Vladimir Sorokin
En el siglo XVI, el déspota ruso Iván el Terrible estableció la oprichnina, una especie de estado de emergencia que otorgaba al zar poderes absolutos. Una ola de terror y de sangre invadió Rusia. Los oprichniks, todopoderosos integrantes de la guardia personal de Iván, llevaban a cabo su voluntad sembrando el miedo y la muerte... Todavía en el siglo XXI este período histórico ejerce una peligrosa fascinación. Vladimir Sorokin, el más provocativo y mordaz autor de la Rusia contemporánea, ha sido el único que se ha atrevido a reflejar en la literatura las alarmantes realidades políticas de la Rusia actual. El resultado es esta aturdidora novela, corta, concentrada, sarcástica. El carácter profético de la ucronía de Sorokin la sitúa al lado de las más angustiosas visiones de Orwell y Zamiatin.
Élie Barnavi
«El fundamentalismo revolucionario no es específicamente musulmán, aunque en nuestros días ése sea esencialmente el caso. Se trata de una actitud mental, que, según las épocas, se ha manifestado con mayor o menor vigor en todas las religiones reveladas. Para entender esta actitud, hay que recordar que los monoteísmos son religiones históricas cuya concepción del tiempo es lineal.»
'Tu rostro mañana/ 3 Veneno y sombra y adiós'
Javier Marías
«Uno no lo desea, pero prefiere siempre que muera el que está a su lado, en una misión o una batalla, en una escuadrilla aérea o bajo un bombardeo o en la trinchera cuando las había, en un asalto callejero o en un atraco a una tienda o en un secuestro de turistas, en un terremoto, una explosión, un atentado, un incendio, da lo mismo: el compañero, el hermano, el padre o incluso el hijo, aunque sea niño. Y también la amada, también la amada, antes que uno mismo.»
Daniel Alarcón
«La sala de conferencias era muy luminosa y mostraba una vista panorámica de la ciudad hacia el este, mirando a las montañas. Cuando Norma entró, vio a Élmer sentado en la cabecera de la mesa, frotándose el rostro como si acabaran de despertarlo de un sueño intranquilo y poco agradable. Le hizo una pequeña venia con la cabeza mientras ella se sentaba, luego bostezó, luchando por abrir la tapa de un frasco de pastillas que había sacado de su bolsillo. "Tráeme un poco de agua", gruñó a su asistente. "Y limpia los ceniceros, Len. Por Dios."»
Sergio Vila-Sanjuán
«Cuando visité por primera vez la Feria del Libro de Frankfurt en 1951, la edición comercial alemana atravesaba un periodo de agitación. Me instalé en una pequeña pensión y me abrí camino hacia la feria a través de las ruinas. La ciudad había sido destruida, el transporte escaseaba y la gente dormía en las calles. Todo el mundo parecía gris, hambriento y abatido". Son palabras de George Weidenfeld, un judío vienés que escapó de los nazis y llegó con lo puesto, en 1939, a Gran Bretaña, donde en pocos lustros se convertiría en una de las grandes figuras del mundo del libro».
Andrés Ortega
«El hombre ya no se define sólo por lo que produce ni por cómo lo produce ni -salvo algunas excepciones religiosas- por lo que consume. Por ello, y porque el ser humano siente necesidad de diferenciarse para identificarse, cuentan mucho más las otras diferencias culturales, mucho más profundas. Los nuevos medios de comunicación, unidos a las migraciones y a la creciente urbanización (en 1800 sólo un 3% de la población mundial vivía en ciudades; en 2007 hay por primera vez más personas en las urbes que en el campo) permiten, además, que esas diferencias -incluso grupos minoritarios, radicales o marginales- tengan un alcance global. El antropólogo social indio Arjun Appadurai lo llama la erupción de "los números pequeños". Es la fuerza de los pocos que, a menudo, aunque dispersos, logran ser muchos, o mucho.»
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