Ficha técnica

Título: Una verdad improvisada | Autora: Carmen M. Cáceres | Editorial: Pre-Textos | Colección: Contemporánea | Formato: Rústica | Páginas: 120 | Medidas: 23 X 14 cm | ISBN: 978-84-945788-6-1 | Fecha: 2016| Precio: 18 euros

Una verdad improvisada

PRE-TEXTOS

Todo comienzo de un amor es, como dice el hermoso título de este libro, una verdad improvisada en la que se entremezclan, por un lado, las expectativas hacia el futuro, y por el otro, la necesidad -no siempre fácil- de asumir el pasado.

Clara, aprovechando una enfermedad que deja temporalmente sin habla a Bruno, se sumerge en esa investigación de los primeros años de un amor adulto, un tipo de relación que no nace sólo con la fuerza de la novedad sino también con los celos inevitables, la inseguridad, el descubrimiento siempre tentativo de la persona a quien se está comenzando a amar…

Una verdad improvisada tiene el pulso narrativo de las grandes prosistas frontales del siglo XX: Marina Tsvietaieva o Natalia Gin

 

I

ME gusta creer que empezamos a vivir juntos con la delicadeza de no ser del todo conscientes. Es un departamento con aire, decía Bruno porque yo llevaba viviendo en Caballito menos tiempo que él en la Paternal. El living era un rectángulo de tres paredes lisas de argamasa y un ventanal al balcón, una terraza angosta a tres pisos de altura con un sillón de caña y un tendedero de aluminio que, invariablemente, amanecía todas las mañanas en el piso. Antes de que se mudara Bruno salía a fumar al balcón y me gustaba pensar que conocía los árboles del pulmón de manzana, que contemplarlos era entrar en una especie de trance doméstico -humilde, privado- pero no era así; cuando se vive sola la verdad se revela más cerca del vértigo que de la melancolía. Lo cierto es que apenas registraba los cambios evidentes -las hojas amarillas, la multiplicación de los brotes-, los árboles me interesaban más por su movimiento que por su tipo, y cuando finalmente Bruno se instaló, llenó el balcón de geranios y aquellos árboles volvieron a tener esa existencia secundaria y pasiva que tienen siempre los árboles urbanos.

     En lo que se refiere a las formas, no confiábamos en la voluntad. Los dos habíamos convivido con otras parejas antes con éxito relativo -ése el misterio, el auténtico misterio- y habíamos aprendido que la voluntad podía ser causa de un gesto imperdonable: la insistencia. Por eso preferimos no agotarnos antes de tomar las decisiones. A mí me alcanzó con descubrir una mañana a un hombre alsaciano afeitándose meticulosamente en mi baño. La espalda acanalada de Bruno, el movimiento lento mientras arrastraba la línea jamá inconsistente de una hoja de afeitar.

     Hay una ingenuidad que no vuelve, dijo Bruno un día, o lo dije yo, da lo mismo, estábamos de acuerdo.

[ADELANTO DEL LIBRO EN PDF]