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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

sábado, 26 de julio de 2014 suscribirse a avances editoriales

Librería: escaparate de novedades

  • portada de 'No Ficción'
  • Ficha técnica

    Título: No Ficción | Autor: Vicente Verdú| Editorial: Anagrama | Páginas: 216| Fecha de publicación: 13 de marzo de 2008 | Género: Novela | Precio: 16,50 € | ISBN: 978-84-339-7170-8
  • Foto de Vicente Verdú
  • Biografía

'No Ficción'

Vicente Verdú

EDITORIAL ANAGRAMA 

Ni crímenes históricos, detectives, agentes especiales, dragones, intrigas, tragedias o códigos secretos. El código No Ficción dicta hablar de lo que el autor conoce personalmente y no de lo que inventa oportunamente. Se habla en primera persona y no en la ficticia tercera persona que pretende ser como los omniscientes cotilleos de un dios.

El texto no se prepara para ser fácilmente traducido a otra cosa ni para facilitar, en especial, su adaptación al cine. Este texto, texto genuino, no se adapta: se trata de una escritura que responde al placer del texto, se ama a sí misma y no se tiene como pretexto o punto de partida sino como el medio idóneo y superior para referirse a la minucia de la exploración del micromundo en cuyo análisis humano el sentido del humor es decisivo.

El libro no discurrirá por una vía única sino que se abre como una rama que estrecha la mano del lector con quien interactúa. No es una pieza continuada al modo de una investigación policial sino una miscelánea del conocimiento cuyo cosido necesita la inteligencia estética del lector.

Liberada de los grandes tópicos, la narración no busca la murga de una tesis o la declamación, sino la vicisitud y el accidente, no la gran pasión sino el pormenor sólo en apariencia intrascendente. Esta afinada pretensión puede ser tan extrema como expuesta pero, frente al abuso de la ficción fingida y la farsa a granel, he aquí un nuevo y mágico hiperrealismo. En nada asimilable al mediocre y amanerado género conocido como literatura del yo o la autoficción. Esto es, en sus plenas facultades, literatura genuina: No Ficción.

 

Capítulo 29. La peluquería

A mediados de junio, tan pronto regresé de Sarajevo, fui a cortarme el pelo a la peluquería de Jesús con el interés, más allá del corte, de ver a Dolo, una de sus nuevas empleadas. Dolo, Ángeles y Maite, que apenas tenían veinte años, se habían incorporado en Navidad. De las tres, Dolo me parecía la más atractiva y fogueada. Mostraba el tatuaje de una mariposa multicolor en su hombro derecho, lo que hacía pensar, para aquel año 1999, en varias o en alguna propensión contraventora.

Unas veces llevaba Dolo el pelo rubio y rizado, en otras ocasiones colorado y corto y, en esta última oportunidad, negro azabache con media melena. En la peluquería la vestían con un pantalón gris oscuro fruncido en la cintura con una cuerda y una camiseta gris perla, sin mangas, ribeteada de granate, tan ceñida que se percibían netamente las costuras del sujetador, el intenso sendero de los tirantes y el crítico relieve del cierre. Esta estampa se repetía sobre las otras dos muchachas y era inevitable establecer comparaciones sobre uno y otro sostén, sus tonos y circuitos, sus remates, sus ajustes, su presión.

El de Dolo era de costuras múltiples, no sé si persiguiendo un determinado efecto o por una deficiencia del fabricante. El pantalón tampoco le sentaba bien y le doblaba unos cuatro o cinco centímetros sobre las sandalias sin talón con una ancha tira de una piel acharolada. Llevaba las uñas de los pies pintadas también de negro, lo que me pareció una opción consecuente con su estilo renegado. La holgura del pantalón provocaba, a su vez, que le colgara algo por debajo de la cintura y tuvo que detenerse un momento, en una labor de secado, para afianzarse los cordones y dejar negligentemente a la vista dos dedos de una braga de algodón blanco y calado. Me gustaban las sandalias y ahora también las bragas, pero era imprevisible, naturalmente, la colección completa de su ropero tratándose además de una chica introducida en ambientes mixtificados.

En realidad, no podía hacerme cargo del grupo a que pertenecía ni estaba en condiciones de especular más allá de la pura distracción que obtenía durante el tiempo de espera. ¿Copiaba ella miméticamente de una actriz, de una cantante, de otra amiga? ¿Era ella líder de la barriada? Podía suponer que lo fuera puesto que su planta podría muy bien trasponerse a las viñetas de un cómic de acción, pero tampoco debía descartar que fuera menos de lo que apa- rentaba en aquella modesta sala.

Yo aguardaba sentado en un diván corrido junto al tabique y frente a la franja que componen los sillones y los espejos. Tenía ante mí una mesita baja y alargada donde se sumaban varias decenas de revistas del corazón que de vez en cuando utilizaba para camuflarme y eludir así mi imagen en las lunas, lo que resultaba desalentador. Captado por la batería de aquellos espejos, me veía reproducido ante media docena de señoras, y aunque afortunadamente no les llamara en absoluto la atención aparecía yo ante mí con mi desvaído e incurable aspecto. Ni estaba completamente calvo ni había conservado el pelo por completo, tampoco me asediaban cruelmente las arrugas para despertar la máxima piedad, pero pertenecía al grupo superior de la población adulta. No era notorio ni por la edad, la estatura o incluso el color de las ropas, ni porque hubiera escogido un vestuario astroso o distinguido. Por todos los datos repre- sentaba al tipo de individuo difícil de caracterizar y proclive a pasar desapercibido. De otra parte, no significaba nada allí, en aquella peluquería de señoras donde de vez en cuando acude un vecino cualquiera al que atienden inter- calado en la lista habitual de la parroquia. De todo ello se deducía mi irrelevancia y la impagable ventaja de no ser más que un sujeto más.

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[Etiquetas: Novela]

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