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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

lunes, 22 de julio de 2019 suscribirse a avances editoriales

Librería: escaparate de novedades

  • portada de 'Diarios de bicicleta'
  • Ficha técnica

    Título: Diarios de bicicleta | Autor: David ByrneTraducción: Marc Viaplana Canudas |  Editorial: Mondadori | Colección: Reservoir Books | Género: Ensayo | ISBN:  9788439723271 | Páginas: 384 | Formato:  14 x 22,2 cm. | Encuadernación: Tapa dura |  PVP: 22,90 € | Publicación: 26 de Noviembre 2010
  • Foto de David Byrne
  • Biografía

'Diarios de bicicleta'

David Byrne

MONDADORI

«Como en muchos otros lugares, yo soy casi el único que anda en bicicleta. una vez más, sospecho que el estatus puede ser una buena razón para explicar esto; andar en bicicleta implica pobreza en muchos países. pedaleo en las vegas y me dicen que las únicas otras personas en bicicleta allí son aquellas que lo perdieron todo apostando. ellos perdieron empleos, familias, casas y, supongo -el último insulto para un norteamericano- sus automóviles.» David Byrne

Un conjunto de crónicas donde el ex líder de Talking Heads plasma su personal visión de una serie de ciudades vividas al particular ritmo y escala de la bicicleta.

Los Diarios de bicicleta de David Byrne son postales urbanas llenas de color y música. Notas sueltas sobre barrios, edificios, galerías, bares, calles, monumentos, prostíbulos, puentes, casas, parques, además de bocetos ágiles de los habitantes de estos rincones. Denver desolado; Berlín escondiendo la sordidez en su fanatismo de orden; suburbios que veneran el mal, arquitecturas desalmadas; manantiales de creatividad. El artista medita sobre la censura, la memoria, los estereotipos, la violencia. Apuntes sobre el arte y la música de cada vecindario visitado. Las estampas que dibuja son también un discreto alegato a favor de la ciudad. Byrne sabe bien que el cemento, el vidrio y la piedra (para invocar otra canción suya) nos esculpen. Las calles, los barrios, los árboles en las aceras, las glorietas nos dan forma. Byrne disfruta de los numerosos sabores de lo urbano: el anonimato que permiten las grandes concentraciones y la intimidad de ciertos barrios. El trazo caminable y cierto desorden excitante, incluso el peligro que acelera la sangre. Ciudades vivas, sensibles, en movimiento. Observar una ciudad, involucrarse en ella es uno de los grandes gozos de la vida. Es parte, dice Byrne, de lo que significa ser humano.

Desde hace treinta años, David Byrne se mueve por Nueva York en su bicicleta. Y cuando viaja por el mundo para dar un concierto, grabar un disco o montar una instalación, añade a su equipaje una bicicleta portátil. Y siempre procura tener tiempo para perderse por las callejuelas de ciudades en su bicicleta. 

 

CIUDADES NORTEAMERICANAS

La mayoría de las ciudades norteamericanas no son nada acogedoras para los ciclistas. Tampoco lo son para los peatones. Son acogedoras para los coches o, al menos, se esfuerzan por serlo. En la mayoría de estas ciudades se podría decir que las máquinas han vencido. Vida, urbanismo, presupuestos y tiempo: todo gira alrededor del automóvil. 

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Le Corbusier, Ciudad Radiante (maqueta). Banque d'Images/Art Resource, NY. © 2009 Artists Rights Society (ARS), Nueva York / ADAGP, París / FLC

A la larga, esto es insostenible, y a corto plazo significa baja calidad de vida. ¿Cómo se ha llegado a esta situación? Quizá debamos culpar a Le Corbusier por su visionaria propuesta, la Ciudad Radiante, de principios del pasado siglo (véase página anterior).

   Sus propuestas utópicas -ciudades (solo rascacielos, en realidad) enmarañadas en una red viaria de múltiples carriles- se adaptaban a la perfección a lo que las compañías petrolíferas o del automóvil deseaban. Dado que cuatro de cada cinco de las mayores corporaciones siguen siendo compañías de gas o de petróleo, no es extraño que estas visiones extravagantes y propicias para los coches hayan persistido. Durante la posguerra, General Motors era la mayor compañía del mundo. Su presidente, Charlie Wilson, decía: «Si es bueno para GM, es bueno para el país». ¿Sigue pensando alguien que GM se interesaba por el bien del país? 

   Quizá también podamos culpar de ello a Robert Moses, quien con tanto éxito cercenó Nueva York con autovías elevadas y desfiladeros de hormigón. Su fuerza de voluntad y su proselitsimo tuvieron un gran efecto. Otras ciudades copiaron su ejemplo. O quizá debamos culpar a Hitler, que construyó autopistas para que tropas y suministros accedieran de manera rápida, eficiente y segura a todos los puntos del frente durante la Segunda Guerra Mundial.

[Páginas del libro]


[Etiquetas: ensayo, viajes, viajeros, bicicleta]

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