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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

domingo, 25 de junio de 2017 suscribirse a avances editoriales

Librería: escaparate de novedades

  • portada de 'Los años ligeros'
  • Ficha técnica

    Título: Los años ligeros. Crónicas de los Cazalet | Autora: Elizabeth Jane Howard  | Traducción: Celia Montolío |  Editorial: Siruela | Colección: Nuevos Tiempos 371 | Formato: Rústica con solapas | Páginas: 436 | Medidas: 15 X 23 cm | Fecha:  abril 2017 | ISBN: 978-84-17041-39-7 | Precio: 15,95 euros
  • Foto de Elizabeth Jane Howard
  • Biografía

'Los años ligeros'

Elizabeth Jane Howard

SIRUELA

El de 1937 y el de 1938. Dos veranos inolvidables, a salvo bajo la dorada luz de Sussex, donde los días se consumen en una sucesión de juegos infantiles y pícnics en la playa. Tres generaciones de la acomodada familia Cazalet reunidas en su finca natal. Los quehaceres de dos abuelos, cuatro hijos, nueve nietos, innumerables parientes políticos, criados y animales domésticos que abarcan desde lo cotidiano hasta lo más trascendental: el chófer conduce demasiado despacio, los niños rescatan a su gato de lo alto de un árbol, los adultos hablan de la amenaza de una nueva guerra, y los sueños y pasiones que acechan bajo su charla ligera apenas opacan la indolente rutina de los últimos años felices que en mucho tiempo conocerá Inglaterra.

Cuando en 1990 Elizabeth Jane Howard publicó la primera novela de las Crónicas de los Cazalet, puso la piedra de toque de lo que se convertiría en un inmediato clásico contemporáneo y en la novela-río más importante escrita en Gran Bretaña desde
Una danza para la música del tiempo de Anthony Powell. En Los años ligeros, la autora perfila con exquisitez la geografía íntima de una familia y de un modo de vida que, irremisiblemente, pertenecían ya al mundo de ayer. 

El acontecimiento literario de la temporada. Por fin en castellano el último gran clásico de la novela inglesa del siglo XX.

«Junto con Iris Murdoch, la escritora más importante de su generación». MARTIN AMIS

«Tan distinguida, elegante y refinada como sus incontables admiradores podrían esperar».  JULIAN BARNES

«Una deslumbrante reconstrucción histórica».  PENELOPE FITZGERALD

«Una de esas escritoras que demuestran para qué sirve la novela, abriendo nuestros ojos y nuestros corazones».  HILARY MANTEL

«Con el tiempo sus Crónicas, como las de Trollope, se leerán como clásicos sobre la vida en Inglaterra».  SYBILLE BEDFORD 

 

PRIMERA PARTE

Lansdowne Road
1937

El día comenzó a las siete menos cinco, cuando el despertador de Phyllis (regalo de su madre cuando entró a servir) sonó y siguió sonando y sonando hasta que lo apagó. La otra cama de hierro chirrió mientras Edna, refunfuñando, se daba la vuelta y se acurrucaba contra la pared; incluso en verano detestaba levantarse, y a veces en invierno Phyllis tenía que arrancarle las sábanas de un tirón. Se incorporó, se soltó la redecilla y empezó a quitarse los rulos: aquel día tenía la tarde libre, y se había lavado el pelo. Salió de la cama, recogió el edredón, que se había caído al suelo durante la noche, y descorrió las cortinas. La luz del sol renovó la habitación, convirtiendo el linóleo en tofe, tiñendo de azul pizarra el descascarillado esmalte blanco del aguamanil. Se desabrochó el camisón de franela y se lavó como le había enseñado su madre: la cara, las manos y, recatadamente y con una manopla mojada en el agua fría, las axilas. «Date prisa», le dijo a Edna. Echó las lavazas al cubo y empezó a vestirse. Primero se quitó el camisón y, dejándose puesta la ropa interior, se colocó el uniforme de mañana de algodón verde oscuro. Se plantó la cofia sobre los enmarañados tirabuzones y se ató el delantal a la cintura. Edna, que se lavaba mucho menos por la mañana, consiguió vestirse sin salir del todo de la cama: un vestigio del invierno (en el dormitorio no había calefacción y jamás de los jamases abrían la ventana). A las siete y diez ambas estaban listas para bajar en silencio por la casa dormida. Phyllis se detuvo en el primer piso y abrió la puerta de un dormitorio. Descorrió las cortinas y oyó al periquito rebullendo impaciente en su jaula.

     -¡Señorita Louise! Las siete y cuarto.

     -¡Ay, Phyllis!

     -Me pidió que la despertase.

     -¿Hace bueno?

     -Hace un sol espléndido. 

[Principio del libro]


[Etiquetas: Los años ligeros, Crónicas de los Cazalet, Jane Howard, Siruela, novela-río, Gran Bretaña, histórica, guerra]

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