Danilo Kiš
Los seres humanos no son intercambiables. Así nos lo muestra Danilo Kiš, en estas memorables parábolas sobre la vida, el amor y la muerte. De su mano, el lector descubrirá una enciclopedia en la que se conservan, a través del tiempo y más allá de los secos y neutros datos registrales, los periplos vitales de un sinnúmero de muertos. En la enciclopedia de Kiš, nómina de lo excepcional cotidiano, conviven personajes anónimos y legendarios-un heresiarca contemporáneo de Jesús o los durmientes del Sura XVIII-, se reviven hitos seculares de la infamia-la muerte de un patriota, el singular destino europeo de un libro maléfico-y el pensamiento se proyecta hacia lo metafísico. Al cabo, en cada una de estas historias, habremos de reconocer lo que constituye nuestra auténtica, y no intercambiable, especificidad humana.
José Luis Borau
Como corresponde a su brillante labor cinematográfica, Borau despliega en este nuevo título su singular maestría con el diálogo y el dibujo de unos personajes tan variopintos como reconocibles, para brindarnos una literatura a un tiempo amena e inteligente. De hecho, Borau ha manifestado que en El amigo de invierno hay materiales que en su día podrían haber sido guiones cinematográficos, pero que al final se sustanciaron en relatos. En todo caso, según reconoce el autor, corresponden a un tiempo o a lugares vividos, a paisajes y sucesos que han pasado a su alrededor, si bien no constituyen una narrativa autográfica, género que rechaza. El autor ha confesado sentir una mezcla de expectación e inquietud ante la salida de su primer libro después de resultar elegido académico de la Lengua.
Sergio Ramírez
«Como era pleno invierno se suponía que el parque de atracciones Luna Park debía hallarse desierto. Pero no era así. Uno de sus palacios de fantasía, donde solía representarse The war of the worlds (La Guerra de los Mundos), había abierto sus puertas ese día y se hallaba colmado por una multitud de adultos y niños que había hecho colas desde las primeras horas pese al intenso frío reinante; el termómetro marcaba 24 grados Fahrenheit (-4 Celsius). En el escenario destinado al aterrizaje de las naves marcianas se levantaba ahora un patíbulo.»
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