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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

sábado, 16 de diciembre de 2017 suscribirse a avances editoriales

Librería: escaparate de novedades

  • portada de 'Con ritmo de tango'
  • Ficha técnica

    Título: Con ritmo de tango. Un diccionario personal de la argentina | Autor: Blas Matamoro |Editorial: Fórcola | Colección: Periplos, 24 | Páginas: 264 | ISBN: 978-84-16247-78-3 | Formato: 13 x 21 cm | Precio: 21,50 euros

  • Foto de Blas Matamoro
  • Biografía

'Con ritmo de tango'

Blas Matamoro

FÓRCOLA

Un diccionario personal es un rincón ideal para verter la memoria fragmentada, siempre ocasional y trufada de grandes olvidos o pequeñas rendiciones de cuentas. Es un intento de rememorar lo olvidado, aprender lo nunca sabido o retener la vida que ya pasó, trazando un laberinto íntimo de nombres propios y lugares que constituyen ese material perecedero del que estamos hechos.

Pequeño manual de inquietudes, que tiene mucho de historia personal, en este diccionario personal de la Argentina Blas Matamoro reconstruye, «con ritmo de tango», el particular espacio emocional de un exilado argentino convertido, tras cuatro décadas en España, en castizo gato forastero del viejo Madrid.

Para este porteño, la Argentina y la Reina del Plata, Buenos Aires, a pesar de la distancia, con todos sus vicios y sus virtudes, siguen siendo seductoras e irresistibles: por su historia, por su permanente decadencia, por su melancolía por el oro disipado. Es un país que canta que «sean eternos sus laureles»; una nación que ha producido «genios», inventores de un género, que no reconocen antecedentes, se forman a sí mismos y reiteran la imagen de una nación edificada en el desierto de la historia.

Así, la Argentina ha producido tres genios: el escritor Domingo Faustino Sarmiento, inventor de la novela familiar del fundador; la actriz Niní Marshall, que colaboró a crear, en clave cómica, esa antigua e incesante novedad llamada «condición femenina»; y el pintor Cándido López, que en sus cuadros de crónica histórica, inventa la perspectiva aérea en la llanura pampera.

 

Introducción

El Gato Forastero y la Reina del Plata

Los diccionarios, como las antologías, suelen leerse en busca de ausencias. «Éste no está, aquélla tampoco... Pero ¿cómo? ¿Figura Tal pero no Cual?» Es algo que ocurre con los diccionarios, hijos de una institución convenientemente impersonal, y también con las antologías, que se entienden consultadas y obra de un colectivo igualmente impersonal. Pero el presente es un diccionario personal, tan pequeño como su autor, es decir más chico que una institución y un colectivo. Ambos, escritor y librito, pueden llevarse en el bolsillo. No son hijos de la institución ni del colectivo sino de una selección ligada a una persona. Me explico: no es el texto que emite una persona que pretende expresarse. Dios me libre de semejante cosa. Es una escritura que propende a construir a la persona que la ha redactado. Y, como siempre en estos casos, es el resultado de una historia.

Es cierto que la primera del personal abunda en él. Lo es tanto como que el texto la esconde a la vez que la señala. Hay por lo menos dos casos ilustres en la historia de la literatura que juegan a lo mismo. Al comienzo del Quijote aparece Yo y dice aquello de «En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme...». Soy Yo quien no quiere acordarse. Al empezar Madame Bovary se dice: «Estábamos en el estudio cuando entró el Provisor...». Lo mismo: es Yo, uno de nosotros, quien narra. En ambos libros, esa primera del singular desaparece tras dar la señal de partida. El texto, como acabo de decir, la indica y la oculta. Desde luego, las ropas de Cervantes y de Flaubert me quedan grandes y no pretendo vestirme con ellas, pero las tengo como referencias de sastrería.

He escrito estas páginas sumando cuarenta años de vida en Madrid, ciudad a la que llegué con mis treinta y cuatro cumplidos, es decir que llevo en ella la mayor parte de esa irremediable tarea del tiempo que llamamos vida. Puedo decir cumplidamente que soy el Gato Forastero que provino de la Reina del Plata. Tenía los deberes hechos en mi Buenos Aires natal cuando me dieron el empujón del exilio: empezar todo de nuevo sin la menor gana de empezar nada aunque estimulado por el desafío de no morir de inopia, no dar la razón al tirano y al verdugo. Los malos motivos de partida devinieron los buenos argumentos para permanecer. Una de sus consecuencias se aloja en este libro.

[Adelanto del libro en PDF]


[Etiquetas: Con ritmo de tango, Blas Matamoro, Forcola, Periplos, extranjeros, inmigrantes, argentina, españa, ]

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