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Los terroristas no son locos

Por 27 de febrero de 2008 Sin comentarios

Andrés Ortega

Empiezan a abundar los estudios serios que reflejan que los terroristas ni son locos ni son nihilistas. Robert Pape hizo un estudio muy serio sobre los motivos estratégicos de los terroristas suicidas en su libro Morir para ganar (que en España publicó Paidós en 2006). La periodista y economista Annette Schaeffer abunda en esta racionalidad desde la psicología en un artículo en la revista Mind en EE UU, que se recoge en el último número de su versión española Mente y Cerebro.

La conclusión de Schaeffer, tras consultar a diversos especialistas, es que la mayoría de los terroristas "no son enfermos mentales", sino que esencialmente evalúan racionalmente los costes y beneficios de sus acciones "y concluyen que el terrorismo es beneficioso" para sus fines. También que las dinámicas de grupo y el liderazgo carismático cuentan mucho a la ahora de enrolar a gente en actividades terroristas.

Es verdad que los nuevos terroristas religiosos (que echa raíces en el pasado) son más peligrosos porque buscan "la destrucción del mundo occidental en nombre de Dios" y en vez de "temer a la muerte", se acogen a la idea de martirio. Pero esto no significa que no sean racionales. Los terroristas suicidas están mentalmente sanos en muchos aspectos, como reflejan entrevistas llevadas en Gaza y en otros lugares. Un comité de expertos llegó a la conclusión en 2005 de que la psicopatología individual no era suficiente para explicar el terrorismo. Los terroristas se sitúan dentro de la teoría de la "elección racional", lejos del lavado de cerebro, del aislamiento social o de la desesperanza que a menudo se les atribuye. Aunque hay excepciones, por ejemplo, los suicidas palestinos entre los que predominan la falta de educación, el desempleo o la soltería.

Lo importante de estos estudios es que llevan a la necesidad de enfrentarse a y luchar contra esta lacra de otras maneras. Por ejemplo, a  estudiar cómo se reclutan para facilitar acciones que permitan separarles del grupo terrorista en el que han entrado. Es decir, a luchar contra el terrorismo. Muchos de estos estudios son, lógicamente, patrocinados por Gobiernos, aunque luego no todos publiquen el resultado. Y para quien lo desee, Schaeffer brinda una página web de la Universidad de Maryland, patrocinada por el Departamento de Seguridad Interna (Homeland Security) que es una mina de artículos y libros sobre terrorismo.

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Andrés Ortega

Andrés Ortega Klein nació en Madrid en 1954. Es hijo de español (José Ortega Spottorno fundador de Alianza Editorial y de El País e hijo a su vez de José Ortega y Gasset) y francesa (Simone Ortega, autora de 1.080 recetas de cocina). Estudió bachillerato francés en Madrid, se licenció en Ciencias Políticas por la Universidad Complutense y posteriormente realizó un Master en Relaciones Internacionales en la London School of Economic (LSE) con una beca de la Fundación March. En Londres inició su carrera periodística como corresponsal para El País, pasando posteriormente a Bruselas donde cubrió el final de las negociaciones de ingreso de España en la hoy Unión Europea.  Durante la primera Presidencia española del Consejo comunitario en 1989, trabajó como asesor ejecutivo para el entonces ministro de Asuntos Exteriores, Francisco Fernández Ordóñez. A principios de 1990, pasó al recién creado Departamento de Estudios de la Presidencia del Gobierno encabezado por Felipe González, que dirigió entre 1995 y 1996. Se incorporó entonces a la sección de Opinión de El País como editorialista y columnista. En 2004, se convirtió en el primer director de Foreign Policy Edición Española (FP), publica por la Fundación FRIDE.  Junto a su labor de análisis de la realidad internacional en El País y en FP, ha publicado en numerosos medios especializados en España y otros países y participado en los principales foros. Ha publicado cuatro libros: El purgatorio de la OTAN (1986), La razón de Europa (1994); Horizontes cercanos: Guía para un mundo en cambio (2000) y La fuerza de los pocos (primavera de 2007). En 2002 fue galardonado con el Premio Madariaga de Periodismo Europeo (prensa escrita).

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