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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

Editado por La Oficina del Autor

domingo, 18 de mayo de 2008 suscribirse a avances editoriales

Avances editoriales

  • Portada de 'Saber perder'

    'Saber perder'

    David Trueba

    «Para evitar las escaleras del instituto, Sylvia utiliza el ascensor de profesores. Esta mañana, al llegar, se ha subido a la carrera don Octavio, el de matemáticas, siempre estirado, la falta de movilidad en el cuello le obliga a volverse de cuerpo entero para mirar hacia los lados. Al ver la escayola le ha preguntado ¿cuánto tiempo tienes que llevarla? Un coñazo, creo que me la quitan en una semana. Ah, lo mío es peor, es para siempre. Y se ha señalado el cuello agarrotado. ¿Fue un accidente?, le preguntó Sylvia. No, es una cosa llamada enfermedad de Bertchew. Supongo que cuando el señor Bertchew fue al médico y le dijeron que sufría la enfermedad de Bertchew se quedaría bastante acojonado, ¿no? Se rió él solo, Sylvia le acompañó con una sonrisa tardía. Se bajó en la planta anterior a ella. Pasa un buen día. Usted también».

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  • Portada de 'Las aventuras de Barbaverde'

    'Las aventuras de Barbaverde'

    César Aira

    «La recepción del viejo hotel Savoy de Rosario, una mañana ajetreada de un día de semana (época cercana al presente). Un joven se había acercado al mostrador y esperaba el momento de poder intercalar una pregunta, con una mezcla de impaciencia e incertidumbre. El empleado del hotel, un hombre mayor, hablaba con una pareja de pasajeros con las valijas, que tanto podían estar llegando como marchándose. Una mujer más joven, que debía de ser la telefonista, charlaba en un rincón con un hombre de traje azul».

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  • Portada de 'Los culpables'

    'Los culpables'

    Juan Villoro

    «El teléfono sonó veinte veces. Al otro lado de la línea, alguien pensaba que vivo en una hacienda donde es muy tardado ir de las caballerizas al teléfono, o que no existen los teléfonos inalámbricos, o que tengo vacilaciones místicas y dudo mucho en tomar el auricular. Esto último, por desgracia, resultó cierto. Era Samuel Katzenberg. Había vuelto a México para hacer un reportaje sobre la violencia. En su visita anterior, viajaba a cuenta del New Yorker. Ahora trabajaba para Point Blank, una de esas publicaciones que perfuman sus anuncios y ofrecen instrucciones para ser hombre de mundo. Tardó dos minutos en explicarme que el cambio significaba una mejoría».

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  • Portada de 'Presentimientos'

    'Presentimientos'

    Clara Sánchez

    «Salieron de Madrid por la A-3 en dirección a Levante a las cuatro de la tarde. Julia se había pasado la mañana haciendo el equipaje que ahora con Tito se complicaba extraordinariamente. Desde que nació hacía seis meses, cada paso fuera de casa suponía movilizar mil cachivaches. Y en cuanto faltaba uno el mundo parecía desmoronarse. Pañales, biberones, gotas para el oído, sombrilla, gorro para el sol. Las cosas más urgentes iban en una gran bolsa de tela acolchada marrón estampada con osos azules, que por la calle solía colgar del respaldo del cochecito. La ropa de Félix y de ella la metió a voleo en la Samsonite verde abierta sobre la cama desde bien temprano. Cuando por fin la cerró, estaba hecha polvo con tanta ida y venida por el piso. También cerró los armarios. La que había que montar para bañarse un poco en el mar y tumbarse al sol».

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  • Portada de 'Diario de Golondrina'

    'Diario de Golondrina'

    Amélie Nothomb

    «Nos despertamos en medio de la oscuridad, sin saber nada de lo que sabíamos. ¿Dónde estamos, qué ocurre? Por un momento, no recordamos nada. Ignoramos si somos niños o adultos, hombres o mujeres, culpables o inocentes. ¿Estas tinieblas son las de la noche o las de un calabozo?»

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  • Portada de 'Un millón de soles'

    'Un millón de soles'

    Jorge Eduardo Benavides

    «La casa no era realmente muy grande pero estaba estupendamente distribuida, dijo ella en voz alta, recuperando su timbre normal, donde sin embargo humeaba el rescoldo de la emoción. Tenía dos salones espaciosos, contiguos y seguramente muy iluminados, de no ser por la perpetua neblina que envolvía ese sector de Magdalena, muy cerca ya de San Isidro. De hecho, observó Leticia recorriendo con placer aquellos suelos de parqué algo desgastado y noble, las paredes mostraban tenues vestigios de humedad, manchas y escaras, sobre todo en los rincones.»

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