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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

jueves, 14 de noviembre de 2019 suscribirse a avances editoriales

Librería: escaparate de novedades

  • portada de 'Esplendor y gloria  de la Internacional Papanatas'
  • Ficha técnica

    Título: Esplendor y gloria de la Internacional Papanatas  |              Autor: Quim Monzó |              Editorial: Acantilado | Colección: El Acantilado, 197 |  Género: Artículos|  ISBN: 978-84-92649-33-4 |         Páginas: 272 | Formato:  13 x 21 cm. | Encuadernación: Rústica cosida  |  PVP: 19,00 € | Publicación: 26 de Febrero 2010

  • Foto de Quim Monzó
  • Biografía

'Esplendor y gloria de la Internacional Papanatas'

Quim Monzó

ACANTILADO EDITORIAL

El presente libro, más que una mera recopilación de artículos, es el resultado de una cuidada selección de los textos que Quim Monzó escribió entre los años 2001 y 2004-antes y después de la guerra de Irak-que conforma un libro coherente y unitario, una crítica lúcida y despiadada de la triste, y quién sabe si irremediable, llegada al poder del imperio de la plastilina. Esplendor y gloria de la Internacional Papanatas es una jocosa denuncia de la incongruencia del gremio político, de la superchería y la impostación de una buena parte de la vida pública, y del dominio de las poses.

 

NOSTALGIA
DEL FELPUDO 

   En tiempos no muy lejanos, la mayoría de la población femenina dejaba que el pelo de su pubis creciese sin problemas. En los años sesenta y setenta, e incluso los ochenta, la nebulosa idea de libertad estaba tan presente que hasta presidía la peluquería púbica. Eran épocas en las que, en el revolcón, tras caer pantalones o faldas, al bajar las bragas el bosque aparecía en todo su esplendor.
 
   Como mucho, para que los pelos no sobresaliesen del bañador o del bikini, se depilaban la zona que se encarama hacia los muslos. Pero-salvo contadas excepciones-eso era todo. La cosa duró hasta hace una década, más o menos, cuando depilarse dejó de ser una excentricidad lúbrica para convertirse en lo habitual. Ya no se eliminaban sólo los pelos que se adentran en los muslos, sino también los del monte de Venus. Dos lustros más tarde, uno se encuentra con formas de lo más diversas. Hemos pasado del jardín inglés al francés, con formas geométricas claramente delimitadas. Se acabó la monotonía de antaño. Ahora la duda se repite en cada ocasión: ¿a ver qué habrá aquí...? Los grandes volúmenes pilosos se ven reducidos a formas estilizadas: un simpático caminito zigzagueante que prolonga la línea de los labios vaginales, una pequeña nubecita, la opción depilado total (con piercing en el labio mayor derecho, pongamos) o incluso un triangulito trazado como con tiralíneas.
 
   Todo eso está muy bien. Pero ¿qué se hizo del entrañable felpudo? Que la nostalgia por el matojo silvestre la comparten muchas personas lo demuestra el hecho de que empieza a haber webs dedicadas a los coños de los setenta. Hay muchas; una de ellas se presenta con un canto de añoranza: «Recuerde usted aquellos años maravillosos: sin el problema del sida, follando todos como condenados, sin enojosas tetas de silicona... Unos años en los que las maquinillas de afeitar eran herramientas que sólo utilizaban los hombres».
 
   ¿Esa nueva nostalgia significa que pronto cambiará la moda y volveremos a los abundantes pastos de antaño? Para nada. Harán falta lustros para que empiece a quedar resultón presentarle al partenaire un matojo tupido. En aras de la biodiversidad, lo ideal sería que ambas tendencias conviviesen. En la variedad está el gusto. Pero parece que lo pone difícil el borreguismo implícito en toda moda. Basta recordar lo que sucedió con las axilas. Explican que, en épocas pretéritas, las mujeres no se las afeitaban. Lo creo porque he visto fotos y películas en las que mujeres impresionantes exhiben pelo en las axilas. Pero un día la moda cambió y todas pasaron a depilárselas. Desde entonces, nunca más hemos vuelto a ello, a excepción, en los sesenta y setenta, de algún sector radical del feminismo, que no se depilaba ni las piernas. Desde entonces, los amantes del pelo en el sobaco femenino tienen como máximo consuelo ver de cuando en cuando el vídeo de Arroz amargo, aquella película en la que la espléndida Silvana Mangano mostraba, al levantar los brazos, un sensualísimo chaparro. Sería una lástima que con el pelo púbico pasase lo mismo y las nuevas generaciones tuviesen que conformarse con contemplarlo en las webs nostálgicas.

[Principio del libro]


[Etiquetas: Artículos]

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