Ficha técnica

Título: Poesía | Autor: Jorge Manrique | Edición, estudio y notas: Vicente Beltrán | Editorial: RAE, Galaxia Gutenberg y Círculo de Lectores | Colección: Clásicos | Páginas: 260 | ISBN: 978-84-15863-41-0 | Precio: 23,65 euros

Poesía

Jorge Manrique

GALAXIA GUTENBERG

CÍRCULO DE LECTORES

Los versos inmortales de Jorge Manrique, entre ellos las Coplas a la muerte de su padre, nos hablan de la fugacidad del tiempo y del peso de las virtudes personales a la hora del destino.

Presentación

Hasta hace pocos años, la poesía amorosa de Jorge Manrique se consideraba obra menor porque reflejaba usos anteriores a la introducción del petrarquismo, base de la sensibilidad amorosa moderna. Sin embargo, las Coplas a la muerte de su padre bastaron para mantener al autor en el núcleo de nuestro canon literario, aun respondiendo a un impulso único y coherente: la interpretación de las dos experiencias básicas de nuestra cultura (Eros y Thanatos, el amor y la muerte) desde la escala de los valores corteses. Pero ninguna de las vertientes de la poesía manriqueña es plenamente comprensible sin la necesaria atención a su contexto.

La nobleza medieval (y en particular la castellana del Cuatrocientos) fue una fuerza social compleja. Eran soldados de fortuna que usaban su poder (su fuerza militar y la capacidad de negociación que les otorgaba) en su beneficio personal. Cuando faltaba una autoridad fuerte que moderara o canalizara su violencia, su capacidad de destrucción era infinita. Para evitar o suavizar sus conflictos internos, la propia nobleza creó ciertos mecanismos compensatorios, y el primero fue la cortesía. Acatar a los superiores, respetar a los iguales y, sobre todo, a los desarmados (las clases sociales inferiores, las mujeres), poner la fuerza bajo el control de la razón, limitarla mediante un código ético riguroso, permitía limitar el ejercicio de la violencia a ciertos contextos, evitarla en otros y embridarla mediante normas estrictas. Desarrollar una sociabilidad sofisticada compensaba y justificaba los privilegios de los poderosos y evitaba su degeneración en una barbarie incontrolada.

La Iglesia intentó dominar esta ética, pero fracasó. Además de una fuerza moral era también una fuerza social y política, y los nobles corrían el peligro de verse dominados y expulsados del poder, o utilizados en beneficio de otros. Los experimentos de este tipo (el más prestigioso de los cuales fue el Libre de l’ordre de cavalleria de Ramón Lull), aunque fueran muy divulgados, tuvieron una influencia limitada. El resultado, pues, fue un cierto proceso de secularización en el que la sociedad aristocrática creó una escala de valores que se superponía a la cristiana y, en algunos aspectos, se oponía frontalmente a ella: el desafío, la dignificación de la mujer y la legitimación del amor fueron los puntos más conflictivos. Fue un sociólogo, Norbert Elias, quien comprendió la importancia de esta innovación ética cuya difusión a las demás clases y cuya divulgación y democratización, continuada durante siglos, creó las bases de lo que hoy entendemos como civilización occidental.

Sin hacernos cargo de tal situación no entenderíamos algunos aspectos de la literatura medieval y renacentista. ¿Para qué servía la literatura? ¿Qué mecanismo la convertía en un instrumento de legitimación de los poderosos? ¿Por qué se reescribieron durante siglos las novelas artúricas y corteses en general? ¿Qué fuerza determinó que durante siglos se compusieran y copiaran miles de volúmenes de poesía en todas las lenguas de cultura? ¿Qué función ejercían un culto del amor (aunque los usos eróticos reales sólo superficialmente se adaptaban a él) y una reivindicación de la dignidad de la mujer (aunque en la realidad cotidiana resultaba escaso el respeto que se le concedía) que desquiciaban literalmente a los clérigos? El proceso nunca fue sencillo: baste recordar cómo durante siglos los lectores se sentían identificados con los conflictos interiores de Francesco Petrarca o Ausiàs March, desgarrados entre un amor íntimamente irrenunciable y una piedad religiosa objetivamente imprescindible, aunque incompatible con él.

