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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

miércoles, 20 de septiembre de 2017 suscribirse a avances editoriales

Librería: escaparate de novedades

  • portada de 'Crónicas'
  • Ficha técnica

    Título: Crónicas | Autor: Bob Dylan |  Traducción: Miquel Izquierdo | Editorial: Malpaso Páginas 288 | Formato: 14 x 21 cm  |  Encuadernación: Tapa dura  Precio: 22 euros |  Fecha: febrero 2016
  • Foto de Bob Dylan
  • Biografía

'Crónicas'

Bob Dylan

MALPASO

En 1961 Bob Dylan llega a Nueva York y se instala en Greenwich Village -el barrio que albergaba toda la efervescencia contracultural de la Gran Manzana- dispuesto a encontrarse con Woody Guthrie, que por aquel entonces era el cantautor al que intentaba emular. El joven Dylan se busca la vida tocando en distintos locales mientras vive una gran historia de amor y se desarrolla como autor. Esa entrada en el mundo de la música profesional, que culminará en 1962 con su primer contrato discográfico, es el trasfondo de Crónicas I, un libro que recoge impresiones, vivencias y reflexiones, que presenta al primer Bob Dylan como un creador animado por una inquietud infinita.

Si conocíamos la calidad de Dylan como poeta, Crónicas I nos descubre a un narrador extraordinario, capaz de alternar el recuerdo, lo elegíaco y las observaciones más mordaces e incisivas. No es un texto biográfico al uso, es una mirada absolutamente personal con respecto a la existencia, a su recorrido y a las sorpresas que nos reserva.

Más allá de su conexión con Dylan, Crónicas I es un libro extraordinario, que se anticipa a la literatura que llegará años después y que retrata como pocos el ambiente del Nueva York de los años 60 del siglo xx. 

«En la música, Frank Sinatra puso la voz, Elvis Presley puso el cuerpo... Bob Dylan puso el cerebro.» Bruce Springsteen 

 

PRÓLOGO

BOB DYLAN SIN INTERMEDIARIOS

 

Mientras tanta gente en este mundo vive obsesionada por tener razón e imponerse a los demás, Bob Dylan se ha convertido en alguien único a fuerza de no ser uno solo, gracias a su costumbre de llevarse la contraria. No puede haber victoria si no ha habido combate, y por eso el triunfo de un artista consiste en plantarse cara, luchar contra sí mismo y que gane el mejor. Pero llegar a alguna parte requiere dejar algo atrás, y por eso cambia quien se es infiel, quien prefiere descubrir a conservar y, a ciertas alturas, quien tiene el valor de derribar su propio mito. Eso es justo lo que hace el autor de estas Crónicas I, para seguir su costumbre de ser imprevisible y, en este caso, porque probablemente no había otro modo de contar la verdad que hacerlo de tú a tú y a ras de suelo, con la intención de hacerse entender y para que este libro, de algún modo, niegue o al menos matice a todos los que antes se habían escrito sobre él, que son incontables. En caso de duda, es su palabra contra la de todos sus biógrafos.

     Una de las grandes leyendas que corrían sobre Dylan duró exactamente diez años, de 1966 a 1976, de Blonde on Blonde a Desire. Para que el primero saliese al mercado, hubo que inventarse algo que no existía: el álbum doble. Se contaba que al exigir el compositor que todas las canciones que había escrito por esa época fueran incluidas en el disco, le dijeron que era imposible, que no cabían en las dos caras del vinilo. Les respondió que entonces tendrían que ser cuatro. Pero es que tampoco había para eso, saldrían tres. Y entonces Dylan, según se dijo, le pidió el lápiz de labios a una amiga y escribió con él, en apenas unos minutos, más de los casi doce que dura la monumental «Sad-Eyed Lady On the Lowlands». El himno abrasador que un día me contó el gran Tom Waits que también era su canción favorita del maestro. Sin embargo, una década más tarde Dylan compuso «Sara», con la intención de reconciliarse con su mujer, y en una de sus estrofas confiesa haber escrito la hipnótica «Sad-Eyed Lady On the Lowlands» para ella y, literalmente, «encerrado durante días en el hotel Chelsea». La epopeya del genio prolífico había sido desacreditada... por él en persona. Es igual que si Dios bajase a la Tierra a confesar que las langostas de la plaga que lanzó sobre Egipto eran de lata y lo que usó para teñir el Nilo de rojo no era sangre, sino pintura acrílica.

[Principio del libro]


[Etiquetas: Crónicas, Dylan, Malpaso, memorias, Nueva York, años 60, impresiones, vivencias, reflexiones]

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