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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

viernes, 14 de diciembre de 2018 suscribirse a avances editoriales

Librería: escaparate de novedades

  • portada de 'Venían a buscarlo a él'
  • Ficha técnica

    Título: Venían a buscarlo a él | Autor: Berta Vias Mahou |  Editorial: Acantilado  | Colección: El Acantilado, 181 | Género: Novela | ISBN: 978-84-92649-75-4 | Páginas: 232 | Formato:  13 x 21 cm. | Encuadernación: Rústica cosida  |  PVP: 19,00 € | Publicación: Noviembre 2010
  • Foto de Berta Vias Mahou
  • Biografía

'Venían a buscarlo a él'

Berta Vias Mahou

ACANTILADO

Jacques, álter ego de Albert Camus, recrea los últimos años de su vida. Significado por su oposición a cualquier forma de violencia, no sólo a la pena de muerte sino también al terrorismo, que surgió en su patria como reacción al régimen colonial francés, se enfrentó asimismo a la idea de que el fin justifica los medios, lo que le granjeó la antipatía de la mayor parte de los intelectuales de su época y amenazas de muerte en reiteradas ocasiones. El escritor nacido en Argel se vio perseguido, como él mismo confesó en su novela El primer hombre, por una pesadilla que le visitó con regularidad bajo formas diferentes, pero con un motivo recurrente: venían a buscarlo a él para asesinarlo.

 

UNA MEMORIA

EN SOMBRAS  

Decía sí, tal vez fuera no, había que remontar el tiempo a través de una memoria en sombras, nada era seguro. La memoria de los pobres está menos alimentada que la de los ricos, tiene menos puntos de referencia en el espacio, puesto que rara vez dejan el lugar donde viven, y también menos puntos de referencia en el tiempo de una vida uniforme y gris. Tienen, claro está, la memoria del corazón, que es la más segura, dicen, pero el corazón se gasta con la pena y el trabajo, olvida más rápido bajo el peso de la fatiga. El tiempo perdido sólo lo recuperan los ricos.

    ¿Sí? ¿Era así? Tampoco los ricos parecían tener mucha memoria. Tan sólo más documentos con los que apoyarla. Jacques dejó la pluma, paseó la mirada por la habitación, y por unos instantes contempló los retratos de Nietzsche y de Dostoievsky, que desde hacía tiempo le acompañaban. Sus maestros. En el dolor y en la escritura, en la superación del sufrimiento. Para él, que no era creyente, que no tenía más religión que la de la libertad, la lucha por la justicia y el respeto a la vida, aquéllos eran sus santos tutelares. Se apartó de la mesa, una mesa alta con el tablero inclinado y abatible, dio unos pasos y, al llegar junto a la ventana, se apoyó en el marco. Allí fuera reinaba un silencio atroz, como de otro mundo. La nieve caía cada vez con más fuerza y el viento hacía que aquellas espumas volantes, en lugar de descender tranquilamente, despacio, se cruzaran entre sí delante del cristal, enrabietadas. Los tejados a su alrededor se encontraban ya cubiertos por una espesa capa, y el mundo entero parecía haberse detenido.

     De color naranja, o rojos, en España. En Argel eran terrazas, pintadas a la cal, en las que se colgaba la ropa. Durante el verano el sol allí abrasaba las casas resecas. No se podía vivir más que a la sombra de las persianas cerradas, en una penumbra llena de partículas que competían en brillo y colores. En París, en cambio, los tejados eran negros o de un gris tan sombrío como los cielos invernales que cubrían la ciudad durante buena parte del año. Inaccesibles, sin respuesta. Las pizarras habían amanecido húmedas y ahora estaban blancas. Envueltos en aquella luz, los pájaros parecían aún más oscuros. Pasaban como proyectiles que se perdían en busca de un objetivo invisible, remotísimo. París es una ciudad sucia, llena de palomas y de patios negros, había escrito hacía unos años. La gente aquí tiene la piel blanca. Y, cuando cae la noche, se meten en sus casas. En mi tierra, cuando anochece, uno se apresura a salir. Se decía que aquélla era una de las ciudades más hermosas del mundo, pero a él le fatigaba, y su deseo más hondo hubiera sido volver a su tierra, un país de hombres, rudo, inolvidable. Pero, por diferentes razones, no era posible.

[Principio del libro]


[Etiquetas: Camus, violencia]

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