion&Arts Magazine (La Vanguardia y Prensa Ibérica), que también dirige. Dos años antes diseñó el lanzamiento de la revista Icon para El País. Entre 1996 y 2012 dirigió la revista Marie Claire, y antes, en 1992, creó y dirigió la revista Woman (Grupo Z), que refrescó y actualizó el género de las revistas femeninas. Durante este tiempo ha colaborado también con medios escritos, radiofónicos y televisivos (de El País o Vogue París a Hoy por Hoy de la cadena SER y Julia en la onda de Onda Cero a El Club de TV3 o Humanos y Divinos de TVE) y publicado diversos ensayos, entre los que destacan Hombres, material sensible, Las metrosesenta, Generación paréntesis, Fabulosas y rebeldes y la biografía Chacón. La mujer que pudo gobernar. Desde 2006 ejerce de columnista de opinión en La Vanguardia.

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