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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

lunes, 9 de diciembre de 2019 suscribirse a avances editoriales

Librería: escaparate de novedades

  • portada de 'Nueva York, 8:45 A.M.'
  • Ficha técnica

    Título: Nueva York, 8:45 A.M. La tragedia de las torres gemelas y la muerte de Bin Laden
    Los reportajes ganadores del Premio Pulitzer | Autor: Simone Barillari (Ed.) | Traducción: Sara Álvarez Pérez, Antonio García Maldonado, Lucía Ponce de los Reyes | Prólogo: Ana Pastor | Editorial: errata naturae | Colección: Fuera de colección | Género: Ensayo | ISBN: 978-84-15217-09-1 | Páginas: 224 | Formato:  14 x 21,5 cm. | PVP: 19,90 € | Publicación: 29 de Agosto de 2011
  • Foto de Simone Barillari
  • Biografía

'Nueva York, 8:45 A.M.'

Simone Barillari

ERRATA NATURAE

A las 8:45 de la mañana del 11 de septiembre de 2001 la historia cambió de rumbo. Y con ella cambiaron cuestiones esenciales de nuestras sociedades, de nuestra percepción del mundo e incluso del desarrollo de nuestras vidas cotidianas. Pocos eventos, tal vez ninguno, han marcado nuestra contemporaneidad como lo hizo el ataque terrorista contra las Torres Gemelas de Nueva York.

Una década después de aquella fecha, Errata naturae presenta a sus lectores este volumen, que recoge los mejores artículos y reportajes sobre la tragedia del World Trade Center y sus consecuencias en diversos ámbitos. Todos ellos fueron publicados en los más importantes periódicos norteamericanos y recibieron posteriormente el prestigioso Premio Pulitzer.

Los maestros actuales del periodismo norteamericano, como Bob Woodward o Judith Miller, nos explican cómo ocurrió aquello que parecía imposible. Un extenso análisis de las controvertidas relaciones entre la Casa Blanca y Al Qaeda antes de los atentados, así como de la ineficacia de la administración Bush a la hora de prever la catástrofe. Los reportajes de investigación que permitieron conocer los relatos de los supervivientes y de los héroes, casi siempre anónimos, que participaron en las tareas de rescate. El seguimiento de la caza organizada tras el atentado y la exploración de sus consecuencias políticas, económicas y humanas. Finalmente, el volumen se completa con los más destacados artículos que recientemente han dado cuenta del asedio al refugio de Osama bin Laden, su muerte, su discutido «entierro» y la recepción de la noticia en la ciudad de Nueva York.

«Los pisos superiores de los edificios estaban completamente cubiertos de humo, y la gente comenzó a saltar por las ventanas, uno por uno, golpeándose contra el suelo, los arbustos y los toldos. En el puente de Brooklyn, neoyorquinos cubiertos de polvo se dirigían en tropel hacia sus casas, atascando las aceras. Un hombre en camiseta y pantalón corto, corriendo hacia Manhattan con una radio al oído, gritó: "¡El Pentágono está ardiendo, el Pentágono está ardiendo!", y una joven que hablaba a través de un móvil gritó: "Mi madre trabaja allí. No sé dónde está. ¿Qué está pasando? ¿Qué está pasando?"».

«Algunos norteamericanos celebraron la muerte de Osama bin Laden en las calles por todo lo alto. Otros estaban horrorizados, no por la muerte, sino por las celebraciones de sus compatriotas». 

 

Terroristas destruyen el World Trade Center
y atacan el Pentágono en un ataque
con aviones secuestrados

La redacción de The Wall Street Journal
12 de septiembre de 2001 

Parecían escenas de una película de catástrofes. O de una novela de Tom Clancy. O de una retransmisión de la CNN desde un lejano país extranjero.

   Pero ayer eran reales. Y en los Estados Unidos. James Cutler, un agente de seguros de treinta y un años, estaba en el restaurante Akbar de la planta baja del World Trade Center cuando oyó «bum, bum, bum», recuerda. En cuestión de segundos, la puerta de la cocina se abrió de golpe, el restaurante se llenó de humo y ceniza, y el techo se vino abajo. El señor Cutler todavía no sabía lo que estaba pasando, pero se encontró de pie entre cuerpos esparcidos por el suelo. «Fue estruendoso», dice.

   En ese mismo momento, Nestor Zwyhun, de treinta y ocho años, director tecnológico de Tradecard, una firma comercial internacional, acababa de bajarse del transbordador de Nueva Jersey y se dirigía a pie hacia el World Trade Center cuando oyó un sonido «parecido al motor de un avión a toda velocidad», dice, y después una enorme explosión. El cielo se llenó de humo y por todas partes caían trozos de vidrio. «Permanecí allí dos segundos, después corrí», dijo el señor Zwyhun.

   Más de cien plantas por encima de él, en las oficinas del Trade Center de Cantor Fitzgerald, alguien conectó una llamada de la oficina de la compañía en Los Ángeles en el teléfono de manos libres. ¿Qué estaba sucediendo? La gente de Los Ángeles oyó a alguien decir: «Creo que un avión acaba de chocar contra nosotros». Durante más de cinco minutos, la gente de Los Ángeles escuchó horrorizada el sonido del caos procedente del altavoz. «Alguien tiene que ayudarnos... No podemos salir... Todo se está llenando de humo...». Entonces la línea telefónica quedó interrumpida.

   Quinientos kilómetros hacia el sur, en Washington D. C., un avión cayó en picado desde el oeste y se introdujo por un lateral del edificio del Pentágono, convirtiéndolo en una torre de humo y fuego. Mark Thaggard, gerente del edificio, estaba allí cuando el avión colisionó. La gente empezó a correr de acá para allá, intentando salir. «Fue caótico», dijo el señor Thaggard. «Era increíble. No podíamos creer que estuviese sucediendo».

[Páginas del libro]


[Etiquetas: ensayo, Nueva York, 11 Septiembre]

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