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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

jueves, 4 de junio de 2020 suscribirse a avances editoriales

Librería: escaparate de novedades

  • portada de 'Tarántula'
  • Ficha técnica

    Título: Tarántula | Autor: Bob Dylan |  Traducción: Alberto Manzano | Editorial: Malpaso Páginas 304 | Formato: 14 x 21 cm  |  Encuadernación: Tapa dura  Precio: 22 euros |  Fecha: febrero 2016
  • Foto de Bob Dylan
  • Biografía

'Tarántula'

Bob Dylan

MALPASO

Tarántula fue escrito en 1966, pero, por vicisitudes diversas que impidieron su publicación, no vio la luz hasta 1971. Entretanto, circularon distintas copias piratas que, lejos de diluir las expectativas, potenciaron la mítica en torno a este libro inclasificable.

Tarántula combina lírica y prosa en un ejercicio cercano a la escritura automática y está perfectamente sintonizado con el momento en que Dylan lo escribe, que es también el punto álgido de Allen Ginsberg, Jack Kerouac y William S. Burroghs, los grandes nombres de la generación beat.

El autor se ha liberado de sus orígenes folk, ha abrazado el rock y está dando rienda suelta a un imaginario mucho más espontáneo y transgresor; hasta el punto que este libro se consideró como el mejor vehículo para iniciarse en el Bob Dylan que surgió tras la publicación de su disco Highway 61 Revisited. Con Tarántula también descubrimos cómo es el proceso creativo de Dylan, un torrente de referencias y reflexiones.

«En la música, Frank Sinatra puso la voz, Elvis Presley puso el cuerpo... Bob Dylan puso el cerebro.» Bruce Springsteen

«Este Nobel reconoce algo que sentíamos como cierto desde hace muchos años, que el Sr. Dylan está entre las voces más auténticas que han producido los Estados Unidos, que es un creador de imágenes tan audaz y poderoso como lo fueron Walt Whitman o Emily Dickinson.» Dwight Garner, The New York Times

 

PRÓLOGO

LA TELARAÑA DE LA TARÁNTULA

¿Qué es este libro? ¿Por qué se titula así? ¿De qué trata? «Podría ser cualquier cosa, dado que lo que contiene no forma parte de ningún género a base de probarlos todos», es una buena respuesta al primer interrogante y basta para explicar su combinación de prosa poética, versos sueltos que tienen mucho que ver con la escritura automática de Paul Eluard, André Breton o Artaud y relatos que, en realidad, lo son y no lo son, que merodean pero no entran, caminan hasta el filo del trampolín pero no saltan. Estamos ante una explosión verbal. Tarántula es puro arte abstracto, un tipo de creación que obliga a quien se ponga ante ella a añadirle un sentido, porque no se lo van a dar hecho.

     La segunda pregunta tampoco resulta fácil de contestar, aunque es posible que no se equivoquen quienes opinan que la elección de Dylan tiene algo que ver con Nietzsche y su Así habló Zaratustra, que en los años sesenta estaba muy de moda y uno de cuyos capítulos se llama, precisamente, «Sobre las tarántulas» y dice cosas de este tipo: «¡Mira, esa es la caverna de las tarántulas y aquí está su telaraña; acércate y tócala para que tiemble. La venganza se asienta en su alma: allí donde muerde, se forma una costra negra. Su veneno produce vértigos en la conciencia!». Eso podría haberlo escrito Dylan; a cambio, a Nietzsche no le importaría ser el autor de la frase: «No hay ningún sustituto para la muerte», que muchos años después volvería a inventar Elias Canetti en uno de sus aforismos.

     En cuanto a la tercera cuestión, argumento no tiene; sus personajes vienen y van y su tema es lo que surja, ninguno y cualquiera, tal y como corresponde a la escritura irracionalista que practicaba Bob Dylan en aquellos tiempos en los que, por recomendación de su amigo Allen Ginsberg -que murió convencido de que la canción «Just Like a Woman», compuesta por esos días, estaba dedicada a él, y eso lo sé de primera mano, porque se lo pregunté en 1993 en Madrid, mientras me dedicaba La caída de América en el cóctel que le ofrecieron después de su inolvidable recital de ese año en el Círculo de Bellas Artes-, consumía Los cantos de Maldoror, de Isidore Ducase, conde de Lautréamont, donde se habla de lo que es «bello como el encuentro fortuito de una máquina de coser y un paraguas sobre una mesa de disección»; Una temporada en el infierno, de Arthur Rimbaud, que debió de impresionarle tanto como para que le pusiera su nombre a su nueva guitarra eléctrica; un Jack Kerouac más etéreo pero a la vez más hipnótico, que ya no era el de En el camino o Los vagabundos del Dharma sino el de Los subterráneos, Big Sur y México City Blues; y por supuesto, en primer lugar, los poemas del propio Ginsberg, que por entonces ya había publicado sus obras maestras Aullido y Kaddish, cuya sombra es evidente en mil detalles de este Tarántula.

[Principio del libro]


[Etiquetas: Tarántula, Dylan, Malpaso, folk, rock, música, Dylan]

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