Ficha técnica

Título: Hombre sobre una escultura | Autor: Álvaro del Olmo | Ilustración: Sol Undurraga | Colección: Rayos Globulares | Editorial: Rayo Verde (Páginas: 440 | ISBN: 978-84-15539-75-9 | Formato: 21,3 x 14, 3  | Precio: 20,00 euros

Hombre sobre una escultura

Álvaro del Olmo

RAYO VERDE

Ésta es la vida de un grupo de amigos (un fotógrafo, una actriz y el crupier de un casino) que acompañarán a Hércules Degard, protagonista y narrador, en su extraño intento de transformar la sociedad a través del arte.

Los sueños y la vigilia de Hércules se entremezclan así con una sutil operación de desfalco que se verá amenazada por la pronta aparición de una antigua musa del protagonista, que encierra más de un misterio.

Álvaro del Olmo nos ofrece con su primera novela, una apuesta brillante; una creación curiosa, inquieta y provocadora. Una magnífica obra, sin un lugar ni tiempo definidos, que nos sorprende con un estilo arriesgado y original que será difícil de olvidar.

“Existen momentos en mi vida como librero que me obsesiono con un libro, con la vida de un escritor que me ha provocado tal ansiedad por recomendarla que no he sabido salir de ese callejón hasta que se produce el mismo milagro con otro título. Ahora, cuando estamos a punto de cerrar el año, aparece uno de los libros más fascinantes, inteligentes y complejos de todo el año. Hombre sobre una escultura es puro inconsciente que avanza como un torrente mezclando la acción con el pensamiento en primera persona de un Ulises que te atrapa en sus dudas y miedos, en sus ilusiones y sueños; un poderoso protagonista que inquietará a quien se atreva con una novela nada fácil, pero sugerente y ambiciosa. Explicar que me ha conmovido tanto de esta obra es una tarea casi imposible, sólo puedo decir que os atreváis con ella, os dejéis llevar y todo se irá construyendo en vuestra imaginación como si de un rompecabezas se tratase. Una vida de esas que no importa lo que cuenta, sino cómo lo cuenta, el placer de leer en estado puro”. Pedro González.  Librería Hipérbole

“Decía Wilde que la música es el más perfecto modelo de arte porque no puede revelar nunca su último secreto. Del Olmo también cree en las propieda- des de la literatura como guardián de secretos, o como caja mágica con doble fondo. De ahí su decidida voluntad por pillar desprevenido al lector y que no sepa cuál es la próxima jugada.” Tino Pertierra, La Nueva España

I

Seis dieciséis. Diáfano. Ya se lo dije a Sophie antes de entrar, antes de desenrollarme la bufanda, dejarla colgando al hombro y prolongar la cola en el cuartito. Pobre cuartito, falto de pintura y luz. Pobres desconocidos. Alguno teme que lo reconozcan, teme coincidir por cruzar sin querer la mirada. En la intimidad puede tener sentido, pero cada segundo en la cola visible es más tiempo para mirarse las tripas, y qué incomodidad ¿Qué hará aquí este hombre, qué falta le hará? Tal vez acostumbre a ir al Casino o a los caballos y aquí venga de encargo por culpa de un capricho ajeno. Además, está contento, no se avergüenza, luce el contraste del traje con las grietas de la pared. Vaya, este otro sí que lo necesita. Si da con el reintegro y recupera lo perdido, se sienta a mirar el boleto frente a la tele de su casa, se tienta el bolsillo, ojea las facturas sobre la mesa, se atusa la calva, oye un grito de su mujer enfadada por algo, da una excusa y se larga otra vez a la calle a por tabaco, o a por cigarros a Cuba. ¿Exagero? No sé si exagero, pero cómo no hacerlo si la cola de individuos dispares esperando turno para elegir números, a la manera de nadie sabe cómo, tiene algo de onírico o de ecuménico. No sé si ecuménico. ¿Ecuménico? ¿Era relativo al orbe, o una cuestión bovina? 
     Seis dieciséis. Sophie cree que lo he dicho por decir, que estoy jugando a ser adivino. Marca, le digo; seis dieciséis. El resto aún no lo sé, pero los dos primeros están claros. Marca tú, dice ella, algo molesta, pero conserva la elegancia.
 
     Le arrebato el boli. Dos crucecitas. No hay duda, van directamente adonde tienen que ir. Seis dieciséis. Debí heredar su ritmo de alguna palabra importante, o tal vez los fonemas casen con algo que olvidé hace poco.

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Álvaro del Olmo

Álvaro del Olmo (Madrid, 1982) escribía de pequeño revistas sobre unos presuntos misterios del universo, totalmente inventados. Pianista y ajedrecista diletante, le gusta ojear libros sobre ciencias e idiomas que no comprende en absoluto. Estudió ingeniería y años más tarde empezó a estudiar filosofía. Gracias al 15M ahora considera la esperanza, como decía Ernst Bloch, como un principio rector del pensamiento. Desde entonces cree que ya no hay excusa para sentirnos solos.

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