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Truman Capote y Lola

Por 17 de febrero de 2009 Sin comentarios

Eder. Óleo de Irene Gracia

Iván Thays

Truman Capote en el Plaza. Fuente: tsupen.blogspet De manera equívoca, algunos lectores podrían creer que el volumen Los perros ladran (publicado por Anagrama en 1999 y reeditado en el 2006) que reúne dos libros menores de Truman Capote (Color local y Se oyen las musas), además de una autoentrevista, tienen interés solo para especialistas y fanáticos. Creo que el libro es estupendo para todo aquel que quiera acercarse a la obra y la personalidad de Truman Capote, tan manipulado (queriendo o sin querer) por las bio-pics de hace unos años. Las anécdotas de sus viajes, por más atractivas o impresionantes que sean, quedan relegadas ante el poder del preciso observador («El tren se movpia tan lentamente que las mariposas entraban y salían por la ventana») y el gran contador de historias, el fabulador. Es obvio que exagera, que maquilla la realidad, pero eso no es malo, al contrario, es algo que debemos agradecer. Color local comenta sus diversos viajes y sus estancias más o menos prolongadas en Europa, África y EEUU. Se oyen las musas, su primera obra de «no ficción» al parecer, es un largo relato de un viaje de 1956 por la Rusia comunista siguiendo al grupo teatral americano Everyman Opera que representaba la comedia musical Porgy and Bess en plena guerra fría. La auto-entrevista es sumamente divertida, aunque ligera. Una entrevista condescendiente consigo mismo. Pudo ser más devastadora.Pero de todo el conjunto titulado Los perros ladrán (debido a un proverbio árabe que le regaló André Gide como conjura contra las malas críticas: «Los perros ladran, pero la caravana avanza»), lo que más me llamó la atención de lejos es el relato titulado «Lola». Ahí cuenta la historia de un cuervo hembra que le regalaron en Italia. Al principio detestaba al animal, pero luego fue encariñándose con él. Lola nunca se consideró pájaro, se creía perro como el bulldog inglés y el terrier irlandés que tambié criaba. Se hizo parte de la familia y al fin, por su culpa, el escritor tuvo que mudarse de su enorme casa en un lugar aislado de Sicilia pues su criada acusó a Lola de ser de malagüero y a él, por tanto, de echar el mal de ojo. Una maldición imposible de rebatir. Se mudó a un pequeño ático en Via Margutta, en Roma, donde Lola se apropió del balcón. El final de Lola es triste. Pero fuera de que ese relato sea el más redondo, el imprescindible, del volumen, lo que dice Truman Capote sobre éste en el Prefacio que acompaña la edición es absolutamente genial: le da una vuelta de tuerca, lo convierte en un ars poetica:»(…) Lola tiene una curiosa historia. Fue escrito para exorcisar el fantasma de una amiga perdida, y posteriormente lo compró una revista americana, que no lo publicó porque el director de la revista decidió que lo encontraba horrendo: dijo que no sabía de qué se trataba y que, además, lo encontraba negro y siniestro. Yo disiento, aunque comprendo a qué se refiere; instintivamente debió de penetrar la máscara sentimental de este relato verídico y comprender, sin reconocerlo del todo, de qué trataba en realidad: de los peligros y la perdición que supone no percibir y aceptar los límites de nuestra supesta identidad, las clasificaciones que nos imponen los demás: un pájaro que cree ser un perro, Van Gogh insistiendo que es un artista, Emily Dickinson en que es poeta. Pero sin esos juicios erróneos y esas conviccones los mares dormirían, y nadie hollaría las nieves eternas».Amén.

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Iván Thays

Iván Thays es escritor peruano (Lima, 1968) autor de las novelas "El viaje interior" y "La disciplina de la vanidad". Premio Principe Claus 2000. Dirigió el programa literario de TV Vano Oficio por 7 años. Ha sido elegido como uno de los esccritores latinoamericanos más importantes menores de 39 años por el Hay Festival, organizador del Bogotá39. Finalista del Premio Herralde del 2008 con la novela "Un lugar llamado Oreja de perro".

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