PRISA utiliza cookies propias y de terceros para mejorar tu experiencia de navegación y realizar tareas de analítica. Al continuar con tu navegación entendemos que aceptas nuestra política de cookies.

Cerrar

El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

martes, 27 de junio de 2017 suscribirse a avances editoriales

Librería: escaparate de novedades

  • portada de 'Sangre en el ojo'
  • Ficha técnica

    Título: Sangre en el ojo | Autora: Lina Meruane | Editorial: Literatura Random House | Formato: tapa blanda con solapa | Páginas: 192 | Medidas: 136 X 230 mm | Fecha: ene-2017 | ISBN: 9788439732426 | Precio: 16.90 euros | Ebook: 8,99 euros

  • Foto de Lina Meruane
  • Biografía

'Sangre en el ojo'

Lina Meruane

LITERATURA RANDOM HOUSE

De la noche a la mañana, una escritora sufre una severa hemorragia oftalmológica, un problema que alterará sus relaciones con el entorno familiar y conyugal.

Sangre en el ojo es uno de los 100 mejores libros de los últimos 25 años según Babelia.

-Pero entonces, y si todo amor que no sea absolutamente incondicional, «Te amo sobre todas las cosas», no es verdadero amor, este libro no es una novela de amor.

-Pues no, ni lo es ni podría serlo, pues el amor, en cuanto movimiento inefable e ininteligible, no puede ser fundamento para una novela que se quiera inteligente.

-¿Son incomparables por tanto el amor y las buenas novelas?

-En efecto, amor mío: en la vida lo inexplicable ocupa un lugar siempre sobresaliente aunque difícil de ponderar, pero las novelas todo motivo, causa o motor de la acción e interrelación entre personajes debe ser inteligible, pues solo a partir de lo argumentable se puede construir y desarrollar un argumento narrativo. Que no tanto del amor sino de lo inesperado es de lo que trata esta novela. De la enfermedad y sus metáforas, que diría Susan Sontag.

-Pero el amor provoca también sus propias injurias: el abandono, el daño, los celos, la avaricia, el odio, la indiferencia.

-De ahí, quizá, este título tan cruento. Aviso de que o es ciego el amor de que aquí se narra.

 

Reseñas:
«La prosa de Lina Meruane posee una fuerte potencia literaria: surge de los martillazos de la conciencia, pero también de lo inasible y del dolor.» Roberto Bolaño

«Con un ritmo narrativo endiablado, Sangre en el ojo hurga en la herida de la vulnerabilidad del cuerpo humano, en nuestra reacciones biliosas, en el resentimiento que crece con la impotencia. Meruane nos recuerda (y se recuerda a sí misma) que el ficticio equilibrio en el que cada uno de nosotros vive es condenadamente frágil, que todo en nuestras vidas es, al fin y al cabo, fugaz, como un destello de luz. Disfrutemos de poder verlo.» J. Salavert, Down Under Literatura

«Sangre en el ojo es una novela angustiosa y eléctrica, potente y rítmica, escrita con un lenguaje muy trabajado -prolijo en metáforas y chilenismos-, que nos hacen pensar en una narradora ya madura [...]. Imagino que oiremos hablar bastante en el futuro de LiMeruane.» David Pérez Vega, Desde la ciudad sin cines

 

 

El estallido

Estaba sucediendo. En ese momento. Hacía mucho me lo habían advertido y sin embargo. Quedé paralizada, las manos empapadas empuñando el aire. La gente en la sala seguía conversando y riéndose a carcajadas, incluso susurrando exageraban mientras yo. Y alguien gritaba más alto que los demás, bajen el volumen de la radio, no metan tanta bulla que a las doce en punto los vecinos llamarán a la policía. Me concentré en esa voz estruendosa que no parecía cansarse de insistir que incluso los sábados los vecinos se acostaban temprano. Esos gringos no eran gente trasnochadora como nosotros, en absoluto parrandera. Eran protestantes y protestarían si no los dejábamos conciliar el sueño. Al otro lado de los muros, sobre nuestros cuerpos y también debajo de nuestros pies, se agitaban todos esos gringos acostumbrados a madrugar con los calcetines puestos y los cordones ya anudados. Gringos que con la ropa interior impecable y la cara planchada se sientan cada mañana a desayunar su leche fría con cereales. Pero nadie hacía caso de los desvelados, de sus cabezas sumergidas bajo las almohadas, de sus gargantas atiborradas de pastillas que no les procurarían ningún alivio si continuábamos zapateándoles el descanso. Zapateando ellos, en la sala. Yo no. Yo me había quedado agachada en el dormitorio, con el brazo estirado hacia el suelo. Y me vi de pronto pensando en la insoportable vigilia de los vecinos, imaginando que apagarían las luces después de meterse tapones resecos en los oídos; con tanta fuerza los empujarían que la silicona acabaría por estallar. Pensé que hubiera preferido ser yo la de los tapones reventados, yo la de los tímpanos trepanados por sus esquirlas. Hubiera querido ser la vieja que se pone firmemente el antifaz sobre los párpados para volver a quitárselo y prender la luz. Lo deseaba porque mi mano todavía suspendida no encontraba nada. Solo risotadas alcohólicas atravesando las paredes y salpicándome con su saliva. Solo la estridente voz de Manuela que continuaba diciendo por encima del griterío, ya pues, cabros, cállense un poco. No, por favor no, me dije, sigan hablando, sigan vociferando, aúllen, gruñan si es necesario. Muéranse de la risa. Eso me decía con el cuerpo agarrotado aunque eran apenas segundos los que habían transcurrido. Yo acababa de entrar en la pieza matrimonial, acababa de inclinarme, yo, en busca de mi cartera y la jeringa. Tenía que pincharme a las doce en punto pero no alcanzaría a hacerlo porque el precario equilibrio de los abrigos empujó mi cartera hasta el suelo, porque en vez de detenerme escrupulosamente, como debía, me doblé y estiré el brazo para recogerla. Y fue entonces que un fuego artificial atravesó mi cabeza. Pero no era fuego lo que veía sino sangre derramándose dentro de mi ojo. La sangre más estremecedoramente bella que he visto nunca. La más inaudita. La más espantosa. Sangraba a borbotones pero solo yo podía advertirlo. Con absoluta claridad vi cómo la sangre espesaba, vi que la presión aumentaba, vi que me mareaba, vi que se me revolvía el estómago, que me venían arcadas y, sin embargo. No me incorporé ni me moví ni un milímetro, ni siquiera intenté respirar mientras atendía al espectáculo. Porque eso era lo último que vería, esa noche, a través de ese ojo: una sangre intensamente negra.

 

[Adelanto del libro en PDF]


[Etiquetas: Sangre en el ojo, Lina Meruane, Literatura Random House, novela, amor, realismo, crueldad, ]

Compartir:

Página diseñada por El Boomeran(g) | © 2017 | c/ Méndez Núñez, 17 - 28014 Madrid | | Aviso Legal | RSS

Página desarrollada por Tres Tristes Tigres