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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

viernes, 31 de octubre de 2014 suscribirse a avances editoriales

Librería: escaparate de novedades

  • portada de 'Diez novelistas españoles de postguerra'
  • Ficha técnica

    Título: Diez novelistas españoles de postguerra. 7 olvidados y 3 raros | Autor: Santos Sanz Villanueva |  Editorial: MN | Colección: Estudios y Ensayos| Género: Ensayo | ISBN: 978-84-92548-44-6 | Páginas: 300 | Encuadernación: Rústica | PVP: 12 € | Publicación: 2010
  • Foto de Santos Sanz Villanueva
  • Biografía

'Diez novelistas españoles de postguerra'

Santos Sanz Villanueva

EDITORIAL MN

Este libro presta atención a una decena de narradores de la postguerra que representan uno u otro caso. Es el grupo de los marginados, se aborda la obra de José Mª Castillo-Navarro, Antonio Ferres, Rodrigo Rubio, Salvador García Aguilar entre otros.  

PRESENTACIÓN  

La historia literaria se constituye mediante la suma de la discreta labor de innumerables escritores que aportan su trabajo, casi siempre de silenciosa repercusión, a esa especie de mar manriqueño adonde van a parar millares de obras. Algunos autores logran resonancia durante un tiempo, alcanzan fama y ostentan alguna especie de poder. Sin embargo, en su inmensa mayoría, pierden la presencia pública incluso en vida y, tras su desaparición, pasan a formar parte de las huestes solitarias que solo logran un circunstancial rescate en las monografías académicas y nada más merecen una breve entrada en los diccionarios especializados, o un apunte en las historias de las letras. Muchos no dejan más huella que el recuerdo de sus afanes recogido en libros de memorias. Ejemplar y desolador es el enorme panteón de fuegos fatuos y de sacrificios estériles que dejó Rafael Cansinos-Asséns en La novela de un literato.

      Los autores olvidados desaparecen en aras del canon, misteriosa jerarquía que se fija a partir de extrañas e imprevisibles razones o intereses, académicos, mediáticos, de grupos... El canon se forma de manera azarosa y no responde con frecuencia a criterios objetivos u objetivables de calidad. No habrá obra contemporánea a la que puedan objetársele más reparos de todo tipo (constructivos, lingüísticos e incluso relativos a su presunta originalidad en detalle y de conjunto) que a La familia de Pascual Duarte y, sin embargo, ocupa un lugar señero en todas las panorámicas de la narrativa de la postguerra. No merece la pena gastar tinta en discutir los criterios que rigen la selección de las obras que fijan el canon de una literatura nacional porque éste funciona en cada época con empecinada solidez, con tanta rutinaria firmeza que resultan inútiles los intentos de revisarlo. Intenso proselitismo lleva haciendo Juan Goytisolo desde hace lustros para modificar la lista de títulos «canónicos» de nuestras letras y ya se saben los magros resultados obtenidos.

      Fuera del canon hay poca vida. Los empeños revisionistas son estériles y dejan las cosas como están: ignorancia de obras meritorias, interesantes y significativas; también de aquellas cuya excepcional originalidad las deja fuera de los márgenes de recepción. En cualquier caso, muchos autores merecen el análisis atento porque sus obras aportaron sustancia a la globalidad literaria de su tiempo. La historia literaria preserva la memoria de unos pocos títulos, pero se hace con la masa oscura de todos los que concurren en un momento dado. La historia de la literatura no es la de las grandes obras, las calificadas como obras maestras. El cemento de la historia literaria fragua con las innumerables aportaciones de la infantería semianónima de las letras. Este libro presta atención, en primer lugar, a unos cuantos nombres poco reconocidos entre los que nutren el largo censo de narradores posteriores a la guerra civil.

      A varias razones se debe el que la obra de los autores estudiados en las páginas siguientes haya tenido menos resultado público que la de otros coetáneos, aparte la siempre opinable valoración artística. El lorquino José María Castillo-Navarro fue escritor caudaloso durante un periodo de unos diez años y luego se sumió en el más absoluto silencio. Sus novelas, asentadas en un territorio donde confluyen el documento crítico, la reflexión existencial y la problemática religiosa, se percibieron como textos algo extemporáneos y eso impidió que encontraran un hueco definido en los recuentos de la narrativa de los niños de la guerra. A Antonio Ferres le ha sucedido lo contrario: se le recuerda, pero a propósito de ejemplo nominal de un modo caduco de contar. Ferres carga con el pesado sambenito de novelista del realismo social, aunque, sin negar que en parte lo fue, su obra buscó desde temprano otros horizontes. Con el descrédito de la novela «de la berza», su nombre ha quedado reducido a una mención como representante prototípico de la corriente comprometida, comodín perezoso para liquidar una escritura que, valga lo que valga, desobedece en su mayor parte los dictados de tal doctrina.

[Principio del libro]


[Etiquetas: ensayo, novelistas postguerra]

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