
Ficha técnica
Título: La previa muerte del lugarteniente Aloof | Autor: Álvaro Pombo | Editorial: Anagrama | ISBN: 978-84-339-7202-6 | Colección: NH 461 | Año publicación: 2009 | Precio: 16 euros | Páginas: 184 | Ilustración: grabado de Víctor Casanova Abós
La previa muerte del lugarteniente Aloof
Álvaro Pombo
Ésta es una novela de aventuras, un texto popular que el lector disfrutará desde la primera página hasta la última. Contiene además una meditación acerca de la aventura que forma parte de la trama misma de las aventuras que aquí se cuentan. Meditar acerca de sus aventuras no es lo propio del aventurero, que se limita a llevarlas a cabo.
Aquí tenemos un aventurero peculiar que es, además, reflexivo y que trata de entender por qué hace lo que hace, por qué se aventura en sus aventuras. El carácter, entonces, de este personaje sin nombre que atiende por un mote, «Aloof», se duplica porque, al preguntarse por el significado de sus aventuras, acaba preguntándose por el significado de su propia identidad. Pero la identidad de Aloof no queda clara, ni para él mismo ni para el narratólogo que, al cabo de los años, encuentra el manuscrito donde Aloof dejó registrada una de sus aventuras.
La trama de esta novela es, pues, en parte aventura y en parte filosófica gracias no sólo a la actividad del narratólogo que comenta lo que ocurre sino también gracias a que el otro protagonista de la novela, Lord Redkins, es también un aventurero reflexivo que sólo a medias cree que el correr aventuras signifique algo más allá de la propia acción de llevarlas a cabo. Queda finalmente el texto, la ficción, como el resultado objetivado de la experiencia de estos personajes, que quizá pueda arrojar algo de claridad sobre su pasado.
Este «diálogo» entre el texto del lugarteniente Aloof y el narratólogo, un «francotirador académico», es un sorprendente, magnífico, fascinante hallazgo de Álvaro Pombo, que se reafirma, una vez más, como uno de los mejores escritores en lengua española de nuestro tiempo.
Primeras páginas
La lluvia era todo lo que había. Y también los de abajo, que no eran del todo.
Esta frase del lugarteniente, anotada en su diario el domingo siete de diciembre, contenía, bajo su simple forma enunciativa, un doble deseo de que las cosas fueran como ahí se enunciaban, y no más bien como realmente son. Había y hay muchas cosas además de la lluvia en este mundo. Y los de abajo eran, y aún son, existentes del todo, valgan mucho o poco. Pero en la medida en que el lugarteniente creía en la verdad de su enunciado, éste funcionaba como una causa eficiente subjetiva que acercaba peligrosamente la vida del lugarteniente al autoengaño. Repleto de frases así, todo su diario. Frases dotadas de una cierta energía poética, a causa, quizá, de su universalidad. Si se hubiera limitado a anotar que el siete de diciembre había tenido la impresión de que lluvia era todo lo que había, porque, en efecto, ese domingo llovió mucho, su frase -aun siendo, sin duda, exagerada- no hubiera espertado mis sospechas. Los problemas comenzaban con la construcción en pasado de ese hecho, sin dotarlo de una referencia cronológica precisa. Según esa primera frase, todo el pasado es lluvia.