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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

sábado, 23 de septiembre de 2017 suscribirse a avances editoriales

Librería: escaparate de novedades

  • portada de 'Signatura 400'
  • Ficha técnica

    Título: Signatura 400 | Título original: Cote 400 | Autor: Sophie Divry |  Traducción:  Maria Enguix Tercero | Editorial: Blackie Books  | Género:Novela | ISBN: 978-84-938745-4-4| Páginas: 107 | Formato:  14 x 21 cm.| Encuadernación: Tapa dura | PVP: 17,00 € | Publicación: Junio de 2011
  • Foto de Sophie Divry
  • Biografía

'Signatura 400'

Sophie Divry

BLACKIE BOOKS

Ni siquiera tiene nombre. Y es que nadie habla con ella, como no sea para pedir libros en préstamo. Su consuelo: las buenas lecturas (siempre de autores muertos)  y estar rodeada de seres incluso más tristes que ella.

Se pasa los días ordenando, clasificando, poniendo signaturas. No pensaba ser bibliotecaria, pero abandonó las oposiciones por un hombre. Ahora el amor le parece una pérdida de tiempo, un trastorno infantil. Claro que el deseo es muy traicionero, y ella guarda unos pendientes en el cajón.

Preferiría la sección de historia a la de geografía, allí en el sótano de una biblioteca de provincias, donde lleva la mitad de la vida, donde ya empieza a ser vieja, pero el anonimato al menos le concede pequeñas venganzas. De las que quizás solo ella se percata. Porque, además, en el orden de la biblioteca se cifran las jerarquías de la vida: la de los ricos y los pobres, los privilegiados y los subalternos, los que tienen un amor y los que no.

Pero cuando no hay nadie, cuando la biblioteca está cerrada, incluso puede - y sabe- darle voz a su neurosis, a sus angustias, al vértigo del saber libresco. Y entonces descubrimos que los neuróticos pueden ser buenos narradores, cosa no tan evidente. Cosa que tal vez logran, sobre todo, los buenos fingidores, los escritores que dan vida a los buenos personajes.

Sólo le queda, pues, la literatura. Para elevarse, dice ella. Los libros, los buenos libros. Y quizá, también, los buenos lectores, que van a la biblioteca en busca de algo más que calefacción o aire acondicionado, y que dan vida a las grandes historias, como el breve monólogo de esta mujer insignificante, que relata su desencanto con acritud y humor. ¿O es un diálogo? ¿O acaso la pregunta tiene sentido?

Un texto precioso que, desde luego, reclama todas las lecturas del mundo. La primera novela publicada de Sophie Divry, que tiene treinta años, vive en Lyon y ojalá escriba y publique mucho más.

 

PÁGINAS DEL LIBRO

Despierte, ¿qué hace ahí tumbado? La biblioteca no abre hasta dentro de dos horas, no debería estar aquí. Esto es el colmo: ahora encierran a los lectores en mi sótano. ¡Lo que no me hayan hecho en esta casa! No hace falta gritar, no es culpa mía, oiga... Pero yo le conozco, usted es uno de los habituales. Como se pasa aquí todo el santo día, alguna noche tenía que quedarse. No, no se marche, ya que está aquí, écheme una mano. Busco un libro para los de arriba, El existencialismo es un humanismo, esa historia de Sartre; se les ha perdido aquí abajo, búsquelo en las estanterías, gracias. ¿Cómo? ¿No me reconoce? Pues trabajo todos los días en esta sala. Por lo visto, paso totalmente inadvertida. Nadie me ve, ése es mi problema. Incluso en la calle, cuando  me empujan, me dicen «Uy, perdone, no la había visto». La mujer invisible, soy la mujer invisible, la responsable de la sección de geografía. Pues claro, ahora cae en la cuenta, naturalmente. Ah, ése es, muchas gracias, qué rápido. El existencialismo es un humanismo no pinta nada en mi sótano, aquí no tenemos nada que ver con la filosofía. Eso es cosa de los intelectuales de la planta baja. Voy a devolvérselo, se pondrán contentos, pues anda que no hace tiempo que lo están buscando. Ya ve lo útil que me resulta usted. De todos modos no tengo permitido abrirle la puerta, habría que llamar al servicio de seguridad y resultaría demasiado peligroso. Pues claro que es peligroso, sería lo nunca visto, algo inaudito. Nunca hay que llamar la atención en una biblioteca. Llamar la atención ya es molestar. Se va a quedar conmigo mientras preparo la sala de lectura. Todavía me quedan libros por clasificar. Ya que es usted tan eficiente, sáqueme todos los libros de geografía que los lectores han colado en la sección de historia. Venga, y no se queje: clasificar, colocar, no molestar, ésa es toda mi vida, ya ve. Meter libros en las estanterías y sacarlos, el cuento de nunca acabar. No parece divertido, ¿eh? Pero es lo que hay. Porque, para colocar un libro, ni siquiera necesito mirar el nombre del autor.

[Principio del libro]


[Etiquetas: novela]

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