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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

miércoles, 24 de abril de 2019 suscribirse a avances editoriales

Librería: escaparate de novedades

  • portada de 'La novela española durante el franquismo'
  • Ficha técnica

    Título: La novela española durante el franquismo | Autor: Santos Sanz Villanueva | Editorial: Gredos  | Colección: Nueva Biblioteca Románica Hispánica, 16 | Género: Ensayo | ISBN: 978-84-249-0418-0 | Referencia: GBRH016 | Páginas: 576 | Formato:  15,5 x 23,2 cm. | Encuadernación: Cartone 965 gr. | PVP: 35,00 € | Publicación: 25 de Marzo 2010
  • Foto de Santos Sanz Villanueva
  • Biografía

'La novela española durante el franquismo'

Santos Sanz Villanueva

EDITORIAL GREDOS

El presente libro sigue el rumbo de la novela española durante el franquismo, una etapa histórica peculiar que la marcó con rasgos singulares. En sus documentadas páginas se desglosan las tendencias y los nombres que las encarnan. Para entender lo que ocurrió, se aducen abundantes datos menudos y se traen a colación, por supuesto, los grandes nombres pero también escritores y obras ahora ensombrecidos porque todos fueron protagonistas de aquella aventura. Este planteamiento permite el diálogo entre el panorama y el detalle, sin por ello rebajar la importancia de los autores que forman el canon, a quienes se dedican auténticas monografías. Junto a la riqueza noticiosa, este libro de referencia abunda también en opiniones y juicios de valor no poco arriesgados y personales. Todo ello configura una obra infrecuente, a medio camino entre el ensayo y la monografía académica.  

 

INTRODUCCIÓN

ITINERARIOS DE LA ANORMALIDAD

Con la guerra civil de 1936 se truncó la normal evolución de la vida española y se instauró un largo periodo de anormalidades varias, sociales, políticas y culturales. No fue, claro, ajena la literatura a esa circunstancia general. Durante cuatro décadas las letras padecieron las consecuencias de una situación anómala, y su recorrido lo vemos, con la perspectiva ya suficiente de comienzos del nuevo siglo, como el rumbo zigzagueante en pos de la normalidad. Y, si pensamos en el género en el que descansa la comunicación literaria por excelencia en nuestra época, el novelesco, en busca de una fabulación libre de hipotecas, hecha bajo el único impulso de las querencias de cada autor, de sus gustos formales y estilísticos, de sus preocupaciones intelectuales, morales o sociales, de su ideología. La peripecia básica de la narrativa durante el franquismo consistió en asentar el derecho de la novela a desprenderse de agobios y opresiones, y a no rendir otras cuentas que las reclamadas por el lector; a afianzar, en fin, y además, una novela atenta a los bien variados caminos de la modernidad.

    La narrativa castellana de ese tiempo pagó numerosos peajes a un medio excepcional. Tributos onerosos fueron la multiplicación de relatos belicistas y de historias de abnegados falangistas henchidas de entusiasmo regeneracionista durante la alta postguerra. Solo aquel medio anómalo explica también que por entonces se produjera la extemporánea aparición de unas pocas novelas de caballerías. Franco y la Falange se reencarnaban en los nuevos amadises. Un desvarío. La guerra impuso esta anormalidad en la temática, pero quizás más importe que los asuntos impostados es otro aspecto relativo a la subversión del sentido natural de la literatura. La novela, mucha de esta novela, deja de ser una experiencia comunicativa o artística que se recibe como tal para convertir su lectura en un acto de confraternización a partir del cual resultan irrelevantes los principios literarios. Son novelas para los correligionarios, concebidas para la comunión de autor y lector en el ideario compartido. Carecen, diríamos, llevando al extremo la afirmación, de voluntad literaria. Hubo una colección de libritos presentados con el mínimo formato pertinente a su pintoresco título, «Ediciones para el bolsillo de la camisa azul», que lo dice todo sin necesidad de mayores comentarios acerca de semejante deterioro. Da igual cómo se diga lo que se dice. El autor escribe para los suyos. El lector lo acepta con la fe del carbonero. No hay literatura que valga.

    No menor tributo al momento que esas obras de la derecha rampante pagaron las que, avanzados ya los años cincuenta, asumieron la ideología contraria y sirvieron de caja de resonancia del criticismo juvenil, la mala conciencia y el rebote izquierdista de bastantes hijos de los vencedores. Son dos caras de la misma moneda, una condicionada por la otra.

    La propaganda asumida por los narradores implicados en el difuso conglomerado del franquismo requirió la respuesta que mostrara una sociedad injusta, sin libertad y con sangrantes desigualdades. Se trató también de una novelística forzada por motivos ajenos o añadidos a los que deben motivar al escritor. El realismo plano que se impuso en los años de mediada la centuria fue en buena medida, aunque no solo, consecuencia de acuerdos movidos por la necesidad de oponerse a la dictadura y no de opciones personales libres. Incluso alguien tan independiente y tan amigo de andar siempre a su aire como Rafael Sánchez Ferlosio ha admitido esa sujeción. En 1986, tres décadas después de publicar la novela que le ha dado fama, lo reconocía en una entrevista con Julio Llamazares en Televisión Española: «Uno quería ser aceptado y reconocido entre los rojos y entonces no tenía la libertad para escribir lo que le diera la gana, sino que escribí El Jarama, que es un libro que podía ser acepto [sic] de un modo inmediato, superficial y pueril a aquellos a quienes uno quería complacer. En este sentido yo creo que en El Jarama algo de eso hay. Hasta cierto punto yo lo escribí entonces con gusto y creía que con una determinada convicción, pero retrospectivamente me di cuenta de que si yo hice ese género fue porque era el género que exigía el ambiente del compromiso más o menos izquierdista, vagamente izquierdista». 

[Principio del libro]


[Etiquetas: novela, española, franquismo]

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