PRISA utiliza cookies propias y de terceros para mejorar tu experiencia de navegación y realizar tareas de analítica. Al continuar con tu navegación entendemos que aceptas nuestra política de cookies.

Cerrar

El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

jueves, 21 de septiembre de 2017 suscribirse a avances editoriales

Librería: escaparate de novedades

  • portada de '¡Paren las máquinas!'
  • Ficha técnica

    Título: ¡Paren las máquinas! | Autor: Michael Innes | Traducción: Miguel Ros | Editorial: Siruela | Colección: Libros del Tiempo 348 | Encuadernación: Cartoné | Páginas: 406 | Dimensiones: 150 x 230 mm | ISBN: 978-84-17041-30-4 | Fecha: 2017 | Precio: 26 euros | Ebook: 9,99 euros
  • Foto de Michael Innes
  • Biografía

'¡Paren las máquinas!'

Michael Innes

SIRUELA

El famoso escritor Richard Eliot ha publicado un sinfín de novelas policiacas protagonizadas por la Araña, criminal inteligente e intrépido en los inicios de la serie, sagaz investigador privado en los últimos títulos. Pero cuando de improviso el personaje parece cobrar vida, primero robando en casa de una vecina, luego acosando a la familia del autor y, finalmente, acudiendo incluso a su propia fiesta de aniversario, el inspector Appleby acudirá desde Londres a la residencia Rust para intentar descubrir quién se esconde tras la siempre equívoca máscara de la ficción.

¡Paren las máquinas! es, en esencia, una ácida comedia de costumbres británica, engarzada en una minuciosa trama policiaca por la que desfila toda una serie de excéntricos e hilarantes personajes: un escritor en la sombra, catedráticos de Oxford enfrentados entre sí, un hermano haragán, una piara de cerdos, un coleccionista de arte y traficante de armas... Y el elenco sigue y sigue, permitiendo así que Innes despliegue magistralmente su peculiar talento para orquestar con inteligencia el humor, la sátira y, por supuesto, la intriga, el misterio y el crimen.

 

 Prólogo


La carrera de la Araña empezó como la de un criminal tradicional. Como la de un criminal casi tradicional, mejor dicho, pues podría alegarse que, desde el primer momento, la magnitud de sus operaciones lo sacó un poco de la rutina. Apenas hacía trabajos manuales en persona, y nunca se le veía merodear por los antros que solían frecuentar los de su calaña: tabernas, cuevas de ladrones y casas de empeños sombrías. Vivía, como viviría un rentista de moral intachable cualquiera, en una casa rural bastante grande, y tenía a su servicio un mayordomo, dos criados y un secretario, si bien es cierto que este último estaba ciego, rasgo insólito y un tanto siniestro para tratarse de un secretario: el golpeteo de su bastón mientras cumplía los encargos confidenciales de su jefe era uno de los elementos más impactantes de la decoración de la Araña. Los criados, sin embargo, eran del todo normales, e ignoraban por completo la auténtica profesión de su señor. Desde una biblioteca repleta de libros antiguos, la Araña controlaba una organización perversa, de una complejidad extraordinaria. De ahí, en teoría, que lo llamasen la Araña. Citaba con orgullo al poeta Pope, cuya enmarañada bibliografía dominaba en profundidad, y con un tono que helaba la sangre recordaba a los tenientes rebeldes que su mano, infinitamente sutil, sentía todos los hilos y estaba al tanto de todo. Tenía un transmisor inalámbrico personal escondido en un mueble bar.

A mitad de su carrera, más o menos, la Araña experimentó un cambio de carácter. Si hasta entonces había sido metódico y casi escrupulosamente diabólico, comenzó a hacer gala de una caballerosidad intermitente. En más de una ocasión, se supo que había liberado a una joven hermosa de las garras de un cómplice brutal para entregarla, indemne, a un oponente -oponente que, a pesar de ser un cabeza hueca, tenía una actitud cortés, y era demasiado caballeroso como para solicitar la vulgar ayuda de la policía para enfrentarse a la organización de la Araña-. También por esa época la Araña desarrolló una filosofía de la propiedad. Se comparaba ora con Robin Hood, ora con los reyes del petróleo y del acero estadounidenses. Robaba a los ricos para entregárselo a personas y causas que un auténtico hombre sabio y bondadoso habría apoyado. Así pasaron varios años.

 

[Adelanto del libro en PDF]


[Etiquetas: Paren las máquinas, Michel Innes, Miguel Ros, Siruela, Libros del Tiempo, Thriller, Novela policíaca, cuentos, ]

Compartir:

Página diseñada por El Boomeran(g) | © 2017 | c/ Méndez Núñez, 17 - 28014 Madrid | | Aviso Legal | RSS

Página desarrollada por Tres Tristes Tigres