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Jorge Manrique

Jorge Manrique (Paredes de Nava, Palencia - Santa María del Campo Rus, Cuenca, 24 de abril de 1479)2 fue un poeta castellano del Prerrenacimiento, sobrino del también poeta Gómez Manrique. Es autor de las Coplas a la muerte de su padre, uno de los clásicos de la literatura española de todos los tiempos. Su obra poética no es extensa, apenas unas 40 composiciones. Se suele clasificar en tres grupos: amoroso, burlesco y doctrinal. Son, en general, obras satíricas y amorosas convencionales dentro de los cánones de la poesía cancioneril de la época, todavía bajo influencia provenzal, con un tono de galantería erótica velada por medio de finas alegorías. Sin embargo, entre toda ella, destacan de forma señera por unir tradición y originalidad las Coplas por la muerte de su padre. En ellas Jorge Manrique hace el elogio fúnebre o planto de su padre, Don Rodrigo Manrique, mostrándolo como un modelo de heroísmo, de virtudes y de serenidad ante la muerte. El poema es uno de los clásicos de la literatura española de todos los tiempos y ha pasado al canon de la literatura universal. Lope de Vega llegó a decir de ella que «merecía estar escrita en letras de oro». En ella se progresa en el tema de la muerte desde lo general y abstracto hasta lo más concreto y humano, la muerte del padre del autor. Esboza Manrique la existencia de tres vidas: la humana y mortal, la de la fama, que es más larga, y la eterna, que no tiene fin. El propio poeta se salva y salva a su padre mediante la vida de la fama que le otorgan no sólo sus virtudes como caballero y guerrero cristiano, sino mediante la palabra poética. La métrica adoptada, la copla de pie quebrado, presta al poema, al decir de Azorín en Al margen de los clásicos, una gran sentenciosidad y un ritmo quebradizo y fúnebre como el repique funeral de una campana. La inspiración bíblica viene desde el Eclesiastés y los Comentarios morales al Libro de Job de San Gregorio. Resuena asimismo el fatalismo de los tópicos medievales del ubi sunt?, vanitas vanitatum, homo viator. Se dispone actualmente de una edición crítica de las Coplas debida a Vicenç Beltrán (Barcelona: PPU, 1991); los testimonios más antiguos de las Coplas a la muerte de su padre proceden de los cancioneros de Baena, de Egerton y de Oñate-Castañeda, así como de las primeras ediciones (las de Hurus y Centenera). Fueron glosadas por innumerables autores (Alonso de Cervantes, Rodrigo de Valdepeñas, Diego Barahona, Jorge de Montemayor, Francisco de Guzmán, Gonzalo de Figueroa, Luis de Aranda, Luis Pérez y Gregorio Silvestre) e incluso merecieron el honor de una traducción al latín, y su influjo se hace sentir en grandes poetas como Andrés Fernández de Andrada, Francisco de Quevedo o Antonio Machado.Los recursos métricos de su poesía prefieren las formas pequeñas y preciosistas frente a las vastas composiciones denominadas decires. Se limitan al uso reiterado de la canción trovadoresca, la copla real, la copla castellana, la copla de pie quebrado (de la que fue inventor su tío, el también gran poeta Gómez Manrique), la esparza (una sola estrofa que condensa un pensamiento artísticamente expresado) y la copla de arte menor. La rima en ocasiones no está muy cuidada. No abusa del cultismo y prefiere un lenguaje llano frente a poetas como Juan de Mena y el Marqués de Santillana y, en general, de la lírica cancioneril de su tiempo; ese es un rasgo que individualiza bastante al autor en una época en que la presunción cortesana hacía a los líricos cancioneriles exhibir su ingenio mediante un prematuro conceptismo o bien demostrando sus conocimientos con el latinizamiento de la escuela alegórico-dantesca. El estilo de Jorge Manrique anuncia la claridad y el equilibrio renacentistas, y la expresión es llana y serena, acompañada de símiles, como es propio del sermo humilis o estilo humilde, el natural y común de la literatura didáctica. Hay incluso vulgarismos, que dan un aire de sencillez y sobriedad, y que los hace encajar perfectamente en las técnicas retóricas y juegos de palabras típicos de los poetas cuatrocentistas. Por otra parte, la importancia que se da a la vida que proporciona la fama y la gloria mundana, frente al ubi sunt? medieval, es también un rasgo de antropocentrismo que anuncia el Renacimiento.Las dos composiciones dedicadas a su mujer deben ser de la época de su matrimonio, hacia 1470; las Coplas, del verano de 1477; las Coplas póstumas serán, según la rúbrica que las acompaña, de poco antes de su muerte y la Pregunta a Guevara, de hacia 1465.

Obras asociadas