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La ‘dona’ catalana

Por 12 de junio de 2019 diciembre 23rd, 2020 Sin comentarios

Joana Bonet

La frase trae ecos de libreto costumbrista: “Le he mirado a los ojos para decirle lo que nunca había oído de una mujer”. El sujeto bien hubiera podido oír antes aquellas palabras en boca de un varón, pero la cosa parece cambiar cuando es mujer quien le dice que tiene la bragueta abierta o pelos en la nariz. La diputada de Junts per Catalunya Laura Borràs la pronunció con algunas modificaciones tras su audiencia con el Rey: “He mirado a los ojos del monarca español para decirle lo que tal vez nunca había oído de una mujer catalana”. Borràs tiene un hablar literario y coraje dialéctico. En más de una ocasión ha avergonzado a sus contrincantes recriminándoles su falta de comprensión lectora. Ante el Rey se reivindicó como mujer, y también como catalana. Y en su frase se interpreta que ninguna otra nativa de Catalunya había sido capaz de decirle lo indecible a Felipe VI, desde Núria Espert, Julia Otero, Judit Mascó, Susanna Griso, Ona Carbonell, Mireia Belmonte, Cristina Gallach, la Coixet y la Sardà, Sílvia Pérez Cruz, Carme Ruscalleda…
Pero, dejando el territorio aparte –que según el contexto del que procede de eso se trataba el desafío–, la afirmación de Borràs nos lleva a repensar qué es una mujer catalana. Pienso en el legado de algunas escritoras: en Maria Aurèlia Capmany, que decía que tenía dos peras y una manzana. O en Aurora Bertrana, la aventurera que pregonaba la libertad sexual e individual –siempre que no pises la de los otros–. En Ana ­María Matute, que bebía whisky en las entrevistas literarias igual que Nabokov, incluso en Mercè Rodoreda y su dulce aleación del amor y el mal, la que se in­terrogaba en su ficción: “Soc una dona honrada?”. En sus voces hay acentos muy diferentes, y, aun así, juntas escriben una crónica universal que transciende fronteras.
¿Puede hablarse hoy de mujer gallega, andaluza o murciana y no caer en el folklore? ¿Qué diferencia a una catalana de una vasca, más allá de la lengua y el paisaje, del corte de pelo o el color de las gafas? Es más, ¿qué la diferencia de una noruega o una francesa, de una hermana de alma que interpreta la misma partitura aunque la música suene algo diferente? Hablar de una mujer –en el fondo, la mujer– significa tropezar forzosamente con el esencialismo, ese “rasgo fijo cuyos atributos se han impuesto y cuyas actividades ahistóricas limitan las posibilidades de cambio y, por consiguiente, de reorganización de la sociedad” que tanto ha criticado desde el feminismo la filósofa Elizabeth Grosz. Porque además de ser mujeres individuales, reales, solidarias y diversas, sabemos que todavía hay muchas que no salen en la foto, y esa exclusión se debe a razones que nada tiene que ver con la piel o el acento.
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Joana Bonet

Joana Bonet es periodista y filóloga, escribe en prensa desde los 18 años sobre literatura, moda, tendencias sociales, feminismo, política y paradojas contemporáneas. Especializada en la creación de nuevas cabeceras y formatos editoriales, ha impulsado a lo largo de su carrera diversos proyectos editoriales. En 2016, crea el suplemento mensual Fashion&Arts Magazine (La Vanguardia y Prensa Ibérica), que también dirige. Dos años antes diseñó el lanzamiento de la revista Icon para El País. Entre 1996 y 2012 dirigió la revista Marie Claire, y antes, en 1992, creó y dirigió la revista Woman (Grupo Z), que refrescó y actualizó el género de las revistas femeninas. Durante este tiempo ha colaborado también con medios escritos, radiofónicos y televisivos (de El País o Vogue París a Hoy por Hoy de la cadena SER y Julia en la onda de Onda Cero a El Club de TV3 o Humanos y Divinos de TVE) y publicado diversos ensayos, entre los que destacan Hombres, material sensible, Las metrosesenta, Generación paréntesis, Fabulosas y rebeldes y la biografía Chacón. La mujer que pudo gobernar. Desde 2006 ejerce de columnista de opinión en La Vanguardia.

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