Los territorios del libro

TRAMA

Las librerías, las editoriales, los autores y sus lectores, la piratería y la censura, la autopublicación y los nuevos intermediarios, ellos y ellas… van delineando poco a poco un mapa que, finalmente, configura los territorios abiertos del libro -así, en minúsculas.

Y en estos territorios se producen incertidumbres y perplejidades, razonamientos de los que surgen contradicciones, certezas que se hacen añicos, verdades presuntamente insoportables que -nos dicen- llevan a un punto muerto, dichos y hechos que parecen contrarios a la lógica, y algún que otro duermevela que no debería ser más que la necesidad de poner atención en lo que se hace y lo que se dice.

Manuel Dávila Galindo Olivares, consciente de estas paradojas, aporías y desvelos en el mundo del libro, nos propone parar un momento, levantar la vista, trazar un horizonte, esquivar no pocos golpes, y ponerle mucho sentido común y más humor a estas nuestras cosas del libro.

SR. MCFLY,

BIENVENIDO A SU LIBRERÍA

     Creo que, desde el 2008, encuentro al menos una conferencia sobre «El futuro de las librerías» en cada feria del libro a la que asisto. De hecho, este tema parece tan preocupante que alguna vez crucé el océano para hablar durante 45 minutos sobre mi visión particular en este asunto. Es gracioso, una vez que me invitaron pasé un par de semanas pensando en mi propia relación con las librerías. Durante mucho tiempo pensé que era un lector y que ser un lector estaba intrínsecamente vinculado con asistir continuamente a distintas librerías. Supongo que todo lector comienza así, al menos en Latinoamérica, donde la red de bibliotecas públicas es tan útil como un par de mocasines en un partido de hockey sobre hielo.

     En México el tema de las librerías es botox en la frente de quien lo conoce. Es decir, el arqueo de cejas es el rasgo más común en las caras de todos los que se me acercan para preguntarme cuál es el estado de las librerías en México. Es sano, tan sano como puede ser un negocio con menos del 10 % de la población como sus posibles consumidores. Como en casi toda Norteamérica, en realidad el negocio de las librerías se compone de unas cuantas cadenas que han maniatado el mercado (entendamos por maniatar el proceso natural que ocurre cuando alguien compra mucho producto y sus competidores no compran tanto) y que después miran para atrás preguntándose, muy serias, cómo es que la cosa está tan crítica. Cómo es que hay tan poquitos lectores.