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Dracula 2.0

Por 12 de octubre de 2009 Sin comentarios

Eder. Óleo de Irene Gracia

Iván Thays

Drácula caramelo. Fuente: emiliomarquez Ian Holt «experto draculino» y el sobrino-bisnieto de Bram Stocker, Dacre Stoker, han sido los llamados para hacer una nueva versión de Drácula (Dracula, el no muerto). Los resultados, solo Rodrigo Fresán puede saberlo. Solo él se atrevería a leer -con curiosidad y maldad- un despropósito como aquel. Y encima, reseñarlo. Dice:(…) lo cierto es que, en principio, la cosa tiene la gracia de la mejor fanfiction y recuerda un tanto a aquellos pastiches sherlockholmesianos de Nicholas Meyer donde el detective de Baker St. unía fuerzas con Freud. Con prosa funcional y sin adornos -el primer Stoker tampoco era lo que se dice un estilista, aunque sí un brillante administrador del tempo dramático y de la omnipresente ausencia del monstruo-, el descendiente y su cómplice nos devuelven a las vidas de Mina Harker & Co. veinticinco años después de aquel final en los Cárpatos. Y Stoker y Holt no se andan con demasiadas vueltas: descartan casi de entrada el trabajado y admirable formato docu-epistolar de muchas voces y firmas del original, y nos zambullen, linealmente, en una trama un tanto alocada. Allí, destacan los toques metaficcionales (todo sucede mientras se monta una versión teatral de Drácula, a cargo del mismísimo Bram Stoker), aparecen figuras ya invocadas en otras ocasiones (la «vampira invitada» Elizabeth Bathory y la siempre funcional y multiuso sombra de Jack el Destripador), se hacen guiños y gracias un tanto torpes (ese Doctor Langella, ese Sargento Lee al que, afortunadamente, no se les suma ningún periodista de nombre Lugosi), se espolvorea todo con prestigiosos nombres reales (Charles Chaplin, John Barrymore?), se cruza varias veces el Canal de La Mancha y, last but not least, se proponen varias innovaciones y enmiendas a un mito que no las necesitó nunca y sigue sin necesitarlas. De las tres «sorpresas» que propone Drácula, el no muerto, dos son perfectamente predecibles para un lector medianamente curtido en estas lides. La tercera de ellas resulta, en cambio, imposible de anticipar por todas las razones incorrectas. Es decir: es ridícula, injustificable y del todo inverosímil. Por motivos obvios no la comentaré aquí. Sólo diré que es el equivalente a que la pastoral vida de Heidi se continuara con la niña asesinando a Pedro y al abuelito para enseguida ponerse al servicio de Hitler como asesina en serie de noche y actriz favorita de Leni Riefenstahl de día. Un prescindible último chiste con Titanic incluido remata la empresa y -paradójicamente o no- lo mejor de todo llega con las páginas de notas finales (varias de ellas, las más «divertidas», por algún motivo ausentes en la edición española) y agradecimientos a cargo de los dos verdaderos monstruos de este libro. Allí, Ian Holt y Dacre Stoker -amparados y bendecidos por Elizabeth Miller, catedrática especializada en las idas y vueltas del inmortal transilvano- explican, o más bien confiesan, con todo detalle, cómo se gestó esta empresa y cómo resolvieron «con sentido del deber y responsabilidad familiar» reclamar los derechos legales del vampiro en cuestión y hacer realidad «un sueño de años». Allí, Stoker y Holt se presentan como justicieros; pero suenan demasiado parecidos a los personajes de Los productores de Mel Brooks y, por pudor, omiten el detalle de que esta labour of love les ha significado un millón de libras esterlinas y una adaptación cinematográfica en curso. No hay problema. Todos los mercaderes tienen derecho a reclamar su litro de sangre; pero se desearía que lo hicieran con un poco más de gracia y no mostrando tanto los colmillos. Leyendo estos apéndices de Drácula, el no muerto uno no puede evitar pensar que es aquí donde está la auténtica continuación, la posibilidad de una gran novela. Saul Bellow o Robertson Davies podrían haber escrito algo magistral con las vidas y la obra de estos dos pícaros chupasangre. Mientras tanto, desde hace tanto tiempo, el conde Drácula sigue sin descansar en paz. Pero después de todo esto, seguro, duerme mucho peor. No hay que olvidarlo: no tomarás el nombre de D. en vano.

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Iván Thays

Iván Thays es escritor peruano (Lima, 1968) autor de las novelas "El viaje interior" y "La disciplina de la vanidad". Premio Principe Claus 2000. Dirigió el programa literario de TV Vano Oficio por 7 años. Ha sido elegido como uno de los esccritores latinoamericanos más importantes menores de 39 años por el Hay Festival, organizador del Bogotá39. Finalista del Premio Herralde del 2008 con la novela "Un lugar llamado Oreja de perro".

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