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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

jueves, 17 de agosto de 2017 suscribirse a avances editoriales

Librería: escaparate de novedades

  • portada de 'Norte'
  • Ficha técnica

    Título: Norte | AutorEdmundo Paz Soldán | Editorial: Mondadori | Colección: Literatura mondadori| Género: Novela | ISBN: 9788439723622 | Páginas: 288 | Formato:  13,7 x 23 cm. | Encuadernación: Tapa blanda con solapa|  PVP: 21,90 € | Publicación: 18 de Marzo 2011 | Premio Nacional de Novela en Bolivia 
  • Biografía

'Norte'

Edmundo Paz Soldán

MONDADORI

Los personajes de Norte permanecen extraviados en el cruce de mundos y fronteras que caracteriza a nuestra época. La novela comienza en 1984, en el norte de México, con Jesús, un adolescente obsesionado por su hermana que, con los años, se irá convirtiendo en el Railroad Killer, un psicópata en la lista de los más buscados del FBI. Luego pasamos a la California de 1930, donde Martín Ramírez, un inmigrante indocumentado, está a punto de ser enviado a un psiquiátrico en el que se convertirá en uno de los grandes pintores autodidactas del siglo XX. La narración salta entonces a Texas en la primera década de este siglo y se centra en Michelle, una joven que debe lidiar con su vocación de dibujante y guionista de cómics, y con una tortuosa relación con su profesor. Tres destinos separados por el tiempo y el espacio pero interconectados por la violencia, el desarraigo, la creación y la locura. Una mirada ambiciosa y compleja a la forma en que Estados Unidos está siendo reinventado por la inmigración latinoamericana.

«Una de las voces más creativas de la actual literatura hispanoamericana.» Mario Vargas Llosa

«Cada personaje es una respiración y una pieza en la definición del estilo de Paz Soldán, que es depurado y preciso. Este autor comulga con un grupo de novelistas que tienen el mundo por espacio y lo cuentan muy bien. Lo conseguido por Edmundo es realmente inquietante.»  Élmer  Mendoza

«Norte se queda en el lector no sólo por el ritmo al que se desenvuelven las historias, sino porque dice algo importante sobre el horror contemporáneo, tanto el que es imposible no ver, como el que se disimula pulcramente. » Yuri Herrera

 

1

Villa Ahumada,
norte de México, 1984 

Dejó de ir a la escuela y comenzó a pasar más tiempo con sus primos. Al principio era sólo un testigo privilegiado: en lugares concurridos como el mercado o la estación de trenes, los veía robar billeteras y carteras. Trataban de evitar el enfrentamiento, pero tampoco se rajaban si era necesario repartir madrazos. En calles oscuras solían atacar armados de cuchillos; generalmente eso bastaba para que las víctimas entregaran todo. Eran conocidos por la policía, dispuesta a dejarlos tranquilos mientras sus asaltos fueran de poca monta y no hubiera sangre.

   A la medianoche se metían en el California, el único téibol en que el cadenero, previo pago de unas monedas, dejaba entrar a Jesús, que había cumplido quince años y aparentaba menos: era pequeño y delgado y tenía un rostro infantil. Bajo las luces de neón, pedían chelas y veían un strip-tease. No todas las mujeres se les acercaban, porque tenían fama de pendencieros y de malos pagadores. La Quica, una de las putas viejas del California, donde se podía tomar un trago barato e indócil que se llamaba la «Pantera Rosa» -sotol mezclado con leche y Nesquik de fresa-, era de las pocas que los recibía con los brazos abiertos, porque no le gustaba dormir sola en la habitación que alquilaba en una pensión cerca del río. Iba de mesa en mesa, rebajando su precio y tratando en vano de quitarle clientes a Suzy, la guatemalteca con el pelo corto teñido de rubio y las tetas neumáticas, y Patricia, la tapatía que quería irse apenas ahorrara el dinero para que un coyote la hiciera cruzar al otro lado. Qué podía hacer, les doblaba en edad. No debía entristecerse. Hubiera podido quererlas como a sus hijas si no fuera que ella jamás habría tenido hijas tan putas.

   A las tres de la mañana la Quica se acercaba a los primos y les decía que se fueran, y Medardo: esperemos que termine esta canción, ¿a poco no te gusta la Chavela? Justino le pellizcaba el culo, qué nalgas, con razón te dicen la Quica. A veces se acostaba con Medardo y otras con Justino y creía que Jesús era un mirón, porque cuando cogía con los primos él los observaba desde el sofá sin pronunciar palabra y resistía a sus invitaciones mientras se hacía una chaqueta.

 

Un jueves su madre le rogó que se quedara en casa con su hermana el fin de semana, le había salido una chamba en Juárez y volvería el lunes. Cedió a cambio de unas monedas.

   La noche del viernes Jesús se tiró en su colchón de resortes vencidos y manchas de orín, a los pies de la cama de su madre y María Luisa. El cuarto hedía a kerosén, los olores de la cocina se metían por todas partes.

   María Luisa dormía. Trató de distraerse observando las fotos de Mil Máscaras en una pared. En uno de los afiches volaba sobre Canek ante la mirada amenazadora de El Halcón.

   En otro promocionaba la película Misterio en las Bermudas junto a El Santo y Blue Demon. Le gustaba su estilo rudo, con llaves espectaculares como la plancha y el tope suicida. Tenía cuatro máscaras suyas y un muñeco del luchador con un valor especial pues era el último regalo de su padre antes de cruzar la línea y no volver. 

[Páginas del libro]


[Etiquetas: novela]

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