Ficha técnica

Título: Cinco mujeres excepcionales | Autor: James Lord |  Editorial: Elba | Traducción: Dolores Payás | ISBN: 978-84-939902-0-6 | Formato: 12,5 x 20 cm | Páginas: 444 | P.V.P.: 26 euros

Cinco mujeres excepcionales

ELBA

 

 James Lord, el mejor cronista de la bohemia artística e intelectual del París de la segunda mitad del siglo XX, reúne aquí los retratos de cinco mujeres excepcionales a las que tuvo ocasión de conocer: Gertrude Stein y Alice B. Toklas, que no necesitan mayor introducción; la bellísima Arletty, icono del cine francés de la década de 1940, caída en desgracia por su romance con un alto oficial de las SS; Marie-Laure de Noailles, aristócrata, coleccionista de arte y de artistas y provocadora oficial de los círculos más selectos de París, y, por último, Errieta Perdikidi, una mujer en permanente exilio que accede a la excepcionalidad desde una pequeña isla griega por haberse labrado un destino absolutamente singular.

Las cinco historias configuran un retrato conmovedor de un mundo ya extinguido y de unas mujeres valientes, tenaces y, a su manera, profundamente revolucionarias, que hicieron de sus vidas una verdadera obra de arte, aunque s tuvieron que pagar un alto precio por ello. En todas sus páginas reverbera el don único de Lord para leer el alma humana y para representar el contraste entre la gloria externa y la soledad existencial de unas mujeres, a todas luces, fuera de lo común.

 

 

DONDE ESTABAN LOS CUADROS

(Gertrude Stein y Alice B. Stoklas)

 

I

 

Había varios visitantes en el estudio de Picasso cuando llegué a la rue des Grands Augustins aquella mañana de marzo en 1945. Pero finalmente tuvo tiempo para atenderme. Le di los buenos días.

– ¿Conoce a Gertrude Stein?- me dijo.

-No- le contesté, sorprendido. Pero ya entonces debería haber aprendido a no sorprenderme ante nada que dijera Picasso.

-Pues debería usted conocerla -dijo-. Al  fin y al cabo, los dos son americanos, y le resultará interesante. Ahora mismo la llamo y lo arreglo. Vive cerca de aquí.

Ignoro las razones por las que ese día Picasso decidió utilizar a la señorita Stein para liberar su estudio de un admirador que sobraba. No solía ser tan educado. En cualquier caso, tal y como pude apreciar más tarde, le interesaba poco el potencial placer o satisfacción de sus amigos, viejos o nuevos.

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