
Ficha técnica
Título: Trilogía involuntaria | Autor: Mario Levrero | Editorial: Debolsillo | Colección: Contemporánea | Formato: bolsillo | Páginas: 472 | Medidas: 125 X 190 mm | ISBN: 9788466336697 | Fecha: sept/2016 | Precio: 12,95 euros
Trilogía involuntaria
Mario Levrero
La ciudad, El lugar y París son las tres primeras novelas de Mario Levrero. Publicadas entre 1970 y 1982, componen lo que él llamó «Trilogía involuntaria», pues comparten, sin deberse a un plan inicial, cierta unidad temática e incluso topológica.
Los personajes de La ciudad, El lugar y París pueblan escenarios sembrados de lastre y dilación, en los que el sueño da paso a la amenaza y lo fantástico aparece entre las ruinas de lo real. Reunidas por primera vez en un volumen único, estas nouvelles ocupan un lugar central en la obra de este maestro secreto.
La escritura de Levrero, articulada entre el humor y el desasosiego, se concreta en una prosa limpia, fondeada en lo psicológico, que retrata con asombrosa vivacidad el aislamiento y la alienación del hombre moderno. Mario Levrero, rara avis de la literatura hispanoamericana, ha sido comparado con Kafka y Onetti, y venerado por sucesivas generaciones de escritores desde hace más de treinta años.
Reseña:
«Un estilo y una imaginación como los de Levrero son raros en la literatura escrita en español.» Antonio Muñoz Molina
LA CIUDAD
Primera Parte
1
La casa, al parecer, no había sido habitada ni abiertas sus puertas y ventanas durante muchos años.
El interior estaba en orden, aunque adecuado al gusto y las necesidades de los anteriores habitantes -equivalente, para mí, a un desorden-. Pero, quiero decir, no había objetos tirados en el suelo, y los muebles, en lugares que si bien podrían no ser los indicados para mi comodidad, no estorbaban el paso, ni ocupaban posiciones sin sentido (como suele ocurrir, de encontrar una mesa de luz con la puerta vuelta hacia la pared, o una cómoda colocada de tal modo junto a otro mueble que resulta imposible abrir sus cajones).
Quizá antes de entrar, en el momento de abrir la puerta, noté la humedad; las paredes y el techo goteaban, todas las cosas estaban húmedas, como cubiertas de baba, el piso resbaloso. Y el aire enrarecido, con olor a cerrado y a larga ausencia de seres humanos.
El tiempo no ayudaba; desde hacía unos días no se veía el sol, y caía sin tregua una fina llovizna y, de vez en cuando, un chaparrón muy fuerte. La casa no tenía ningún sistema de calefacción; me iba a ser imposible desalojar la humedad por el momento.
En la cocina había un viejo primus, pero nada de combustible; sólo unas botellas, con olor a querosene, amontonadas debajo de la pileta, detrás de una cortina de nailon.