Jorge Eduardo Benavides
«La casa no era realmente muy grande pero estaba estupendamente distribuida, dijo ella en voz alta, recuperando su timbre normal, donde sin embargo humeaba el rescoldo de la emoción. Tenía dos salones espaciosos, contiguos y seguramente muy iluminados, de no ser por la perpetua neblina que envolvía ese sector de Magdalena, muy cerca ya de San Isidro. De hecho, observó Leticia recorriendo con placer aquellos suelos de parqué algo desgastado y noble, las paredes mostraban tenues vestigios de humedad, manchas y escaras, sobre todo en los rincones.»
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