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POETAS, ESOS LOCOS

Por 2 de julio de 2007 Sin comentarios

Javier Rioyo

Tienen su locura. Aunque tantas veces sólo está en los poemas. Conozco muchos poetas de vida muy tranquila, incluso de vida familiar más o menos convencional. La locura se escapa por los poemas. No deben engañarnos las formas en los poetas, incluso son gentes, muchos de ellos, que pagan los impuestos, conducen sin beber y programan sus vacaciones de verano.

Vuelvo de Colombia cargado de poetas, también de muchas prosas. No tengo información de la vida de algunos de sus mejores poetas. No sé casi nada de la vida de Gaitán Durán, Hernando Valencia, Gómez Valderrama o de León de Greiff. Tampoco demasiado de Eduardo Cote Lamus, tan admirable, tan admirado también por Caballero Bonald. Su hijo Eduardo, otro querido poeta, me regala la obra completa de su padre y me enseña la casa dónde ya nunca vivió el poeta, la casa de la madre viuda que, naturalmente, conservaba los libros del marido. Ahora que los dos murieron, los libros del padre, los cuadros, los objetos hay que repartirlos entre los hijos. Estuve en una casa donde, por últimos días, todavía seguían como testigos de vidas los libros dedicados por Juan Ramón, Aleixandre, Guillén, Dámaso, Alberti, Goytisolo… y otros amigos del poeta que murió, demasiado pronto, demasiado estúpidamente en un accidente de coche.

También en accidente de coche, imprevista e injustamente encontró la muerte otro de los grandes escritores europeos, George Sebald.

Los buenos poetas mueren menos que el resto de los mortales. Van quedando sus vidas, sus amores, sus excesos y sus pasiones contadas en sus poemas. Se quedan sus versos como descendientes, como testigos, como guías de nuestras imperfecciones en la vida. Al poeta Cote Lamus lo miramos en la foto del libro, sonriente controlado, con su traje de elegancia diplomática y lleno -como un niño travieso- de pajaritas de papel, de todo un zoo infantil que recorre su traje, se sube por su cabeza y nos devuelve la imagen menos seria, más cercana del poeta. También los poetas serios son unos locos, aunque saben tener miedo a los ángeles, “un ángel es un ángel pero cae/ y sigue siendo un ángel. Mas, temedle”.

Vivió deprisa, bebió despacio, murió pronto, nosotros somos capaces ahora de darle vida leyéndolo. No sé si es fácil encontrar aquí su poesía, le preguntaré al amigo Chus Visor, si lo hacen, no es mala parada para eso que llamamos vida cotidiana. Los poetas se nos pueden parecer en muchas cosas, se diferencias cuando escriben. Sobre todo si escriben en la hoja de una espada: “Destino es trazar paz adonde gima el pecho. / Crucé la vida hasta la empuñadura: me emparedaron por reliquia, por estar escrita: la estirpe ha muerto y yo me conmemoro.”

Mañana escribiré del más loco de los poetas colombianos, el también buscador de ángeles, de ángeles clandestinos, Raúl Gómez Jattin. Me encantaría regalar poetas, como no lo puedo hacer, regalo algunos poemas.

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Javier Rioyo

Javier Rioyo (Madrid, 1952) es licenciado en Ciencias de la Información. Periodista, escritor, director y guionista de cine, radio, televisión y dramáticos. Dirigió y presentó el programa semanal de libros Estravagario en TVE 2, con el que obtuvo el Premio Fomento a la Lectura 2005, concedido por la Federación del Gremio de Editores de España. También ha sido responsable de cultura y libros en el programa diario Hoy por hoy de la cadena SER. Es colaborador habitual de El País (escribe para el suplemento semanal Domingo) y de la revista Cinemanía. En televisión, Rioyo ha presentado el programa "El Faro" del canal Documanía y ha obtenido dos premios Ondas en Radio y uno en Televisión. Ha sido guionista de numerosos festivales de música para Canal+, así como de los premios Goya, y de diversos programas de radio y televisión. También coordinó los guiones para la serie Severo Ochoa. Ha dirigido y participado en cursos de Comunicación y Cultura en diversas universidades españolas. Formó parte del Comité Asesor de Alfaguara y ha sido jurado de festivales de cine y premios literarios en varias ocasiones. Es autor del libro Madrid: casas de lenocinio, holganza y malvivir (Espasa Calpe, Premio 1992 Libros sobre Madrid); y de La vida golfa (Aguilar, 2003). En 2005, con su productora Storm Comunicación, realizó la producción ejecutiva y el guión de Miracolo Spagnolo, un documental para la RAI sobre la llegada de José Luis Rodríguez Zapatero al gobierno y su primer año de legislatura. También dirigió y produjo Alivio de luto, un vídeo documental en el que entrevista a Joaquín Sabina; así como Un Quijote cinematográfico. En 1994 fundó la productora Cero en conducta, con José Luis López-Linares, con la que tuvo a su cargo el guión y la dirección de Alberti para caminantes (2003); y la producción ejecutiva y el guión del largometraje Un instante en la vida ajena (2003), que obtuvo el Premio Goya al mejor documental; así como de Tánger, esa vieja dama (2002). También ha codirigido con José Luis López-Linares el cortometraje Los Orvich: Un oficio del Siglo XX (1997), y los largometrajes Extranjeros de sí mismos (2001), nominado al mejor documental en la XVI edición de los Premios Goya; A propósito de Buñuel (2000); Lorca, así que pasen cien años (1998), nominado a los premios Emmy 1998; y Asaltar los cielos (1996), nominado a los premios Goya al Mejor Montaje, y ganador del Premio Especial Cine, de los Premios Ondas 1997.

En 2011 fue nombrado director del centro del Instituto Cervantes de Nueva York en sustitución de Eduardo Lago.​ Ocupó el cargo hasta septiembre de 2013, cuando fue sustituido por Ignacio Olmos.​ En 2014 fue nombrado responsable del centro del Instituto Cervantes en Lisboa.​ En febrero de 2019 deja el cargo y pasa a dirigir el centro de Tánger de la misma institución.

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