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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

martes, 14 de julio de 2020 suscribirse a avances editoriales

Librería: escaparate de novedades

  • portada de 'La novela gráfica'
  • Ficha técnica

    Título: La novela gráfica | Textos: Santiago García | Ilustraciones: de sus respectivos autores | Cubierta: Max | Editorial: Astiberri |                   Colección: Astiberri Ensayo | ISBN: 978-84-92769-30-8 |            Páginas: 304 | Formato: 17 x 24 cm. | Encuadernación: Color. Cartoné | PVP: 25,00 € | Publicación: 26 de Marzo 2010
  • Foto de Santiago García
  • Biografía

'La novela gráfica'

Santiago García

ASTIBERRI EDICIONES

¿Qué es la novela gráfica? En los últimos años, el cómic se ha hecho mayor. Un caudal de obras ambiciosas e innovadoras está dando a lo que tradicionalmente se había considerado un producto infantil un prestigio cultural comparable al de la literatura y el arte. Podríamos decir que estamos asistiendo, de hecho, al nacimiento de un nuevo arte.

A través de un ensayo histórico, Santiago García revisa la historia del cómic desde el siglo XIX hasta la actualidad, elaborando un relato que descubre las claves explicativas de cómo y por qué las viñetas están madurando en uno de los medios de expresión más vivos del nuevo milenio. ¿Cuál es el camino que lleva de Popeye a Maus? ¿Cómo hemos pasado de Mortadelo a Arrugas? La novela gráfica responde a estas preguntas.

"Los cómics están apareciendo en las librerías como novelas y en los museos como arte". Chris Ware

"Durante los veinticinco últimos años se ha producido un fenómeno que podríamos considerar de toma de conciencia del cómic como forma artística adulta. (...) Sin duda, este cómic adulto contemporáneo es en gran medida continuador del cómic de toda la vida, pero al mismo tiempo presenta unas características propias tan distintivas que ha sido necesario buscar un nuevo nombre para identificarlo, y así es como en los últimos años se ha difundido la expresión novela gráfica". Santiago García

 

1
Novela gráfica
Un nombre viejo para un arte nuevo 

 

Tengo la impresión de que el cómic ha pasado
de ser un icono del analfabetismo a uno de
nuestros últimos bastiones del alfabetismo.

Art Spiegelman

 

Leer cómics es elegante

La percepción que hoy tenemos de lo que es un cómic ha cambiado enormemente en
los últimos veinte años. En 1992 causó sensación que un tebeo ganara el premio Pulitzer -aunque fuese un premio especial, fuera de categoría-, y el éxito de Maus, de Art Spiegelman, considerado un fenómeno insólito, se atribuyó más a su serio contenido -una memoria del Holocausto- que al medio en el que estaba expresado. Es más, podríamos decir que Maus recibió tal distinción no por ser un cómic, sino a pesar de ser un cómic. En 2008, el premio Pulitzer de ficción lo obtuvo la novela La maravillosa vida breve de Oscar Wao, de Junot Díaz, que se abre con una cita de Galactus, un supervillano que aparecía en Los Cuatro Fantásticos, la serie de comic books de Stan Lee y Jack Kirby. Que la novela del año cite un tebeo ya no es sorprendente; ni siquiera es sorprendente que la cita no sea irónica, sino respetuosa y consecuente con el contenido de la obra; y tampoco sorprende que el cómic citado sea un simple tebeo de superhéroes para chavales. Ahora mismo, de hecho, hablar de un simple tebeo es una de las formas más rápidas de ser considerado simple uno mismo.  
 
Junot Díaz no es un caso raro. La última generación de escritores americanos está llena de aficionados al cómic: Michael Chabon utilizó la Edad de Oro del comic book como escenario de su obra más celebrada, Las aventuras de Kavalier y Clay, y posteriormente llevó a la historieta los personajes de ficción que en ella aparecían; Jonathan Lethem ha escrito por puro placer un revival de un superhéroe de los setenta, Omega el Desconocido; Dave Eggers ha entregado la antología literaria McSweeney's a Chris Ware para que mostrara al mundo el esplendor de la viñeta contemporánea; Zadie Smith contó con el propio Ware, Daniel Clowes, Charles Burns y Posy Simmonds para su antología de narrativa actual The Book of Other People. Novelas gráficas como Fun Home, de Alison Bechdel, o Persépolis, de Marjane Satrapi, han sido elegidas entre los mejores libros del año (sin distinguir entre los que llevan dibujos y los que no) por las revistas de referencia.
 
El fenómeno no afecta sólo al mundo literario, sino también al artístico. Las exposiciones de cómic ya no son un fenómeno pintoresco, sino que cada vez llegan con mayor frecuencia a los escenarios de la gran cultura por su propio valor, y no como notas al pie del «arte verdadero». En los primeros meses de 2009, una exposición titulada «Le Louvre invite la bande dessinée» presentó en el museo de arte más importante de Europa páginas originales de historietistas como Nicolas de Crécy o Marc-Antoine Mathieu, que habían sido encargadas por el mismo museo. Y todo esto, como decíamos, ya no sorprende; lo más importante de esta noticia es que ya no es noticia. Desde el premio Pulitzer especial de Maus hasta ahora, el reconocimiento del valor del cómic desde los mundos del arte y de la literatura ha sido creciente, y no sólo en Estados Unidos y Francia, grandes centros industriales y creativos de la historieta occidental, sino también en países periféricos de la actividad cultural, como es España. En 2007 el Gobierno concedió por primera vez un premio nacional de historieta, y los principales suplementos culturales de los grandes diarios empiezan a incluir con regularidad reseñas de cómics junto a las críticas de novelas. Los departamentos de literatura y de historia del arte de las universidades dedican cada vez mayor atención a las viñetas. Incluso nuestros jóvenes novelistas, como los americanos, se contagian del cómic. Nocilla Lab (2009), de Agustín Fernández Mallo, termina con una historieta de Pere Joan.
 
Repentinamente, leer cómics es elegante entre los adultos inteligentes. No es, desde luego, la primera vez que el cómic desempeña un papel activo en la sociedad, ni tampoco la primera en la que se le reconoce un valor artístico. Siempre ha habido guiños de los hermanos mayores hacia los tebeos, como la fascinación de James Joyce por la serie Gasoline Alley de Frank King, de Picasso por los suplementos de cómic de la prensa americana, o de John Steinbeck por Al Capp, el autor de Li'l Abner, de quien dijo que era el mejor escritor satírico de Estados Unidos y merecía el premio Nobel de Literatura. En 1966, John Updike planteó la posibilidad de que en el futuro surgiese una obra maestra de la novela fruto del talento de un artista dotado para la prosa y para las imágenes4. Incluso el mismo Goethe bendijo los esfuerzos de Rodolphe Töpffer, considerado hoy de forma casi unánime el pionero del cómic moderno. Así pues, no es nada nuevo que escritores de prestigio se confiesen lectores de cómic, aunque sí resulta más extraordinario que se lancen sobre la oportunidad de escribir tebeos con verdadera pasión de fans. 

[Páginas del libro]


[Etiquetas: novela gráfica, cómic]

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