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TAUROMAQUIA

Por 9 de mayo de 2007 Sin comentarios

Javier Rioyo

Al final de la Segunda Guerra Mundial un crítico de arte, antropólogo y filólogo francés, Michel Leiris escribió un peculiar, desmesurado, inteligente y arriesgado texto: La literatura  considerada como una tauromaquia. Creo que el texto todavía tiene la fuerza, la vigencia y el sitio que para mí lo tuvo en aquellos años 70, mediados, en los que leí ese texto. Todavía conservo el ejemplar de aquellos recordados “Cuadernos ínfimos” de la editorial Tusquets. Lo volveré a leer esta misma tarde. Y lo hago porque ayer tuve una discusión, una de esas discusiones de callejón sin salida, con un amigo querido y admirado. Hablábamos de ritos, mitos y diversiones. Hablábamos de poesía y de prosa. El invitado a la improvisada cena era el poeta Juan Gelman. Y mi amigo, uno de los anfitriones, era otro poeta, Luis García Montero. A una de la noche, pasados unos vinos, estuvimos hablando de toros y tauromaquia. Alguna vez he contado de mi afición a esa extraña, cruel y hermosa fiesta… o lo que se quiera decir de ese ritual, festejo, sacrificio, arte o lo que se quiera considerar que es el toreo. Al menos el toreo que uno desea. El que alguna vez presenció. El que alguna vez, bastantes, consiguió emocionar, conturbar y hacer feliz a este aficionado español.

Mi amigo Luis, y otros muchos admirados intelectuales o no, desprecian y no comprenden cuáles pueden ser las razones de que a gentes más o menos cercanas a su ética y a su estética -dicho esto sin tener que comulgar juntos en tantas cosas- podemos ser aficionados a ese resto de barbarie que queda como fiesta “nacional” que, según muchos desean, está condenada a extinguirse y desaparecer. La discusión era una faena tediosa, interminable, repetida, cuasi eterna lucha sin resolver entre taurinos y antitaurinos. Y naturalmente  sin trofeos. Y  sin ovación, sin vuelta al ruedo…pero, eso sí, sin sangre. Este año tampoco he leído el artículo de Manuel Vicent a la contra. Y sin embargo estoy deseando volver a leer el texto de Leiris, aquél texto que escribió después de salir horrorizado de su primera experiencia con la realidad de este sangriento arte. Mañana, espero, hablaré de más libros y más toros. Ahora, como todavía no hay toros, me voy a un concierto. A escuchar una de las grandes partituras del siglo XX. ¿Estará eso peleado con mi afición a los toros?

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Javier Rioyo

Javier Rioyo (Madrid, 1952) es licenciado en Ciencias de la Información. Periodista, escritor, director y guionista de cine, radio, televisión y dramáticos. Dirigió y presentó el programa semanal de libros Estravagario en TVE 2, con el que obtuvo el Premio Fomento a la Lectura 2005, concedido por la Federación del Gremio de Editores de España. También ha sido responsable de cultura y libros en el programa diario Hoy por hoy de la cadena SER. Es colaborador habitual de El País (escribe para el suplemento semanal Domingo) y de la revista Cinemanía. En televisión, Rioyo ha presentado el programa "El Faro" del canal Documanía y ha obtenido dos premios Ondas en Radio y uno en Televisión. Ha sido guionista de numerosos festivales de música para Canal+, así como de los premios Goya, y de diversos programas de radio y televisión. También coordinó los guiones para la serie Severo Ochoa. Ha dirigido y participado en cursos de Comunicación y Cultura en diversas universidades españolas. Formó parte del Comité Asesor de Alfaguara y ha sido jurado de festivales de cine y premios literarios en varias ocasiones. Es autor del libro Madrid: casas de lenocinio, holganza y malvivir (Espasa Calpe, Premio 1992 Libros sobre Madrid); y de La vida golfa (Aguilar, 2003). En 2005, con su productora Storm Comunicación, realizó la producción ejecutiva y el guión de Miracolo Spagnolo, un documental para la RAI sobre la llegada de José Luis Rodríguez Zapatero al gobierno y su primer año de legislatura. También dirigió y produjo Alivio de luto, un vídeo documental en el que entrevista a Joaquín Sabina; así como Un Quijote cinematográfico. En 1994 fundó la productora Cero en conducta, con José Luis López-Linares, con la que tuvo a su cargo el guión y la dirección de Alberti para caminantes (2003); y la producción ejecutiva y el guión del largometraje Un instante en la vida ajena (2003), que obtuvo el Premio Goya al mejor documental; así como de Tánger, esa vieja dama (2002). También ha codirigido con José Luis López-Linares el cortometraje Los Orvich: Un oficio del Siglo XX (1997), y los largometrajes Extranjeros de sí mismos (2001), nominado al mejor documental en la XVI edición de los Premios Goya; A propósito de Buñuel (2000); Lorca, así que pasen cien años (1998), nominado a los premios Emmy 1998; y Asaltar los cielos (1996), nominado a los premios Goya al Mejor Montaje, y ganador del Premio Especial Cine, de los Premios Ondas 1997.

En 2011 fue nombrado director del centro del Instituto Cervantes de Nueva York en sustitución de Eduardo Lago.​ Ocupó el cargo hasta septiembre de 2013, cuando fue sustituido por Ignacio Olmos.​ En 2014 fue nombrado responsable del centro del Instituto Cervantes en Lisboa.​ En febrero de 2019 deja el cargo y pasa a dirigir el centro de Tánger de la misma institución.

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