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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

domingo, 18 de noviembre de 2018 suscribirse a avances editoriales

Librería: escaparate de novedades

  • portada de 'Mi nombre es Jamaica'
  • Ficha técnica

    Título: Mi nombre es Jamaica |     Autor: José Manuel Fajardo |    Editorial: Seix-Barral | Colección: Biblioteca breve | Género: Novela | ISBN: 978-84-322-1273-4 |         Páginas: 352 | Encuadernación: Rústica con solapas | PVP: 19,00 € | Publicación: Febrero de 2010
  • Foto de José Manuel Fajardo
  • Biografía

'Mi nombre es Jamaica'

José Manuel Fajardo

EDITORIAL SEIX-BARRAL

En el otoño de 2005, Santiago Boroní y Dana Serfati, historiadores y amigos, coinciden en Tel-Aviv en un congreso. Inestable psicológicamente por una tragedia reciente, Santiago comienza a hablar en una lengua desaparecida y afirma llamarse Jamaica, un nombre cuyo significado es un misterio hasta que Dana encuentra sus raíces en un documento del siglo XVII. ¿Es posible que Santiago no esté tan loco? ¿Es cierto que las claves de su delirio se hallan en ese escrito?

Ambientado en Israel, París y Granada y a caballo entre el siglo XVII y el presente, Mi nombre es Jamaica constituye un viaje conmovedor y alucinado al corazón de nuestra Historia. Sus personajes conocerán el amor, la locura y la violencia de nuestros días y se sumergirán en el apasionante relato de un oscuro episodio de la conquista de América protagonizado por un héroe de otro tiempo que encarna la historia de un pueblo sometido, la de una familia marcada por la tragedia y la de un loco de hoy de brillante lucidez.

Tras cinco años de intensa labor de documentación, José Manuel Fajardo despliega su habilidad para recrear el pasado mediante la ficción en la esperada
Mi nombre es Jamaica, una frenética novela de aventuras. Una narración contemporánea que guarda en su interior una joya: un relato histórico que retoma las claves del universo literario del autor de El Converso

 

PRIMERA PARTE

EL JUDAIZANTE

       1

       Santiago Boroní enloqueció en algún lugar de la ruta entre Tel-Aviv y la ciudad de Safed, no sé exactamente dónde y tampoco he querido averiguarlo pues, en el fondo, poco importa. Lo único cierto es que abandonó temprano el hotel, uno de esos que albergan congresos profesionales, impersonal, eficiente y tan parecido a tantos otros que, al despertar, puede suceder que no sepas dónde estás realmente, si en Madrid o en Pekín, si en Londres o en Tel-Aviv; tomó el típico desayuno de hotel internacional, jugo de naranja, café con leche, huevos revueltos y una rebanada de pan con mantequilla y mermelada, se despidió de mí con un beso que me supo a mala conciencia y se marchó al volante de un coche de alquiler, contraviniendo los consejos de los organizadores del congreso, que habían recomendado no hacer desplazamientos en solitario por las carreteras israelíes y mucho menos acercarse a los pasos fronterizos de Cisjordania. Yo tampoco le insistí lo suficiente para que no lo hiciera, ahora lo lamento. Lo siguiente que supe de él, esa misma noche, fue que lo habían detenido al intentar entrar en territorio palestino, que estaba en un puesto de la policía de fronteras, cerca de la ciudad de Afula, y que lo más prudente era que alguien acudiese a hacerse cargo de él antes de que cometiera algún disparate irremediable. «Parece que se ha vuelto loco», me dijo el policía y yo no pude evitar preguntarle si estaba seguro de que el hombre detenido era el español Santiago Boroní. «Eso pone en su pasaportePara el policía no había duda, pero yo no podía imaginarme a Tiago convertido en un peligro público; además, un pasaporte no es una persona: es sólo un pedazo de papel. En todo caso, fuera quien fuese el detenido, no había duda de que el pasaporte que llevaba era el de Tiago, por eso me habían localizado, porque en sus páginas guardaba la tarjeta del hotel y el encargado de la recepción había tenído la idea de ponerse en contacto conmigo cuando llamaron para preguntar si alguno de los huéspedes conocía a Santiago Boroní. Que, de entre todos los congresistas alojados en el hotel, el encargado me hubiera elegido a mí para dar la noticia del paradero de Tiago me parece a estas alturas un signo del destino, pero quizá sólo quepa achacarlo a las habladurías del servicio de habitaciones, pues la noche anterior Tiago y yo habíamos dormido en mi cuarto. Hacía sólo un día que habíamos coincidido en Tel-Aviv, pero nos conocíamos desde hacía veinticinco años. Sin embargo, era la primera vez que nos acostábamos juntos.

[Páginas del libro]


[Etiquetas: novela, aventuras, Tel-Aviv]

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