Ficha técnica

Título: Tras las huellas de Heródoto | Autor: Antonio Penadés Chust |  Editorial: Almuzara | Colección: Sotavento | Formato: Rústica con solapas | Páginas: 384 | Medidas: 14 X 21 cm | ISBN: 9788416392254 | Precio: 25 euros |  Adelanto del libro 

Tras las huellas de Heródoto

Antonio Penadés Chust

ALMUZARA

Tras las huellas de Heródoto es la crónica de un viaje que parte de Halicarnaso, precioso rincón del suroeste de la actual Turquía donde el «padre de la historia» vivió su infancia, y discurre por las antiguas ciudades de Mileto, Priene, Samos, Éfeso, Afrodisias, Hierápolis, Sardes, Esmirna, Focea, Pérgamo, Assos, Troya y Bizancio. El autor va siguiendo el itinerario del ejército del rey persa Jerjes en su expedición a Grecia mientras ahonda en la vida y el pensamiento de Heródoto -un ejemplo por su amplitud de miras y su respeto al otro- y describe el impresionante legado de los griegos antiguos, clave para comprender nuestra civilización actual. Además de adentrarse a fondo en la historia de Grecia y en la obra de Heródoto, este «viaje íntimo e intenso» recorre toda la ribera oriental del mar Egeo, desde el suroeste de Turquía hasta Estambul. La antigua Jonia, en la costa mediterránea de la actual Turquía, fue la región donde se forjó la esencia de nuestra civilización occidental; un proceso que nació en los llamados «siglos oscuros», allá por el año 1000 a.C., cuando grupos de hombres que huían del hambre que azotaba Grecia cruzaron el Egeo en sus naves, acompañados por sus mujeres y niños, y desembarcaron en las costas que recorre nuestro itinerario. El viaje incluye una incursión a las regiones del interior de Asia Menor, así como un salto a la isla griega de Samos, donde Heródoto vivió durante una etapa de su juventud, con el fin de completar la experiencia de este impresionante camino histórico.

«Como único equipaje opté por una mochila con algo de ropa, una cámara de fotos, una buena novela y varias guías arqueológicas; y, ante todo, resolví dejarme llevar por el firme propósito de acercarme en lo posible al autor de la Historia, esa obra singular, tan repleta de épica y a la vez de magia, que me asombró y me alumbró cuando era joven.»

INTRODUCCIÓN

La antigua región de Jonia, en la costa mediterránea de la actual Turquía, fue el lugar donde se forjó la esencia de nuestra civilización occidental; un proceso que nació en los llamados «siglos oscuros», allá por el año 1000 a.C., cuando un puñado de familias que huían del hambre que azotaba Grecia cruzaron el mar Egeo en sus destartaladas naves y desembarcaron en las costas de Asia Menor. Aquellos colonos griegos rehicieron sus vidas en fértiles valles de clima templado mientras que sus descendientes, herederos de ese mismo espíritu emprendedor, se enriquecerían conectando los puertos del Mediterráneo con las rutas comerciales que conducían al corazón del continente asiático.

     Cuatro siglos después, a mediados del VI a.C., el poderoso Imperio persa invadió Jonia. Su dominio no suponía una carga excesiva porque los persas otorgaron a sus súbditos un amplio margen de libertad, limitándose a exigir a los gobernantes locales un tributo anual. Los ciudadanos jonios continuaron disfrutando de una vida relajada, mucho más que la del resto de los griegos, y aunque el comercio, el disfrute y la reflexión constituían la base de su existencia, Aristágoras, el tirano de la ciudad de Mileto, se dejó guiar por su interés personal y su ambición política y se empeñó en organizar una rebelión para segregar la región del Imperio persa.

     Con la necesaria ayuda de los atenienses, a quienes Aristágoras había conseguido convencer gracias a su intervención en la Asamblea de Atenas, las tropas jonias se presentaron en verano de 499  a.C. en Sardes, la capital de Lidia, donde residían los mandatarios del extremo occidental del imperio asiático. El sátrapa persa y su guarnición militar, en franca minoría, se refugiaron en la Acrópolis al ver que los jonios invadían la ciudad baja. Quizás todo habría quedado en un simple incidente si uno de los soldados griegos no hubiese acercado una antorcha a la techumbre de una casa, construida con paja como todas las demás, provocando que el fuego se propagara a la vivienda más cercana y de ahí a las del barrio entero. El incendio de Sardes alcanzó tal magnitud que toda la población se vio obligada a refugiarse en las aguas del Pactolo, el río que atravesaba la ciudad, muriendo calcinados quienes no se apresuraron hasta su cauce. Cuando las llamas llegaron al templo de la «Gran Madre» Cibeles, la diosa más venerada por los lidios, los griegos se percataron del exceso cometido y huyeron a toda prisa hacia Mileto.

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Antonio Penadés Chust

Antonio Penadés Chust (Valencia, 1970), historiador, periodista y abogado, es autor de la novela El hombre de Esparta (2005), coautor de Cinco miradas sobre la novela histórica (2009) y autor del ensayo El declive de Atenas (2013) -Premio Hislibris de honor 2012-. Dirige el curso de narrativa del Museo L'Iber y publica artículos y reseñas en distintos medios. Preside la asociación Acción Cívica contra la corrupción. www.antoniopenades.es

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