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Vargas Llosa escandalizado

Por 23 de febrero de 2009 Sin comentarios

Eder. Óleo de Irene Gracia

Iván Thays

Lápida inamovible de Jorge Luis Borges. Fuente: azularte Cuando a Mario Vargas Llosa algo lo escandaliza, lo remueve por dentro, lo asquea, no deja de buscar el término preciso para su asco, que es siempre el más lapidario. «Farsa elogiosa repugnante» es la frase que, inspirado por Luis Cernuda, acuñó en su última Piedra de Toque para rechazar de plano el fallido intento populista de repatriar los restos de Jorge Luis Borges. Y de paso, deja en claro algo que debería ser obvio para todos: los artistas no le pertenecen a ningún país, las naciones no producen escritores aunque muchas veces -y solo para beneficios políticos- se apoderen de ellos. Lo explica así Vargas Llosa:(…) los grandes talentos no los ?producen? los países y, por eso, Borges no es un ?producto? argentino. Resultó de una alianza casi indiscernible de ideas, imágenes, poemas, novelas, ensayos, sistemas filosóficos, teologías, procedentes de muchas lenguas y culturas, de la atmósfera estimulante de una familia, de un grupo de amigos y conocidos, pero, principalmente, de una disposición o don personal, exclusivo y único, para soñar, fantasear, asimilar las grandes creaciones literarias y ordenar las palabras del español en frases, páginas y libros de extraordinaria precisión e inusitada belleza. Y por esa razón, al igual que Shakespeare y Goethe y Cervantes y tantos otros eminentes creadores, Borges no pertenece a la Argentina sino a todos los que lo leen y se deslumbran con su imaginación, su cultura literaria, su elegancia, su ironía y su soberbia manera de utilizar nuestra lengua imponiéndole la exactitud del inglés y la inteligencia del francés sin que por ello pierda el bronco vigor de la lengua castellana. Borges se fue de su país porque, como les ocurre a muchos escritores con los suyos, estaba acaso asqueado con lo que allí ocurría, o simplemente harto de ser una ?gloria nacional? (después de haber sido un ilustre desconocido hasta que Francia, Europa y los Estados Unidos hicieron saber a los argentinos que tenían un genio en casa) o porque, a la vejez, como dicen que hacen los elefantes cuando sienten que van a morir, quiso pasar la última etapa de su vida y morir donde había comenzado la vida que a él le importaba ?la vida intelectual?: esa Suiza donde fue, o creyó ser, feliz, leyendo vorazmente, aprendiendo idiomas, y contrayendo, contagiado por los suizos, la sobriedad, la frugalidad, la corrección y la modestia que fueron rasgos permanentes de su vida privada.Al final, Vargas Llosa da un consejo a sus amigos escritores, que deberíamos tomarlo como una confesión de parte: Nada de homenajes póstumos. Hay que cuidarse de la posteridad burocrática:Un consejo, amigos escritores: nadie puede poner lo que escribió a salvo de futuras manipulaciones, distorsiones y vejaciones. Pero sí es posible, en cambio, precaverse contra póstumas emboscadas como la que estuvo en marcha y felizmente fracasó contra los huesos del pobre Borges. Háganse incinerar y que esparzan sus cenizas en lugares inalcanzables, como el bosque o el mar. ¡Mil veces preferible alimentar a los peces o a los pájaros que a esos inescrupulosos caníbales que engordan con los despojos de los buenos escribidores!

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Iván Thays

Iván Thays es escritor peruano (Lima, 1968) autor de las novelas "El viaje interior" y "La disciplina de la vanidad". Premio Principe Claus 2000. Dirigió el programa literario de TV Vano Oficio por 7 años. Ha sido elegido como uno de los esccritores latinoamericanos más importantes menores de 39 años por el Hay Festival, organizador del Bogotá39. Finalista del Premio Herralde del 2008 con la novela "Un lugar llamado Oreja de perro".

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