Rodrigo Rey Rosa
César Aira
«La recepción del viejo hotel Savoy de Rosario, una mañana ajetreada de un día de semana (época cercana al presente). Un joven se había acercado al mostrador y esperaba el momento de poder intercalar una pregunta, con una mezcla de impaciencia e incertidumbre. El empleado del hotel, un hombre mayor, hablaba con una pareja de pasajeros con las valijas, que tanto podían estar llegando como marchándose. Una mujer más joven, que debía de ser la telefonista, charlaba en un rincón con un hombre de traje azul».
Jorge Eduardo Benavides
«La casa no era realmente muy grande pero estaba estupendamente distribuida, dijo ella en voz alta, recuperando su timbre normal, donde sin embargo humeaba el rescoldo de la emoción. Tenía dos salones espaciosos, contiguos y seguramente muy iluminados, de no ser por la perpetua neblina que envolvía ese sector de Magdalena, muy cerca ya de San Isidro. De hecho, observó Leticia recorriendo con placer aquellos suelos de parqué algo desgastado y noble, las paredes mostraban tenues vestigios de humedad, manchas y escaras, sobre todo en los rincones.»
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