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"Es nuestro privilegio como escritores el darle montañas a un pobre país que no las tiene."

Por 15 de febrero de 2012 Sin comentarios

Iván Thays

Cees Nooteboom
Como dice Verónica Chiaravalli, es un lugar común hablar de Cees Nooteboom y mencionar que es un bolo fijo para ganar el Premio Nobel de Literatura. El narrador holandés bromea con eso: ?Como dijo mi amigo Hugo Claus, el premio Nobel deberían dármelo ya, aunque sólo sea por razones humanitarias?. El ADN Cultura de la última semana le dedica su nota principal a Nooteboom, con un largo texto de Chiaravalli, una entrevista donde habla de sus últimos libros y de sus obsesiones de siempre.
Dice la nota:

En 1992, durante un simposio organizado en Múnich con el título ?El giro de la literatura?, el escritor holandés Cees Nooteboom (que ante la solemnidad declina inevitablemente hacia el tedio y sólo revive por la alegría de una paradoja o la posibilidad de alguna amable ironía) invirtió los términos del problema propuesto y planteó: ?¿Creen ustedes realmente en la literatura? Porque, en ese caso, quizás habrían hecho la pregunta inversa: ¿En qué medida depende la realidad de la literatura???. Respuesta: ?Sin Homero no habría guerra de Troya, sin Balzac no habría burguesía francesa del siglo XIX, sin Joyce no habría Dublín, sin Shakespeare no habría Ricardo III, sin Musil no habría monarquía austro-húngara?. Sin Nooteboom, podríamos agregar, no habría montañas en Holanda (que la topografía niega pero allí están, en el título del libro En las montañas de Holanda ), ni un hotel con base en Shangri-La desde donde se puede ver la Estatua de la Libertad envuelta en la medianoche de Manhattan (el ?Hotel Nooteboom?, integrante de la cadena de relatos Hotel Nómada ); sin Nooteboom no habría conmovedoras resonancias socráticas en la muerte de un humilde profesor de griego y latín ( La historia siguiente , premio Grinzane Cavour), ni zorros nocturnos como heraldos de la muerte, zorros no del todo reales, acaso rojizos, metonimia del cabello de la hermosa mujer que en los últimos segundos de su vida siente por sí misma y por primera vez un amor lleno de compasión y serenidad ( Los zorros vienen de noche ).
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Nooteboom visitó la Argentina en septiembre del año pasado, invitado para participar en el Festival Internacional de Literatura de Buenos Aires (Filba). Se quedó un mes y medio, viviendo en un departamento que alquiló en la calle Azcuénaga, en Barrio Norte. ?El espacio ha de ser conquistado, comoquiera que sea?, escribió en su libro de viajes Hotel Nómada . ?A orillas del Río de la Plata encontré dos piedras que me gustaron. Para hacerme un pequeño territorio en Buenos Aires, las puse sobre la mesa del departamento. A partir de ese momento, ese espacio fue mío?, dijo ante el público que colmó la librería Eterna Cadencia para escucharlo hablar sobre su obra y su vida, durante el diálogo que mantuvimos como parte del festival y que se actualiza en estas páginas. Después, en la privacidad apacible del whisky y el descanso, me habló del libro que estaba escribiendo: Cartas a Poseidón . Ahora, ya lejos de Buenos Aires, acaba de terminarlo. Este año se publica en Holanda y Alemania; probablemente también en Francia y en España, editado por Siruela. ?En febrero de 2008, mientras estaba trabajando en Los zorros? , visité Múnich y compré un libro de non fiction de Sándor Márai: Las cuatro estaciones -escribe Nooteboom desde la ciudad de Missen-. Los inviernos en esta parte de Alemania pueden ser muy fríos, pero era un día soleado y la gente estaba sentada al aire libre. Busqué un lugar para instalarme con mi libro recientemente adquirido, una especie de diario de notas, una por cada día, piezas cortas como yo solía escribir en los años sesenta, y de pronto sentí la urgencia de volver a escribir prosa corta, no para un diario, como antes, sino notas muy personales. Cuando levanté la mirada, descubrí que la terraza donde estaba sentado pertenecía a un pequeño restaurante de pescados llamado ?Poseidón?. Entendí eso como una suerte de signo y decidí aceptarlo: escribiría cartas al Dios del Mar, Poseidón. He tenido una educación clásica, en mi escuela secundaria, aparte de las tres lenguas modernas, francés, inglés, alemán, teníamos también griego y latín. A Poseidón, por supuesto, yo lo conocía de la Odisea y la Ilíada. ?
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El corresponsal de Poseidón es un avatar de Nooteboom fácilmente reconocible (?una persona muy curiosa, rodeada de libros, pero también un viajero nómade?), que no hace promesas ni pide favores. ?Creo que durante mucho tiempo necesité alguien a quien escribir. El mundo está lleno de maravillas y algunas veces, las cartas contienen preguntas: ¿qué pasa cuando una ballena muere? ¿Leyó Poseidón a los filósofos griegos, leyó lo que Kafka escribió sobre él? ¿Cuál es la diferencia entre mortales e inmortales? ¿Por qué el Dios de los cristianos ha existido desde siempre, mientras que los dioses griegos son eternos en una sola dirección, puesto que han nacido en un momento determinado? En esas cartas hay cosas que trato de entender, como la teoría cuántica, la impredecible conducta de las partículas invisibles, mi relación con Orión, mi preferida entre las constelaciones del cielo, y su triste historia de amor.?
