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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

Editado por La Oficina del Autor

domingo, 18 de mayo de 2008 suscribirse a avances editoriales

Avances editoriales

  • Portada de 'La Gruta del Toscano'

    'La Gruta del Toscano'

    Ignacio Padilla

    «La historia guarda dos versiones de la muerte de Pasang Nuru Sherpa. Una dice que murió poco después de su entrevista con la prensa británica, desangrado en manos de un bandido montañés llamado Jarek Rajzarov. La otra afirma que sobrevivió a sus heridas, prendió fuego al tendejón de la llanura y se internó en la Gruta del Toscano.»

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  • Portada de 'El reino animal'

    'El reino animal'

    Sergio Ramírez

    «Como era pleno invierno se suponía que el parque de atracciones Luna Park debía hallarse desierto. Pero no era así. Uno de sus palacios de fantasía, donde solía representarse The war of the worlds (La Guerra de los Mundos), había abierto sus puertas ese día y se hallaba colmado por una multitud de adultos y niños que había hecho colas desde las primeras horas pese al intenso frío reinante; el termómetro marcaba 24 grados Fahrenheit (-4 Celsius). En el escenario destinado al aterrizaje de las naves marcianas se levantaba ahora un patíbulo.»

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  • Portada de 'La mujer en el umbral'

    'La mujer en el umbral'

    Mauricio Bonnett

    «Rosa Tulia apareció en nuestras vidas el mismo día en que Pablo VI llegó a Bogotá. Lo recuerdo porque Sebastián, mi hermano menor, que tenía siete años y ya era un neurótico perdido, había decidido simular el viaje papal con meticuloso detalle. Por aquel entonces las cajas de cereal Kellogg's traían un pequeño avión de plástico, y Sebastián había formado poco a poco una buena flotilla.»

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  • Portada de 'El malduque de la Luna'

    'El malduque de la Luna'

    Miguel Naveros

    «Mi primer gran recuerdo es el de un imán, un enorme imán en forma de herradura y esmaltado en rojo que me compró mi padre en el Rastro por dos duros, mi primer recuerdo pleno, de esos que vemos nacer, crecer, multiplicarse y languidecer hasta que, ya durmientes, resucitan cuando menos se espera, una noche por ejemplo y en el segundo de los tres peldaños de aquella discoteca sin concesiones que parecía mucho más inmensa por vacía, en medio de un aire espeso que conservaba en psicofonía el hálito de una tarde intensa de domingo y al borde de un suelo que mostraba bien visibles los restos de la marcha humana...»

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