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Blogs de autor

HUELLAS DE DYLAN

Por 18 de julio de 2007 Sin comentarios

Javier Rioyo

Muchos de mi generación, al menos de mis cercanías, somos más hijos de Dylan que de ningún otro músico. Me han gustado, me siguen gustando otros muchos. Y otras músicas. Otras letras. Los franceses que cantaron a nuestra generación de mayores. Los chicos del pop. El rock en todas sus formas. La canción de autor. Algunos románticos. Otro rotos… Una larga vida de acompañarnos por músicas. Y además el jazz. Y toda la música clásica. Viviría con muchas músicas, con muchos músicos. Quiero decir que viviría escuchando, dejándome llevar, cantando en privado, no que viviría con músicos. No soportaría ni a la más hermosa. Creo que son aún más complicados que los escritores. Aunque es un poco estúpido lo que digo porque en general es difícil vivir con alguien, no importa cuál sea su profesión. Pero ese no es el tema. El asunto es Dylan y no quiero desviar mi camino.
Se estrena en circuitos pequeños un documental de Francisco Merinero, “las huellas de Dylan” donde algunos dylanianos españoles hacemos fe y confesión de nuestra admiración al raro judío.

Se grabó siguiendo sus conciertos de un verano de hace dos años. Aún no lo he visto. Pero sí recuerdo que, entre otras entregas sin fisuras, conté la decepción, el cabreo que me produjo enterarme que el inclasificable Bob cantaría en el Vaticano y para el Papa, Woytila. Pero uno no se quita de Dylan. Como no se cambia de equipo, ni de gustos culinarios. Y tuve que asumir que él también era así, un genio con contradicciones. Como otros que me han gustado en mi vida. No es bueno idolatrar. Es absurdo e infantil. Pero enseguida volví a querer a Dylan. Además me pilló aquellas genuflexiones de rodillas ante el Papa en Italia, en el pueblo de Fellini, Rímini. Y en aquellos días hubo un severo terremoto que casi termina con las obras de Cimabue y otros de las iglesias de Bari. Se salvaron muchas cosas. Pensé en dos cosas, en el milagro y en el castigo. Y me di cuenta que podía caer en pensamientos no lógicos como mi admirado Dylan. Y le perdoné. Me perdoné. Siempre volvemos a Dylan.

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Javier Rioyo

Javier Rioyo (Madrid, 1952) es licenciado en Ciencias de la Información. Periodista, escritor, director y guionista de cine, radio, televisión y dramáticos. Dirigió y presentó el programa semanal de libros Estravagario en TVE 2, con el que obtuvo el Premio Fomento a la Lectura 2005, concedido por la Federación del Gremio de Editores de España. También ha sido responsable de cultura y libros en el programa diario Hoy por hoy de la cadena SER. Es colaborador habitual de El País (escribe para el suplemento semanal Domingo) y de la revista Cinemanía. En televisión, Rioyo ha presentado el programa "El Faro" del canal Documanía y ha obtenido dos premios Ondas en Radio y uno en Televisión. Ha sido guionista de numerosos festivales de música para Canal+, así como de los premios Goya, y de diversos programas de radio y televisión. También coordinó los guiones para la serie Severo Ochoa. Ha dirigido y participado en cursos de Comunicación y Cultura en diversas universidades españolas. Formó parte del Comité Asesor de Alfaguara y ha sido jurado de festivales de cine y premios literarios en varias ocasiones. Es autor del libro Madrid: casas de lenocinio, holganza y malvivir (Espasa Calpe, Premio 1992 Libros sobre Madrid); y de La vida golfa (Aguilar, 2003). En 2005, con su productora Storm Comunicación, realizó la producción ejecutiva y el guión de Miracolo Spagnolo, un documental para la RAI sobre la llegada de José Luis Rodríguez Zapatero al gobierno y su primer año de legislatura. También dirigió y produjo Alivio de luto, un vídeo documental en el que entrevista a Joaquín Sabina; así como Un Quijote cinematográfico. En 1994 fundó la productora Cero en conducta, con José Luis López-Linares, con la que tuvo a su cargo el guión y la dirección de Alberti para caminantes (2003); y la producción ejecutiva y el guión del largometraje Un instante en la vida ajena (2003), que obtuvo el Premio Goya al mejor documental; así como de Tánger, esa vieja dama (2002). También ha codirigido con José Luis López-Linares el cortometraje Los Orvich: Un oficio del Siglo XX (1997), y los largometrajes Extranjeros de sí mismos (2001), nominado al mejor documental en la XVI edición de los Premios Goya; A propósito de Buñuel (2000); Lorca, así que pasen cien años (1998), nominado a los premios Emmy 1998; y Asaltar los cielos (1996), nominado a los premios Goya al Mejor Montaje, y ganador del Premio Especial Cine, de los Premios Ondas 1997.

En 2011 fue nombrado director del centro del Instituto Cervantes de Nueva York en sustitución de Eduardo Lago.​ Ocupó el cargo hasta septiembre de 2013, cuando fue sustituido por Ignacio Olmos.​ En 2014 fue nombrado responsable del centro del Instituto Cervantes en Lisboa.​ En febrero de 2019 deja el cargo y pasa a dirigir el centro de Tánger de la misma institución.

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