
Ficha técnica
- Título: El caos y la noche | Autor: Henry de Montherlant | Editorial: Duomo | Colección: NYRB | Traducción: María Luisa Gefaell | Páginas: 224 | PVP: 14,00 euros | Distribución: noviembre de 2009 | ISBN: 9788492723164
El caos y la noche
Henry de Montherlant
Don Celestino es un anciano amargado y temeroso, un hombre insoportable. Un anarquista que ha vivido exiliado de su España natal más de veinte años. Reside con su hija en París, pero en su cabeza sigue combatiendo en la guerra civil española. Despotrica contra los titulares de los periódicos y alardea de sus hazañas del pasado. Se ha convertido en un ególatra intolerante y obsesivo; un bravucón para los demás compañeros exiliados y un tirano para su hija Pascualita.
Cuando un familiar muere en Madrid y hay que resolver el asunto de una herencia, Pascualita quiere ir a España, pues al parecer se está liberalizando con los cambios de los años sesenta. Don Celestino cree que no tiene más remedio que regresar. Está lleno de avidez y de terror, pues anticipa un último enfrentamiento con sus enemigos, pero lo que encuentra en cambio, es una nueva España mercantilizada que no tiene tiempo para el pasado y mucho menos para él. O al menos eso parece. Porque el último acto vertiginoso de la vida dramática de Don Celestino demostrará que «no hay nada grave…, solo tragedia:»
El caos y la noche desentraña los lazos entre la política y la paranoia, la aversión y la compasión, la rabia y el remordimiento. Es el florecimiento postrero del arte de Henry de Montherlant, un maestro moderno, solitario y escalofriante, cuya obra, admirada por Graham Greene y Albert Camus, cautivará sin duda a los lectores contemporáneos de Thomas Bernhard y Roberto Bolaño.
Esta edición castellana no sólo restituye por primera vez los fragmentos censurados de la magnífica traducción ya existente, sino que además ofrece al lector, en un apéndice, los pasajes de los contemporáneos cuadernos de Montherlant que revelan algunos mecanismos internos de la novela y aspectos de su recepción crítica.
A principios de abril de 1952 desarrollé, en dos páginas de mis Carnets, la idea que se desprende del final del capítulo VII de esta novela, tal como lo presento hoy.
Al despertarme durante la noche del 13 al 14 de enero de 1954 -tres semanas después del estreno de Port-Royal en la Comédie Française-, imaginé la acción novelesca capaz de expresar esta idea. Escribí en mi Carnet ocho páginas que resumían este relato.
Tuve algunas dudas en el momento de dar estado civil a mi protagonista.
¿Un español residente en España? Yo no tengo el conocimiento de la sociedad española que hubiera sido necesario. ¿Español residente en Francia? Parecía entonces razonable hacer de él un refugiado político, más que un español adicto al régimen actual. Eran los sentimientos propios del exilio, y el hecho de pertenecer a un partido derrotado, los que le conducían a la concepción en torno a la cual escribía yo este libro.
Así fui llevado, de una manera completamente accidental, a intentar poner en pie a un español republicano. Una vez tomada esta decisión, encontré tentador hacer de él un «falso hombre de izquierdas», que se cree anarquista pero pertenece ante todo a ese mundo ingenuo, amargo y maravilloso de los seres eternamente al margen, que por otra parte cultivan su singularidad, es decir, su ridículo, que me parecen frecuentes en la sociedad española y cuyo patrón es Don Quijote. Me vi llevado de la misma manera a evocar aquí y allá la guerra civil española, cuando nada me preparaba a hablar de ella. El novelista es a veces como un cazador que, persiguiendo una pieza, se ve arrastrado por ella y se encuentra de pronto perdido sin saber dónde.