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Ficha técnica

Título: Abecedario de pólvora | Autor: Yordán Radíchkov | Traducción y notas: Viktoria Leftérova y Enrique Gil-Delgado | Editorial: Automática | Encuadernación: Cosido | Formato: Rústica con solapas| Páginas: 248 |ISBN: 978-84-15509-23-3 |Precio: 18 euros

Abecedario de pólvora

AUTOMÁTICA

La publicación en 1969 de Abecedario de pólvora supuso una auténtica convulsión en el panorama literario y la crítica búlgaros. Por primera vez se abordaban cuestiones como la revolución socialista o la resistencia antifascista huyendo de la simplificación y del ensalzamiento ideológico impuestos por el realismo socialista. Las historias que lo componen, a la vez sencillas y profundamente bellas, están impregnadas de una sabiduría popular que entronca con la tradición y el folklore búlgaros. Una puerta a un pequeño mundo rural y rico en elementos fantásticos (lo que le valió el calificativo de realismo mágico balcánico), poblado por héroes anónimos que, bien conduciendo su carro lleno de jarros y vasijas, amasando el pan cada mañana o tallando la piedra de las canteras, reivindican su papel en la epopeya de lo cotidiano.

LA CAPA

Todo el ganado que recorre nuestros montes es de raza pequeña: los animales grandes difícilmente subirían por los senderos de cabras. Las ovejas que tenemos no dan más que cuatro gotas de leche. Por la esquila, en primavera, también dan más o menos eso: cuatro puñados de lana. La hierba es tosca y rala. Los rebaños han de pasarse el día escarbando. Desde que soy persona y tengo memoria, así es nuestro ganado. Como dice el Dos cigüeñas: «Esto no es Alemania, donde crían ovejas como elefantes».

Sin embargo, hace algún tiempo que trajeron esa oveja de cara negra, la de Pleven (1). Tiene un morro alargado como de caballo y patas grandes, al igual que sus pezuñas. Nosotros creíamos que, al empezar las lluvias, sus pezuñas se pudrirían en el barro y que contraería la fiebre aftosa. Las lluvias llegaron, los caminos se cubrieron de barro, la oveja de cara negra de Pleven se hundía en el barro hasta las rodillas, si bien sus pezuñas resultaron ser más fuertes que la piedra; no le dio ninguna fiebre. Poco a poco la gente empezó a renovar los rebaños. Yo tenía algunas cabezas de las ovejas de antes, las vendí y compré de la raza de Pleven. La cara la tenían negra y las ubres también (aunque eran tan grandes como si fueran de cabra), pero su lana era blanca. Solo una de las ovejas era parda.

Al llegar la temporada de esquila, mi mujer me dijo: «Lázaro, ¿por qué no apartamos un vellón pardo y otro blanco para hacerte una capa? ¡Ya eres mayor, a tu edad no puedes ir sin capa!». Pues llevaba razón, de joven no parece adecuado llevar capa, pero a cierta edad uno no puede pasar sin ella. La verdad, yo ya tengo mis años: recuerdo dos terremotos y un eclipse solar.

De modo que apartamos el vellón de la oveja parda junto con otro más. La parienta hiló la lana, montó el telar y tejió un paño grueso a franjas: un palmo blanco, un palmo pardo, luego otro palmo blanco… alternando así, hasta tejer lo que hacía falta para la capa. Llevé el paño al batán.

(1) Pleven es una ciudad situada en la parte septentrional de Bulgaria

[ADELANTO DEL LIBRO EN PDF]

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