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Gabo, el ladino

Por 7 de diciembre de 2007 Sin comentarios

Jean-François Fogel

Según mi diccionario Aguilar de lexicografía, el adjetivo «ladino» tiene tres significaciones:

  • astuto o taimado
  • mestizo
  • judeoespañol 
  • Cuando se utiliza como sustantivo, según el mismo diccionario, nombra al «dialecto judeoespañol».

    /upload/fotos/blogs_entradas/lengua_ladina.jpgDe nada sirven estas definiciones al leer en la novela El otoño del patriarca «… habían llegados unos forasteros que parloteaban en lengua ladina pues no decían el mar sino la mar y llamaban papagayos a los guacamayas, almadias a los cayucos y azagayas a los arpones…». En esta frase de Gabriel García Márquez la «lengua ladina» es el «idioma castellano antiguo» nota Margret de Oliveira Castro que sacó algo como mil seiscientas palabras de la obra del novelista colombiano para componer un libro delicioso, uno de los mejores sobre la obra del premio Nobel de literatura: la lengua ladina de García Márquez (Editorial Panamericana en Bogotá). Se publicó en el primer semestre de 2007, lo compré de manera casual en un aeropuerto mexicano y fue como un sol del trópico en mi viaje de vuelta a Europa.

    Formalmente, es un diccionario, una compilación de definiciones ordenadas de A hasta Z. En realidad, se trata de un monumento dedicado al escritor colombiano. Cada piedra de este monumento tiene un nombre: cachaco, auyama, yeso, malanga, fiambre, fenacetina, plañidera, ruana, milico, chupacobre, etc., palabras cuyo censo deslumbró hasta los lectores colombianos del escritor.

    Más allá de su dilatado vocabulario y su obvio uso de los colombianismos, Gabo llevó a sus extremos las posibilidades del castellano para modificar el sentido de las palabras. Ya en el glosario incluido en la edición conmemorativa de Cien años de soledad de la Asociación de Academias de la Lengua Española se notaba la manera en la que el novelista aprovechó todos los recursos para hacer de la literatura «el mejor juguete que se había inventado para burlarse de la gente» como dice uno de sus personajes. El libro de Margret de Oliveira Castro establece, más allá de los trucos de la meta-ficción, la existencia de un vocabulario que abarca todas las variaciones del castellano a través de la historia y de la geografía.

    /upload/fotos/blogs_entradas/el_coronel_no_tiene_quien_le_escriba.jpgCada definición viene con una frase extraída de la obra del autor. Se nota así, una voluntad, una dinámica, un amor a las palabras que define una ambición clave en la obra del escritor. Al pasar del estatuto de novelista colombiano radicado en México a su posición de patriarca y referencia literaria del idioma español, Gabo se mantuvo en un combate para conquistar a las palabras. Con su imposible y maravillosa recopilación, Oliveira Castro, intérprete formada en la famosa escuela de la Universidad de Ginebra, escribió -en mi opinión- uno de los mejores libros sobre Gabo y su universo. Entender en El coronel no tiene quien le escriba por qué un oficial mantiene su gallo a pesar de no tener la plata de su jubilación es una manera de acercarse a una obra. Otra manera, tan válida, es entender palabras y expresiones como gallera, gallinazo, gastar pólvora en gallinazo, oler a gallinazo, gallinazo rey, mamar gallo y mamadores de gallo.

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    Jean-François Fogel

    Jean-François Fogel Periodista y ensayista francés, trabajó para la Agencia France-Presse, el diario Libération, el semanal Le Point y el mensual Le Magazine Littéraire. Ha vivido una parte de su vida en España donde empezó una segunda carrera como asesor para empresas de prensa. Fue asesor del director del diario Le Monde, desde 1994 a 2002, y sigue trabajando en la concepción y la remodelación continua del sitio Internet creado por el vespertino. Es maestro y presidente del Consejo Rector de la Fundación Gabo. Ha publicado varios libros sobre literatura francesa y sobre América Latina, entre los que destaca  un ensayo sobre el periodismo digital, Una prensa sin Gutenberg (Punto de Lectura, 2007).

    En 2010 se dedicó a renovar los seis sitios de los diarios del grupo francés SudOuest, donde continua siendo asesor de la estrategia digital. En los últimos años, se encargó de la creación de una plataforma de información digital para el grupo France Televisions, una de las tres más importantes de Francia. Asesora a varios medios en Europa y América Latina tanto en la concepción de sitios, como en la organización de la producción digital. Es director del Executive Master of Media Management, del Instituto de Estudios Políticos de Paris (Sciences Po).

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