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Las preocupaciones existenciales y metafísicas ocupan el centro de la narrativa de Nooteboom. Sus crónicas de viajes, sus relatos y sus novelas (su poesía, por supuesto) son reflexiones articuladas literariamente sobre problemas como la naturaleza del tiempo o el modo en que la muerte transforma las vidas. De los vivos y de los muertos.
El último libro de Nooteboom que ha llegado a la Argentina se titula Los zorros vienen de noche (Siruela). ?Es un libro sobre el duelo, el luto y la memoria?, dice el autor. Los ocho relatos que conforman la obra se enlazan sutilmente por un mismo hilo argumental. Son vidas de muertos, hechos del pasado, convocados a la memoria por la contemplación persistente de alguna fotografía que oficia de médium en el ritual necesario para acceder al reino de lo inmaterial. ?Mi mujer es fotógrafa. Antes de conocerla a ella he escrito unos diez o quince libros de viajes, por todos los continentes, acompañado por un fotógrafo amigo. La fotografía siempre ha estado a mi lado, voy a las exposiciones y me interesa muchísimo, como ayuda memoria pero también en el sentido en que las fotos aparecen en este libro: como fuentes de las que siempre surgen las historias, ya sea porque alguien mira la foto de alguna persona que ha desaparecido o porque contempla su propio pasado en una foto de veinte años atrás.?
En ese diálogo tabicado entre vivos y muertos (para los que aún respiran el discurso de los muertos es confusamente perceptible), Nooteboom despliega con regocijo su fantasía, no para crear el mundo de la eternidad sino para describir los últimos segundos antes de la disgregación definitiva. ?Ése es el privilegio de los escritores. Mire, Holanda es un país completamente llano, no tenemos montañas. Y sin embargo yo he escrito un libro que se llama En las montañas de Holanda. Y un amigo alemán, que se encontraba en Londres cuando allí apareció una crítica muy favorable de mi libro, lo quiso comprar, fue a la librería de Harrods y el vendedor, después de consultar el catálogo de la casa en el rubro Montañismo, le dijo que no lo tenía. En ese momento la ficción que yo había escrito se convirtió en realidad. Está muy bien, es nuestro privilegio como escritores el darle montañas a un pobre país que no las tiene. En Los zorros vienen de noche , la quintaesencia de uno de sus cuentos principales es que la mujer que lo protagoniza muere. Yo no creo en la vida después de la muerte, pero, como con las montañas de Holanda, hay que imaginarla. Y lo primero que se me ocurrió fue dotar a esta mujer de una poderosa sensación de extrañeza y de sorpresa, porque se encuentra con que no hay categorías cuando uno ha muerto. Ella aún quiere hablarle a alguien pero no puede porque lo que dice no significa nada para los mortales. Tampoco existe el tiempo en la muerte, y lo más sorprendente es que no hay otros. Porque tenemos la idea de que en el cielo hay otros, en el infierno hay otros; cuando Ulises baja a ver a Aquiles, hay otros. Pero la mujer de mi cuento descubre que no hay nadie, que la muerte es una soledad increíble, e intenta explicar eso sin las palabras que usamos habitualmente. Ella recuerda sus últimos segundos y siente, cómo decirlo, tal ternura hacia sí misma? y de pronto, en los últimos instantes de su vida, se enamora de su pelo, porque es muy hermoso, y luego muere. ¿Por qué no??
El tema había sido anticipado en La historia siguiente . ?Sí. En La historia siguiente un hombre se acuesta en su cama, en Ámsterdam, y se despierta a la mañana siguiente en Lisboa. Esto es imposible, pero subyace allí algo real, porque él, en verdad, está en su cama, en Ámsterdam, sufriendo un infarto, y toda la novela transcurre en esos segundos finales, tan mentados, en los que, como dice la sabiduría popular, puedes ver pasar tu vida como en un film. He usado una idea corriente, y durante todo el libro el hombre está soñando. Después de despertar, se embarca con otros siete personajes que también están en los dos últimos segundos de sus vidas y relatan el momento de su muerte a una mujer que, claramente, es distinta para cada uno de ellos. La idea detrás de todo esto es que hay que hacer un trabajo de memoria antes de que uno verdaderamente pueda dejarlo todo.?
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También es un rito -mucho más luminoso, en este caso- lo que permite que evolucionen las páginas de Cartas a Poseidón : el hombre que escribe deposita sobre una roca cada carta, en la esperanza de que las olas al romper las lleven hasta el centro del mar, a los dominios del dios. Finalizada la tarea, Nooteboom la evoca con felicidad: ?Fue un enorme placer escribir este libro. Recuerdo haber estado en Buenos Aires, sentado en el café El Hipopótamo, pensando que iría a casa, mi departamento en la calle Azcuénaga, y le escribiría a Poseidón sobre ese lugar y que, siendo un dios con todos los privilegios que eso conlleva, él sería capaz del ir a El Hipopótamo y sentarse a una mesa sin que nadie lo viera. La vida es un juego, y entonces lo veo sentado allí, con tridente y todo, empapado, mientras le sirven un café negro .?

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Iván Thays

Iván Thays es escritor peruano (Lima, 1968) autor de las novelas "El viaje interior" y "La disciplina de la vanidad". Premio Principe Claus 2000. Dirigió el programa literario de TV Vano Oficio por 7 años. Ha sido elegido como uno de los esccritores latinoamericanos más importantes menores de 39 años por el Hay Festival, organizador del Bogotá39. Finalista del Premio Herralde del 2008 con la novela "Un lugar llamado Oreja de perro".

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